dilluns, 15 d’abril de 2013

SI VEINTE AÑOS NO SON NADA, QUÉ SON DIEZ MINUTOS


Qué equivocado estará quien interprete que yo soy fan de Queen. No es que les tenga una manía especial, reconozco sus méritos pero me cargan demasiado sus errores. Algunos de ellos relacionados con su primera época (como escoraron de cierto glam-rock dramatizado a un vodevil de hard-rock de guitarra al aire) otros relacionados con la segunda (una excesiva búsqueda del impacto comercial por encima de experimentos). Aún así, pertenezco a la extensa tribu planetaria a la que le es imposible pertenecer indiferente cuando oye las primeras notas de Bohemian Rhapsody. Sí: justo ese coro inicial a cappella que dice Is this the real world,is this just fantasy.
Si hay que hablar de una canción que es el emblema de un grupo es esa. Puede que los fans enganchados a la banda en su última fase hayan optado por otras elecciones, pero la verdadera quintaesencia está recogida en esos seis o siete minutos. En esa época se consideraba que unos cuatro minutos era el máximo tolerable para las canciones que se publicaban en formato single. Se requería inmediatez, radiabilidad, estructura de corte clásico, y van y presentan una canción que transita por toda clase de tiempos y estilos, desde la balada desgarrada hasta el coro incluyendo el interludio operístico y el arranque de rock casi heavy, ese que siempre que oigo me rememora una escena de una película infecta de hace muchos años llamada Wayne's World. Lejos de culpar a Queen por el heavy-metal, que ya podría, pero me temo que otros muchos hubieran caído en el pecado, escribo estas líneas para disculpar que no controlaran el monstruo que contribuyeron a crear. Queen fueron solamente un experimento con un punto de partida más cercano al glam-rock que se escapó de las manos. Para sus bolsillos, mucho mejor. Para el curso de la historia de la música popular, un inexplicable caso de lo que los pesados del marketing llaman transversalidad. Lo que sí que ha arraigado es el ejemplo de Bohemian Rhapsody como amago de suicidio comercial por su duración y su estructura saltarina entre estilos.
Todos los singles que han desafiado a los corsés de la industria y se han alzado triunfadores deben algo a Bohemian Rhapsody. Todos han pasado por la comparación por la simple cuestión de su duración y de sus cambios de ritmo.


Un ejemplo paradigmático sería Paranoid Android de Radiohead. Mucho más aguerrida en su estructura, son otros siete minutos con unos parones y unos arranques mucho más violentos y psicóticos y con la voz de Thom Yorke, técnicamente más comedida que la de Freddie Mercury, pero que, qué coño, quien imagina a los Radiohead con otra voz que no es la suya. Paranoid Android es tan fiel a su título como la de Queen, y Ok Computer es un disco mucho más respetado, sí, ahora que hace dieciséis años de su publicación ningun crítico se atrevería a discutirlo. A night at the Opera, el disco de Queen, gravitaba alrededor de la canción, aunque había otras canciones brillantes como Death on two legs o la algo pastoril '39. Sin embargo, Ok Computer rebosaba de otras canciones, su escucha no tenía un hito tan destacado y un día la favorita era Exit music (for a film), una de las mejores canciones de todos los tiempos y otro lo era Karma Police o No surprises. Puestos a ser brutos, el solo de guitarra en la canción de Radiohead es más esquizoide, menos tarareable y más desquiciado. Claro, han pasado veinte años y el rock'n'roll, o lo que sea, ya ha pegado muchos vuelcos. Entre el disco de Queen y el de Radiohead hay muchos años de evolución de la música. Está, mínimo, mucho punk, la new wave, el tecno y el techno.


Y el último ejemplo es el nuevo paradigma: Pyramids, diez minutos plantados en medio del fenómeno que es channel ORANGE, de Frank Ocean, como apostando por ir más lejos aún. Los años han pasado y Ocean es otro de los encargados de hacer evolucionar la música. Combina historias de emperatrices e historias de prostitutas, despanzurra la versión inicial de la canción para editar un vídeo de carácter cinematográfico, pero sigue ahí para demostrar que los artistas de verdad no son cómplices de los capos del marketing sino sus peores pesadillas. La canción acelera y para y hasta se permite intercalar un solo de guitarra de John Mayer, con cuyo apellido me dan ganas de jugar para los que sepan algo de inglés. Brian May- John Mayer. Mayer es más que May y Frank Ocean sabe perfectamente con quién lo compararán y qué terreno pisa. Nueve meses y el disco aún echa chispas.


8 comentaris:

  1. Es imposible pensar en Bohemian Rapsody y no rememorar esa escena de Wayne's World. Y sí, es un temón. Yo tampoco soy fan, pero soy fan de muchos temas suyos.

    Radiohead estoy escuchando más ahora, Tom Yorke es una bestia peluda. Axel tiene que pasarme el Atoms for peace que le está gustando mucho.

    Con Ocean no hay caso, no me gusta. Creo que cada vez me molesta más la música donde la voz tiene más presencia que los instrumentos. Dejo de escuchar la unidad, es muy loco. Creo que por eso tampoco me gustan los XX.

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    1. Atoms for Peace es un proyecto fenomenal. Que, como todo lo que hace Yorke al margen del grupo es inclasificable.
      Sobre la música vocal, podría decir que me pasa lo mismo, que me inclino cada vez más por lo instrumental, pero entonces, curioso, me resulta casi milagroso que alguien pueda emocionar con el uso de la vieja estructura vocal+instrumental. Pero en las excepciones encontramos las reglas: mi última contradicción notoria al respecto es el espeluznante nuevo disco de James Blake: Overgrown. Voy a jugármela con acusaciones de autoplagio y voy a hablar muy bien de este disco muy prontito.
      Ni Ocean ni los XX. Mamá: Talita me está putiando!!

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    2. Jejeje, vas a tener que seguir intentando conmigo... aunque te digo que los Alt-J me encantaron, eh? Ahí un punto a favor :)

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    3. Mi paciencia con según qué gente que se lo merece es infinita. Con otros no tanto.

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  2. Una cosa: Wayne's world es una de mis pelis preferidas de mi pre-adolescencia. Y la segunda parte, imperdible (jajajaja con el indio que se le aparece a Morrison) He dicho.

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    1. Bueno: hay que reconocer los méritos, sin Wayne's World no habría serie de Austin Powers ni la escena con Mike Myers en Unglourious Basterds...pero la película en sí no iba más allá de una enorme broma... o no??

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  3. Era de una idiotez deliciosa, creo que no quiero acordarme de la cantidad de imbecilidades que esa película justificó en mi vida cuando era menor de edad :P

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    1. Indudablemente debería existir placeresculpables.blogspot.com. Nada hay más acertado que el amor adolescente por lo que sea. Ciego e incomprensible.

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