divendres, 6 de juliol de 2012

OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

¿Tendré que recurrir al psicoanálisis para averiguar el motivo de mi obsesión por la literatura contemporánea?. Para concluir que esa contemporaneidad me acerca al protagonista, me posibilita estar al lado, o en frente de esa acción, ser el narrador, ser Arturo Belano o alguno de los escritores metaliterarios (denostados por Deborah, por cierto), y vivir los vaivenes físicos y emocionales, usando la literatura no para escapar de sino para escapar hacia: entrando en otras realidades que pueden ser más estimulantes que la mía propia. Que las hay a patadas.
Por eso haber leído Extraños en un tren (y comprobar los años de publicación de los restantes libros que reposan en la mesita de noche en la habitación del hotel) me trastoca algo en ese convencimiento.
Pues estamos ante una excelente novela que resulta algo caduca. Los ingleses tienen esa palabra, intraducible, dated
Que define exactamente lo que pasa. Son 62 años, caramba, desde su publicación, y el mundo ha cambiado hasta el punto de convertir esta novela en imposible, en hacerla traspasar del thriller al género, casi, de novela de época. Las relaciones ya  no son así, la tecnología lo ha dinamitado todo, es difícil, para mí, situarme en las cercanías de la historia. Que por otra parte esta espléndidamente escrita. El progresivo avance de la trama es ejemplar. Como la escritora marca el ritmo, como sincroniza cuatro ritmos que confluyen (la locura de Bruno, la inseguridad de Guy, las dudas de Anne, la implacable lógica de Gerard). Sólo por ese detalle esta novela negra, que no policíaca, merece ser recomendada ávidamente como ejemplo de estructura narrativa. Nada sobra aquí, si acaso echo de menos algo más de carnalidad, unos cuantos grados más de temperatura en las relaciones. Y el planteamiento inicial es de una concepción absolutamente original. El suspense hasta el último momento, el penúltimo giro: magistral. Todo, todo absolutamente aquí emana clasicismo: ojo, clasicismo de otro siglo, otro siglo que parece otro planeta donde los veinteañeros tienen carreras profesionales enfiladas, y se tratan de usted y se casan y se divorcian sumamente jóvenes. No había leído nada de Highsmith, asociada (aunque la contraportada acertadamente destaca su valor literario por encima de géneros) a un género del que no soy excesivo seguidor, cuando se manifiesta abiertamente: el género negro. Gran escritora, y, seguro que si hubiera leído este libro a los diez o quince años de publicarse, lo apreciaría mucho más. Leído hoy (y a mí me es imposible quitarme de la cabeza que hoy, 2012, esa historia es sencillamente inconcebible), uno no puede evitar una cierta mueca de comprensión ante cierto exceso de ingenuidad.
Y hacía treinta años que no leía llamarle a los bocadillos emparedados.

5 comentaris:

  1. ..y yo hacía por lo menos 10 años que no leía llamarle al sandwich bocadillo!!!
    Saludos!

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    1. ¿Están hablando de refuerzos? El mío sin mayonesa, por favor...

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  2. Aquí no hace falta ni el pretexto de los libros para empezar a hablar de comida!. De hecho, debí decir sandwich, que se usa también en castellano, para definir cuando se emplea pan de molde. Bocadillo es un término más empleado cuando el pan es tipo barra o baguette (duro, con corteza). Los catalanes usamos un término quizás más descriptivo que ningú otro : entrepà. Que sería "entre pan", es decir, algo cuyo principal ingrediente se pone entre dos pedazos de pan. Cuando hay comida por medio, todo el mundo se anima. Dos cuestiones algo locales: mi curiosidad por el término argentino choripán, y mi consejo absoluto para los que no conocen el "pa amb tonàquet" catalán: restregad medio tomate maduro con firmeza contra la miga de un pan de miga gorda cortado (previamente tostado o no, a elección). Echadel un corto chorro de un buen aceite de oliva, y una pizca de sal. Ponedle algo encima: queso, jamón, chorizo, hasta una simple tortilla: el cielo, chicos.

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  3. Nuestro chorizo se asa a la parrilla (creo que en la península se llama chorizo a otra cosa, que puede comerse en frío, ¿me equivoco?) El choripán no es más que un chorizo entrepà. Cuando leas "chimichurri", no huyas: se trata de un condimento en base a hierbas y otros ingredientes, que se echa encima del chorizo; su etimología es divertida, y puede consultarse en Wikipedia.
    Del término choripán existen derivados análogos, según lo que se encierre entre las mitades del pan: morcipán, vacíopán (aguda o esdrújula, that's the question).

    Se probará inmediatamente el pa amb tonàquet, que promete...

    Y que conste que yo me había abstenido de comentarios gastronómicos, por recurrentes. Habrá que responsabilizar al traductor de Highsmith por ese sandwich anacrónico, ¿no?

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    1. Perdón : tomàquet, no "tonàquet"
      Sugiero que el pan sea de harina de trigo.

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