dissabte, 11 de juny de 2011

JUNIO EN BARCELONA

No soporto la sensación de nostalgia. Como ésto no es un blog dedicado a la etimología, puedo permitirme errores, pero diría (aunque lectores podrían ayudarme ) que el algia de la palabra significa dolor, y el nost debe andar por algo como ausencia o negación del algo. Así que en esta completamente patillera hipótesis me lanzo a definir la nostalgia como el dolor que nos produce la ausencia de algo. Un muy vago recuerdo de mi niñez me trae a la memoria una detestable canción tardofranquista que permitía el uso de vocablos en gallego, igual también en portugués: teño morriña, teno saudade. Otras palabras que definen el dolor de echar en falta.
Pero a mí no me duele nada, en ese sentido. Tampoco en otros, vamos, aunque chutar fuerte cada día me cuesta más. 
La tercera semana en Junio, en mi ciudad, hace ya unos años (dieciocho o por ahí), es la semana del Sónar. Durante diez años, acompañaba a ese festival la edición de un especial de la revista RDL, en un adecuado formato 12 pulgadas, llamado DanceDeLux. Se trataba de una especie de resumen de todos los movimientos en la escena electrónica en los doce meses anteriores. Hace unos cinco o seis años, supongo que anticipándose a una previsible decadencia del género musical, el especial dejó de editarse. Pero el festival siguió vivo, y, para nuestro orgullo, ya es una insignia más de nuestra ciudad. Así que el centro, sobre todo, pero otras zonas (imagino que el Borne, imagino que Gràcia, no creo que Pedralbes) estarán en unos días notando cierto incremento de la presencia de cierto tipo de juventud. No sé como irá este año si, como es previsible, coincide el evento con que la acampada de Plaça Catalunya se mantenga. Desde lejos hoy he visto, que, pasados estos días de incómodas lluvias intermitentes, están aún ahí. Los anti-sistema imagino que siguen dándole al punk y quizás a esos géneros bastardos que nacen de darle a la guitarra y a la batería muy rápido. No sé si al Sónar vienen los Atari Teenage Riot de Alec Empire, o el ruidismo de Merzbow pueda ser asimilado como una especie de death metal pasado por el túrmix. 
Evocando, pero sin nostalgia, he puesto 76:14 de los Global Communication, biblia absoluta de la segunda oleada de discos ambientales (la primera le corresponde casi en exclusiva a Brian Eno, pero acepto que alguien levante la mano para oponerse a tan tajante afirmación).


Es difícil determinar exactamente el motivo por el cual este disco es genial y otros parecidos no. El sentido de la palabra pionero tendría algo que ver. La trayectoria posterior tanto del dúo (lanzando proyectos con distintos nombres dedicados al house, al electro, al breakbeat) como de sus miembros por separado también ayuda. 17 años puede que aún no sean una eternidad en el estricto sentido de la dinámica de la música, pero pocos discos echaban el pestazo a clásico que echaba éste en su momento. Recuerdo que hacía (por suerte ni mis vecinos ni mi mujer tomaron acciones legales) mis pinitos como dj pluriestilístico y multidisciplinar - la menos pedante de mis autodefiniciones - y este disco era un absoluto fijo gracias a la facilidad de fundir sus inicios y sus finales.

Yo no sé si la clase de turismo que atrae el Sónar es del tipo que gusta o no al espectador medio. No tengo  ninguna duda de que es un evento cultural y que quien viaja por motivos culturales no acostumbra a comportarse como un cafre. No sé si esas hordas le gustan a Quim Monzó, crítico últimamente (cuando se olvida de las estatuas humanas de la Rambla) con el enfoque de nuestra ciudad a las visitas masivas, a la proliferación de buses sin techo y a los bares de platos combinados deleznables fotografiados en tonalidades estridentes. Yo paseaba por la calle Tallers (ya no es lo que era pero quizás estos días le otorgan un sentido a su último aliento vital) y pensaba que eso me gustaba. Que había otra tribu con signos de identificación dispares, al margen de chupas negras y t-shirts de Iron Maiden.

Y Versus nació, como reaccionando a un Sónar excesivamente organizado, demasiado convertido en un evento donde todo pasaba en su momento y sin lugar a la improvisación. Como un reverso, imitando descaradamente tipografía, logos, pero no tan diferente. John Self debe estar como unas pascuas. Los Surfing Sirles y los Mujeres juntos en la misma noche. Va, John, pásate por ahí, seguro que te lo mereces.

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