dijous, 2 de juny de 2011

ESA MUECA SINIESTRA

Y el azar dijo: estoy aquí. Mis gafas se rompen, voy a arreglarlas a la tienda donde las compré. Llevará un rato hacerlo y la tienda está en la calle Santa Anna. Deberé esperar en algún lado. Qué otro sitio dónde pasear tranquilamente más adecuado que la Plaça Catalunya. Tres días más tarde de la primera incursión, todo sigue más o menos igual. Matizo. Hoy ha llovido, y sigue lloviendo, intermitentemente, a ratos con ciertas ganas. Las tiendas de acampada, están, en su mayoría, cerradas, presumiblemente llenas. La hora vuelve a ser sobre las 3 de la tarde. El efecto del agua sobre los carteles ya acaba de escenificar una simbología realmente curiosa, son chaparrones físicos tanto como emocionales, pues han hecho esconder tanto a la gente como a sus ideales. Le hago una foto a un poema cutre (muy cutre) que glosa a Stephane Héssel. Está sobre una mesa, en la entrada de la biblioteca popular improvisada. Su autor es un desconocido Juan Valero, que presumo de una cierta edad. Alguien debe haberle encontrado algún valor literario para exponerlo ahí, alguien en cualquier caso que no compartiría mucho mis gustos.


Dentro de la biblioteca, hay algún buen libro, Eduardo Mendoza, pero también hay libros de texto de varios cursos (estudios, supongo, abandonados sin acabar), el Código Da Vinci, un manual de Derecho Mercantil, y algun cuento desvencijado de Stephan Zweig. Puedes leerlos allí o llevártelos un par de días :  ignoro qué medida tomarán para que no te lo puedas quedar: te van a pedir, todos unos anti-sistema, tu DNI??. Te denunciarán si decides quedarte ese libro para siempre, en plan todo es de todos ??.
Está claro que romperme las gafas, o sea, ver bastante menos, debe estimular otros sentidos, pero, el del escepticismo ??
Busco al finlandés, pues acudí a llevarle su copia de mi post, y no estaba, se lo dejé a gente de su zona. No lo encuentro. Imagino, con una ligera sorna, que descalzo como va y con el suelo mojado (y el agua está algo fría), habrá buscado refugio. En esa zona (la más cercana a Rambla Catalunya) un cartel pide que no se hagan fotos. Me paro, un par de veces, con la intención de preguntar el motivo de esa prohibición. Pues estamos en el wonderland donde todo debería hacerse sin prohibiciones ni limitaciones.  No lo hago. No me siento nada cómodo allí. Las tiendas de campaña (me fijo otra vez, casi todas son Quechua), los chiringuitos, los puestos informativos, están cerrados casi completamente, de la abertura de una tienda sale el sonido de una canción de acampada, en castellano, tocada a la guitarra. Buena razón para hacer la siesta, aunque mi primera intención sería salir corriendo. Algunos de los presentes en la zona hablan en un tono algo alto, y percibo voces cazalleras, roncas y cargadas de experiencias que me recuerdan a la voz de Malamadre, el personaje de Celda 211. Hoy sí huelo, y veo, porros, bastantes. Me da igual, nada más faltaría que a mí me amedrentase un porro. Pero todo el conjunto no me gusta. El aspecto me parece desastroso, sin la pizca de gracia de cierto caos poético. A 200 metros de aquí puedes gastarte 30.000 euros en un reloj o 250 en una camisa. Pero ésto no resulta ni acogedor ni entrañable. No aflora por ningún lado esa especie de ingenuidad con la que uno puede simpatizar, esa que te haría ofrecerles tu ayuda. Más bién tiene el aspecto abigarrado de esas favelas, de ese Somorrostro donde uno tiene pocas ganas de aventurarse.
Oigo a otros dos discutir, mientras pasan a mi lado. Lo siento, pues a partir de esta frase muchos pueden pensar lo que piensen. Parecen dos indigentes que han decidido reciclarse en indignados. Total, peor no podía irles. Allí, un punk, que rondará, al menos, la cincuentena, se pelea para sacar de una mochila desvencijada sus trastos de hacer malabarismos. Mide como un metro noventa, collares de perro, varios pantalones superpuestos, todos espectacularmente sucios. Botas. Calculo que en 1977 debía andar por su adolescencia. Puede que sepa quienes son los Sex Pistols, y los Exploited, y los Dead Kennedys. Otro que veo, un barbudo con la cara tatuada, a lo Mike Tyson, camina del brazo de una chica de unos 25, que a pesar de su pinta absolutamente desastrosa, me parece vagamente atractiva. Me da la impresión que a los seguramente acomodados padres de la chica les daría un síncope si la vieran del brazo de semejante personaje.

Como si la lluvia hubiese acabado de enturbiar mi mente, o al contrario, de despejar mis dudas, mi estancia de hoy ha resultado, ya, profundamente descorazonadora. Está claro que nadie está en las mejores condiciones cuando, tras varios días a la intemperie, te pegas remojón tras remojón. Tampoco estamos en el mes de febrero, veamos. Una vez más nada me ha empujado (el primer día lo hizo la casualidad) a preguntarle a nadie. La combinación de la poesía de pa sucat amb oli y el destartalado aspecto de todo el campamento, acaban recordándome cosas que no me gustan nada. Y he visto miradas de recelo, que no comprendo. A mí no me intimidaría que me hubiesen dirigido la palabra. No quieren conseguir un mundo mejor para todos ??.

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