diumenge, 30 d’octubre de 2011

LOS COLORES PROHIBIDOS

Amélie Nothomb debería ser una de las primeras escritoras femeninas en optar a incorporarse al desdichado Olimpo de los Dioses particular de este declaradamente ateo blog. Debería por cierta suma de circunstancias, nada desdeñable ser publicada por Anagrama, importante ser prácticamente coetánea (nacida en 1967), estimulante cierta pose ligeramente vecina a la rebeldía, su gusto por ser imagen en las portadas de sus libros, cierto aire autobiográfico que siempre flota en sus escritos : "la belga que nació en Kobe". El conflicto entre culturas, las indefinidas fronteras entre fascinación y repugnancia hacia lo completamente diferente.
También pone muy fáciles las cosas con Amélie Nothomb  el hecho de que ninguna e sus cerca de diez novelas supere las 200 páginas. Juzgar su obra no lleva mucho esfuerzo. Sus tres obras principales no llevan más de cuatro o cinco horas en total. Y no busquéis estructuras literariamente ricas como las de Davies o Bolaño. Frases, diálogos, e ir tirando.
Porque es lo que voy a hacer. Leer Estupor y temblores y, si me engresco, seguir con La higiene del asesino. Entonces emitiré un veredicto que servirá, a todos, para lo mismo que sirve, a todos, lo que yo escribo aquí. El esfuerzo y los sudores y los dolores de cabeza pensando qué narices hago para no ser un mero reseñador que transcribe y describe el caos que se va encontrando. Puede que a una Mlle. Burlesque desaparecida esto la anime a escribir una nota de aún existo pues las novelas de Nothomb se desarrollen en el ámbito de esa cultura nipona que tanto la fascina, claro. Me pronunciaré definitivamente, si hay algo definitivo cuando un escritor aún vive y puede redimir sus pecados o magnificar sus logros. Pero ello no implica que no pueda decir algo ahora, que el partido está en el descanso, o, como mucho, en el último tramo de la primera parte.
Nothomb llena Ni de Eva ni de Adán de experiencias propias. Espero que todas sean ciertas, aunque en el fondo la estructura del libro acaba sucumbiendo al tópico de intenté una relación con alguien muy diferente y, como era de esperar, fracasó. Otro tópico al que sucumbe Nothomb, y espero que comprendáis que despues de leer the whole Houellebecq uno lo eche en falta, es el describir toda la relación amorosa en términos sentimentales, regateando (alguno diría que elegantemente, yo digo que pudorosamente) ser lo mínimamente explícita en la cuestión sexual. Claro, cómo una señorita hija de diplomática iba a ser generosa en detalles procaces sobre los encamamientos de dos veinteañeros. No se da cuenta Nothomb que esa cuestión desgracia el libro a los fines del tipo de público al que puede dirigirse. Mostrar tanto detalle en cuestiones como el ascenso al Monte Fuji, con un pequeño desliz escatológico, y soslayar dos años de sexo interracial, mientras se especifica cada grado del avance de los sentimientos en la relación no es elegancia, Amélie, es pura mojigatería, en los tiempos que corren, que impiden optar a las grandes ligas. Nadie, y menos yo, humilde reseñador ignorado por millones de personas entre las cuales están todos y cada uno de los japoneses de este planeta, puede exigirle a una fina señorita belga educada en las buenas maneras y en hacer mutis por el foro en las cosas de las relaciones carnales. Pero es 2011 y los jodidos cambios que el mundo nos trae, al menos para mí, exigen naturalidad y valentía para hablar de las cosas. No silencios camuflados de elipsis poéticas.


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