dimecres, 6 de juliol de 2011

LA SOPORTABLE LEVEDAD


Sé que me he quejado varias veces del tema de la edad. Aunque sea inevitable no me gustaría que el blog se convirtiera en una especie de ciclo que se repite y encadena cumpleaños y efemérides y así pasé este verano y de esta otra manera se acerca la navidad y veremos qué nos depara la próxima semana santa. Mencionaré que estos días no me importa para nada estar a punto de cumplir 47 y que veo esa edad como un ideal donde uno aún conserva buenas dosis de todas sus mejores facultades junto a un criterio lo suficientemente experimentado para administrarlas.
Preguntadme mañana y os diré otra cosa, que será diferente a las que os diga en días sucesivos. La coherencia por bandera buscadla en otro lado.
Pero he de luchar para que no exista un ciclo que me obligue a consultar qué dije en tales fechas del año pasado. De lo contrario esto podria parecer un canal cutre de televisión.

Estoy fuera y he visitado muchos países de continentes distintos. En el curso de esos viajes he convivido con el miedo y la miseria y la desesperación. Con una sutil ironía que se situaría en las antípodas del humor negro. Es decir, he leído La guerra del fútbol, de Ryszard Kapuscinski, y este hombre hace que a uno se le agoten los calificativos. Dije ya esplendoroso ?. Solo hay un momento en que Kapuscinski no cautiva, pero hablamos de un par de páginas, cuando abandona el cuerpo, maltratado y picoteado por mosquitos y escorpiones, del reportero e intenta hacer de pensador, reposando en un sillón y busca un patrón común, filosofando y por tanto alejándose de ese espacio que constituye su dominio: la brillante descripción literaria de como los conflictos bélicos siempre se ceban en las personas más débiles, de cómo ciertas partes del globo parecen irremisiblemente condenadas ( o trágicamente destinadas) a sufrir una y otra vez esos conflictos. A través de la enumeración de los hechos casi casuales, aparentemente irrelevantes, que se producen, de los cuales sacamos profundas conclusiones y valiosos aprendizajes. Mejor que leer aburridos tratados de historia contemporánea en silenciosas bibliotecas, Kapuscinski es literatura en estado puro que un día se nos presenta como un relato de aventuras y otro como una aguda crónica política limpia de toda adulteración ideológica. En breves días: Cristo con un fusil al hombro.
Resulta que puse tres libros en la maleta para estos diez días. Kapuscinski ha durado un día y medio. Sin el mínimo esfuerzo. Ahora le toca a Al sur de la frontera, al oeste del sol, de Haruki Murakami. Leí hace unos tres años Tokyo blues, estúpida traducción libre del intraducible título original, Norwegian Wood. Murakami me pareció algo triste en ese libro, sin que llegase a explicarme del todo tanto entusiasmo por su obra. Pero uno puede no haber acertado en su primera elección. Asi que he empezado con esa segunda oportunidad, pues no debo ser ajeno a tanto entusiasmo crítico. O en todo caso habré de encontrar mis argumentos si he de acabar por mostrarme escéptico. Debo formar mi propia opinión. A pesar de que en los comentarios sobre 1Q84 me parezca que Murakami quiera emular al Bolaño de la novela total que es 2666. A pesar de que, indefectiblemente, esa narración en primera persona adolescente me retrotraiga a El guardián entre el centeno. Las primeras sesenta páginas apenas me han llevado media hora, con una fina descripción de la punzada adolescente (que se va convirtiendo en un puntapié) del deseo sexual. Hasta ahí he llegado y aunque hay abandono y cierta angustia introvertida, todos siguen vivos y bién. Si Murakami es un capricho de los críticos o una bien trazada operación de marketing, si resulta difícil trasladar la poética de su prosa al traducirla, ya os diré.
Una breve explicación completamente innecesaria :
Como podéis ver escribo desde la BB y sólo en castellano durante estos días. Tampoco cuelgo vídeos pues no soy suficientemente diestro. Todo es provisional : las entradas se irán traduciendo y colgando en catalán y volveremos a tener sonido e imágenes que os consuelen de esta austeridad escrita.

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