dimarts, 1 de maig de 2012

ETERNA BREVEDAD

¿Alguien se cuestiona algo aquí?.
¿O vamos todos diciendo que a casi todo, y que muy posiblemente al resto de cosas?.
Ay, el limón en plena ostra, a chorro, por sorpresa, y ni así.

Me pregunto yo por la brevedad militante de las series británicas. Por sus temporadas de tres, seis ocho capítulos, que vuelven locos a los programadores, que no tienen qué poner para cuadrar el trimestre televisivo. Por su número escaso, una o dos, de temporadas. Por lo espartano de muchas de sus puestas en escena. Por su uso casi exclusivo de actores y actrices semi-desconocidos, gran parte de los cuales, encima, nunca vuelven a aparecer en otras. Como si fuesen snuff-movies. Me pregunto por qué éstos, a diferencia de los americanos, no son perfectos ejemplares de la raza humana sino individuos grises y ajados, que parece que interpreten sus papeles con la misma ropa con la que acudieron al set de rodaje. Por qué esas ciudades en que sitúan las tramas son siempre sucias y húmedas y escasamente atractivas. Bueno, esta última pregunta casi alcanzo a responderla.

Me acuerdo de ciertos comentarios en el libro de Kiko Amat. Que los periodistas del NME, del NME de la gran época de la prensa musical británica (larga época que ya acabó: sabedlo de seguro, y no lo olvidéis) eran todos de clase media-alta y que no soportaban a las bandas de decidida base obrera, cuando no suburbana. Me acuerdo, igualmente, de cierto comentario sobre cierta extracción adinerada de la gente (p.e. lectores de Orsai) con mejor acceso a la creación cultural. De la cuestión de Lucía Etxebarría y el arte como necesitado de mecenazgo para progresar. Un mecenazgo que sólo puede recibirse de la clase adinerada o de sus instrumentos de poder (los políticos, las corporaciones).
Pienso si mecenazgo consiste en poner un plato de comida en la mesa del escritor novel, o quizás en pagar al ya experimentado una lujosa estancia de tres meses en Nueva Zelanda en busca de inspiración, o , directamente, en financiar generosas dosis de heroína de alta pureza a toda una banda, para publicar disco tras disco, todos repletos de canciones incitando al suicidio en masa. Lento y romántico, pero suicidio al fin y al cabo.
¿Está la creación británica en manos de gente adinerada que se puede permitir magníficas obras y no tiene la necesidad de sacarles el máximo provecho económico?. Que, con elegancia y puntualidad british, saben elegir el momento en que dejar correr las cosas.
O, planteado de otra manera, ¿se limitan a sembrar buenas ideas y a sacarles su justo provecho, dejando la opción a los americanos, más empresariales, explotarlas hasta la saciedad, hasta el agotamiento?.
¿Llegó a aventurar Ricky Gervais, cuando grabó los primeros capítulos de The Office (la inglesa), que una  octava temporada americana contaría con James Spader sustituyendo a Steve Carell en una especie de descabellada huida hacia nadie sabe bien donde ?. No sé si se siente cómodo, pero quizás haya tantos parches en ese neumático que no quede nada ya del original. El título, claro, la marca de la franquicia.
Puede que un día algo parecido pase con The Shadow Line. Aunque uno diría que The shield comparte algunos planteamientos, creo que la inglesa es una serie más memorable. Bueno: serie. Quizás alguien confiese un día que filmó unas siete horas de película que le parecían buenas pero completamente inapropiadas para exponerlas al gran público y, como hizo Olivier Assayas con Carlos, decidieron fragmentarla en cómodas dosis de unos 59 minutos y empaquetarla como serie. Tras leer, en blogs tan influyentes como éste, que las series han pasado la mano por la cara al cine. Quizás los americanos, acuciados por la perentoriedad de exprimir una buena idea hasta que no da más de sí, eliminen la conclusividad de la serie y la sustituyan por tramas y generaciones que toman el relevo.
The shadow line es una fascinante serie sobre tramas de corrupción policial. Con el telón de fondo de las entregas controladas de droga, de los decomisos y sus usos posteriores, de la introducción de topos policiales en las organizaciones de narcotraficantes (y, posiblemente, viceversa) a la búsqueda de la cúspide jerárquica, a la espera de la gran operación. The shadow line es, interpreto, la fina línea en la que el infiltrado debe desplazarse, siendo un narcotraficante sin dejar de ser un policía, o al revés, comprendiendo el límite infranqueable, evitando pasar de uno al otro lado del espejo. Aderezado con un episodio de amnesia, con traiciones en todos los sentidos. Lo cual obliga a estar muy atento. Los diálogos son el armazón de la serie. No la acción, no hay acción, sino ejecuciones. Ejecuciones con diálogos previos. Voy a matarte, pero antes conocerás el motivo que convierte tu muerte en ineludible y necesaria. En The shadow line pocas cosas son las que parecen. La trama se desplaza y va mostrando los bandos a que cada uno de los personajes pertenece, y sus acciones en función de esa pertenencia. O en función de quien le observa actuar. Lo cual obliga a estar muy atento. Ya lo he dicho: lo sé. Es el pequeño hándicap de una por otra parte excelente serie; perder el mínimo detalle puede dejarte sin una pieza del puzzle.
Todos sabemos lo feo que queda un vacío en medio de un puzzle.


6 comentaris:

  1. Zas! Habrá que verla... y dices que es sólo una temporada?

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    1. Bajando!
      Te paso el blog de churri, que ha subido videos nuevos. Son un poco técnicos porque son en base a un secuencer que se ha hecho, pero igual te gusta cotillearlos:
      http://abelflaubert.com.ar/
      Abrazo!

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  2. Por suerte tenemos a los ingleses con sus series oscuras y diferentes. Sus 7 horas de rodaje convertidas en capítulos. Aunque también hay que agradecer la existencia de HBO, en el otro lado del charco.
    Ya no recuerdo bien pero creo que al capítulo 6 tuve que mirarlo dos veces porque, como decís vos, perdí una pieza del puzzle! Seguimos intercambiando eh!

    Abrazo

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    1. HBO cambió el mundo. En qué momento en concreto, no se sabe, pero yo diría que a partir del segundo o tercer episodio de The Sopranos.

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