dimecres, 11 de gener de 2012

EL USO CORRECTO DE LA NOSTALGIA

Treinta años son los que hay entre 1981 y 2011. Las cosas que han pasado, no hablemos. Que uno se pone muy pesado. En la música, 30 años han dado para sobrevolar el vinilo, el CD (otros inventos como el minidisc dejémolos en pura mención estadística), llegar hasta donde estamos ahora, que es un lugar extraño y desértico, aunque está lleno de gente. En el planeta, lo que ha pasado, no es para dos líneas, desde luego.
Cosas que pasaron en 1981 y se acercan y se alejan, sólo con cambiar su referencia. Sólo hacía 6 años que había muerto Franco. Es decir, que la segunda fase de la dictadura estaba apenas definida. Por si había titubeos, el 23 de febrero, ayudó a garantizar los 30 años adicionales siguientes. También murió Bob Marley, y un entrañable compañero y yo cantamos a coro una de sus canciones (Redemption song, que desde siempre tenía gusto a despedida) en el vestíbulo del instituto, cosa que no habíamos hecho apenas unos meses antes con John Lennon. Cada cual toma partido, qué queréis. 
También se publicó Magic, murder and the wheather, cuarto disco de Magazine. Su despedida en estudio.

Decir que Magazine son los grandes olvidados de esa época es ya decir demasiado. Se olvida aquello que se ha tenido presente, cariño. Tan cierto es que incluso yo, rendido fanático, apenas he llegado aquí más que a mencionar a su fallecido guitarrista John McGeoch, puede que de pasada a su bajista Barry Adamson (con mucho, el que más presencia mantuvo en la escena musical), y a colgar alguna de sus grandes canciones. Todo con el estúpido fin de no ser recriminado por ser so 80's. Por eso Magazine no son olvidados, sino ignorados, de una manera cruel (e injusta, pero la crueldad siempre parece injusta), y de las contadas menciones sobre ellos recuerdo una muy claramente que hablaba de que se habían vendido en España unas 150 copias de su primer disco Real life, a pesar de las críticas favorables en la época, a pesar de una aparición delirante en Aplauso, que bien podría considerarse como uno de los momentos más surrealistas de la historia de la TV de los sábados por la tarde (aunque no creo que les dé para ser recordados en Qué tiempo tan feliz, a diferencia de Pedro Marín). No sé cuantas copias se despacharían de Secondhand daylight, pero deberían, en un mundo perfecto, ser algunas más. Su tercer disco, The correct use of soap, es un habitual en listas que lo sitúan entre los mejores de la historia. No en el top 10, pero nunca más abajo del 100. Su arranque, con Because you're frightened, todavía tiene un impacto absoluto sobre mis pies.
De poco les sirvió. Si hay un regreso que poco puede interpretarse (como todas las giras de los grandes dinosaurios) como una urgente necesidad de recuperar económicamente a unos cuantos tipos que ya no pueden vivir de las ventas de su fondo de catálogo, es el de Magazine. Si poco populares fueron entonces, que ya tenían esa pinta tan británica de ser un grupo de estudiantes poco agraciados que prueban si formar una banda va a incrementar su popularidad entre las mujeres, encabezados por un prematuramente alopécico tipo que se autodenominaba Howard Devoto ( el colmo, otro se llamaba Dave Formula), ahora no van a serlo más. Aunque Devoto se parezca a Brian Eno.
Su disco de regreso, No thyself, con una de las portadas más horrorosas jamás vistas (al menos las de sus discos anteriores disponían de una cierta fealdad conceptual), es una de las sorpresas más agradables que he recibido en los últimos años (lo cual no es muy difícil): es, pasadas unas cuantas escuchas, un disco de Magazine, como si esas melodías viniesen de esos 30 años atrás, como si esas guitarras nerviosas y afiladas que desprenden riffs con tendencia esquizoide se hubiesen criogenizado. Con una producción soberbia, que ajusta la técnica actual a la atemporalidad de los arreglos. Hasta la voz de Devoto conserva ese tono algo angustiado, pero a la vez con una carga intelectual, sin adornos, casi declamando. Tan jodidos, o tan jóvenes, deben estar (o ser) los críticos que apenas he leído menciones a este regreso. No sé (pues ya he descartado el dinero, igual no debería pero lo he hecho) qué empuja la reedición del grupo, con solo dos miembros originales, pero muchos grupos que, en vez de optar por silencios de 30 años optan por llenarlos de discos intrascendentes, de giras de discos intrascendentes, de publicaciones de grandes éxitos con nuevo material de relleno para enloquecer y empobrecer a sus seguidores, deberían tomar nota de esa actitud a la hora de plantearse seguir con sus tomaduras de pelo. Como U2, y, por el camino que van, Coldplay. Grupos que alargan decenas de años una carrera basada en media docena de canciones. Magazine hicieron tres discos extraordinarios, un cuarto disco tembloroso, y pararon. Cuando vieron que tenían otro disco magnífico, volvieron.


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