dimarts, 15 de maig de 2012

MI TIMIDA REACCION

- No me miréis así.
- Nadie te mira de ninguna manera especial.
- Especial, no. Siempre es así. Siempre es así y nunca me gusta. Y ahora no hará falta que os recalque que no estoy loco, que todo cuadra y todo es perfectamente lógico y coherente, que es...
- Vale
- ... dejadme acabar!... que es como a vosotros, pandilla de capullos conservadores de pensamiento cuadriculado, os gusta que sean las cosas. Coherentes, con una cucharita, abre la boquita, todo para adentro, y todo explicado.

Era el momento de irse. No era tarde en términos de hora. Sólo que el agua de la caldera, ese día, había alcanzado mucho antes su punto de ebullición. Demasiado antes.

Empezó así.

- Hay que ir al médico, todo lo posible. Todo. Los recortes en el sistema sanitario tienen una doble intención: el ahorro en la asistencia, pero, peor aún, que la gente se disuada de ir al médico y, peor atendida, por desidia, por desgana, empeore su salud y acabe muriendo antes. Como una selección natural para acabar con los débiles de la manada y quedarse con los ejemplares de raza. Entonces esos cabrones se ahorran también la pensión, las plazas de hospital, el personal... son muy listos, pero a mí no me la pegan. Seré un tío sano le cueste lo que le cueste al sistema.

Ahorraré los detalles. Nos explicó todas las visitas que había hecho según su plan trazado, sobre el que no tuvo reparo en improvisar ,a la vista del éxito. Exito que, aspecto nada desdeñable, alimentaba su ego.

Imposible seguir todo el relato, claro, pero intento con lo que atino a recordar.

Fue al médico de cabecera, pues varios de sus compañeros de trabajo se habían resfriado y él empezaba a tener mucosidad y algo de tos.
También acudió al alergólogo por si se trataba de una alergia. Pues le decían que los síntomas eran muy parecidos a los del resfriado.
Al tomar, tanto los medicamentos para el resfriado, como el antihistamínico que le suministró el alergólogo por pura precaución sufrió una pequeña indisposición intestinal. Pues había decidido que el medicamento que no tomaría fuera el protector de estómago.
Fue al estomatólogo para descartar que la indisposición no fuese independiente del proceso de los medicamentos.
Visitó al otorrinolaringólogo a asegurarse de que la mucosidad del resfriado, o de la alergia, aún no sabía, no degenerase en rinitis o sinusitis pues había oído que eran procesos muy molestos. Compró suero salino a litros. Necesitaba expectorar. Expectorator, se dijo a sí mismo. Sus fosas nasales, la parte del labio superior justo ahí, se irritó de tal manera que acudió a curarse las pupas producidas por sonarse continuamente los mocos. Algunos pequeños capilares de sus ojos se inflamaron igualmente de tanto sonarse, de la fuerza con que lo hacía. Concertó hora con el oftalmólogo para ver que no hubiera afectado a su visión.
El cansancio de acudir diariamente a tanta visita le hizo consultar otra vez a su médico de cabecera si no podía necesitar algún tipo de reconstituyente que le ayudara a sostener tal ritmo de vida.
Un día, en la sala de espera, para una de sus visitas (comprended que no me acuerde cual)  le llamaron  mientras estaba en el WC. Preocupado por si no había oído su nombre, pidió de nuevo hora con el otorrino, para ver el estado de su oído, y también con el estomatólogo, pues empezaba a desarrollar hemorroides. Como se acordó de su tía, que también las padecía, se enteró del protocolo para analizar su ADN, y pedir hora con el genetista, por si eso era hereditario. Su tía desistió someterse a idéntica prueba.
Nervioso por los resultados de todas las pruebas a las que iba sometiéndose, no dejaba de ir al lavabo a orinar. Pidió hora al urólogo por si ello estaba afectando su próstata.
Cuando el otorrino le visitó por segunda vez, no consiguió recordar el motivo de la primera visita. Saliendo de la consulta, pidió visita con el neurólogo para analizar si esa inexplicable laguna en su memoria podía deberse a los primeros indicios de alguna enfermedad degenerativa.

Cuando el médico le denegó la prueba del ADN, le pidió una segunda opinión a otro médico. Descubrió lo útil que era para sus fines solicitar segundas opiniones.

El nuevo médico, que le visitaba por primera vez, le sugirió un chequeo completo.
Se tomó muestras de sangre y orina para su análisis. Un auxiliar particularmente torpe y nervioso, al que le había advertido de todas las precauciones que debía tomar, le ocasionó un desagradable hematoma en el brazo, por el que acudió a urgencias pensando que era una hemorragia interna que podía desangrarle. Pues temía que alguno de los medicamentos tuviera efectos anticoagulantes.

Visitó a un terapeuta pues el stress de visitarse diariamente con uno u otro especialista había alterado levemente sus hábitos de sueño.

Este le recomendó ejercicio físico para mitigar el stress o el cuadro de ansiedad que pudiera deberse a tal causa.
Se torció el tobillo corriendo y acudió al traumatólogo.
Este le puso un vendaje inmovilizador. Como se lo quitaba y se lo ponía para ducharse, una de esas veces se lo puso excesivamente apretado, lo cual le generó una leve hinchazón y un insignificante prurito. Visitó a un especialista de la circulación y a un reputado dermatólogo. Consultó con el alergólogo, de nuevo, para saber si la pomada que le recetó era compatible.

Volvió a visitar al psicólogo pues el ritmo de visitas se intensificaba.

Este le sugirió que acudiese a un especialista por si su condición de hipocondríaco se derivaba de algún problema psiquiátrico oculto.

El psicoanalista indagó metódicamente en su pasado y acabó lanzando, desconcertado ante lo que interpretaba era uno de sus casos más difíciles, varias hipótesis, a cual más descabellada. Para la que especulaba sobre un gusto fetichista por los uniformes médicos él acudió a un amigo del psiquiatra especializado en disfunciones sexuales. Para la que especulaba sobre una atracción por las sumamente atractivas enfermeras que le atendían lo hizo con un experto en adicción al sexo. Al real y al virtual. Para la que lo hacía sobre la posibilidad de una homosexualidad reprimida, preguntó al tipo que le visitó si, ya que ciertos médicos conservadores defendían que se trataba de una enfermedad que podía tratarse, nadie había caído en la cuenta de desarrollar una vacuna.

Visitó a un total de 67 médicos diferentes a lo largo de 11 semanas. Obtuvo dos períodos de baja de unos quince días.

Se emocionó tanto al pensarlo, notó esa sensación tan profunda en su pecho, que se puso a buscar un cardiólogo.

27 comentaris:

  1. Y después de que ustedes lo miraran "así", "pero de ninguna manera especial"... ¿habrá regresado al psicoanalista por paranoia?

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    1. Creo que identificado su caso los fascistas del PP corrieron a redactar una ley explícita que le impidiese a él en concreto visitar un médico más. Una ley individual que sustituyó al tiro en la nuca del cual la mayoría de los ministros eran partidarios. Algunos de ellos dispuesto a hacerlo en persona.

      Glups.

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  2. Cuidado, Francesc, que lo hipocondriaco se contagia, así cómo te contagiaron los cuentos, que taaan mal te salen... já!

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    1. Ah !! Es que vosotros dos sois puros de la ficción: a mí esto me da muchísima vergüenza. Me pongo rojo como la lucecita de la Blackberry.

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    2. Bueno, puro puro no. Hay algunas notas de opinión muy dignas... me parece. Hablando de hipocondríacos, cuando en la secundaria estudiábamos biología recuerdo que a mi siempre me parecía tener las enfermedades que estudiábamos o parásitos o lo que sea.... de lo único que no tuve síntomas fue del ciclo menstrual.

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    3. Es verdad, Germán. Vaya día para olvidarme de eso. Los indignados se han puesto a comer en la calle, delante de la sede del PP, a cincuenta metros del colegio de mis hijos. Helicópteros a punta pala, esto parece Sao Paulo.
      Y tus artículos de opinión son bárbaros... y no me dijiste que tenías algo grande preparado por el blog de decicrisis ??. No puedes poner un goteo, como Cayota ?? Ja ja, qué fue de Cayota ??

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    4. Francesc, no dejes nunca de hacer ficción, "¡por favor te lo pido Isabel!" No dejes tampoco el resto de las cosas, reseñas, artículos, etc; sé que no lo harás. Germán, me hiciste acordar cuando en clase de biología estudiamos el ciclo menstrual, en ese momento yo era un ser débil, la sangre me daba cosita, y mientras un amigo me decía cosas irrepetibles al oído, fui poniéndome pálido hasta no aguantar más y tener que salir corriendo del salón para luego desmayarme en las escaleras...

      P/D: Yo también soy un poco hipocondríaco.

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    5. Con el acopio de esfuerzo y vergüenza y autocorrección de un párrafo de ficción me saldrían como quince reseñas. Y toda la sangre que necesito para sonrojarme a otros órganos les es sumamente necesaria. Pero gracias.

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  3. ¡Ficción! ¡Ficción! ¡Ficción! Esoooooooooooooo...

    (Hordas festejan bajo el balcón de Francesc)

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    1. Cuatro gatos que me leen y va a ser que son insaciables !!

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  4. Éste es el plan (se los confiaré gratis, no me deben nada):
    Por un lado, elevar y elevar paulatinamente la edad jubilatoria, para que los trabajadores se retiren cada vez más tarde.
    Por el otro, bajar y bajar paulatinamente la expectativa de vida, mediante el progresivo deterioro de los servicios de salud pública.
    Cuando eventualmente ambas curvas (una ascendente, la otra descendente) lleguen a coincidir, se verificará estadísticamente el sueño de todo gobierno ultraliberal: los trabajadores aportarán toda su vida laboral al sistema previsional, pero entonces, en vez de retirarse, se mueren. Negocio perfecto: todo ingreso, cero egreso.
    Tiene razón, el protagonista.

    Compañeros comentaristas: dejemos que Francesc se autotrollee asegurando que la ficción no es lo suyo; por suerte, no puede evitar estos bienvenidos goteos...

    Saluti per tutti.

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    1. Vaya: se me ocurrió una historia mezcla de ciencia ficción y obsolescencia genética programada: manipular genes para fallecer a una determinada edad y aplicar esa perversa ecuación de optimización de rendimiento/coste... vaya, si la digo ya no puedo escribirla... bueno, cualquiera que lo haga mejor que yo.

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    2. Sugiero enfáticamente que busques y/o bajes Soylent green, una peli de 1973; es excelente, pese a la presencia del insufrible Charlton Heston. (Preguntale, si querés, a 6Q qué opina de ella).
      Tiene algún punto de contacto con tu respuesta...
      Pero aunque no lo tuviera, valdría la pena verla.
      (Se la conoció también bajo el título Cuando el destino nos alcance)

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    3. Bueno, a ver si coincide que 6Q lea esta maraña de comentarios, pero ya la bajo. Otra película de la que no tenía ni idea. Hay lagunas inexplicables en lo mío con el cine, aunque la de 1973 es explicable: tenía 9 años y un parque enorme a 100 metros de casa.

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  5. Horoche de Barilacio15 de maig de 2012 a les 19:07

    Estoy de acuerdo.

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  6. ¡¡¿Por qué no te callas?!!

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    1. Horacio/Horoche; justo en este post hablo de unos cuantos tipos que podrian ayudaros.

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  7. Menos mal que el protagonista no es femenino, tendría mil enfermedades más para imaginar. Beso Francesc!

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    1. Karina: no hubiera soportado usar tópicos machistas. La naturaleza ya nos instaló la próstata para compensar.

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  8. Delirante este muchacho (el del cuento, no vos... o capaz que sí). Recuerdo que en El eterno marido de Dostoievski (lo leiste?) el personaje principal es hipocondríaco y que el inicio de esa novela es un delirio tras otro debido a su condición. Realmente bueno.

    Salute

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    1. El caso es que mi personaje no era inicialmente un hipocondríaco. Era más bien un enfermo imaginario obsesionado en encontrar pretextos para ocasionar gasto sanitario. Pero cobró vida por separado. Desarrolló él solito (perdí el control en la sexta o séptima visita) un perverso gusto por la frialdad del estetoscopio combinada con la calidez del trato profesional. Entonces surgió el hipocondríaco, porque ese era el pretexto ideal para eternizar esa situación.

      Gracias a todos por este inexplicable entusiasmo.

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  9. Volví! Muy bueno este! "Progresa adecuadamente"

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    1. Gracias, señorita, le diré a mis padres que me firmen las notas!!

      Me hago el interesante y te digo "ni noté que te habías ido".

      Naaaaaaahhhhh.

      Echo de menos a las chicas que comentáis, pero de repente desaparecen muchas. Algún idiota diría que habéis ido juntas al lavabo. No.

      Yo lo que acabo pensando es si he dicho algo inconveniente, o si la foto de la Bruni resultó sexista.

      Welcome back !!

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  10. Jajaja, lo del lavabo yo lo entiendo tan poco como los hombres. Por qué ir en grupos? Y por qué tardar tanto por dios!! De no ser por los malabares que hago para no sentarme en los WC públicos creo que tardaría lo mismo que un hombre...
    No has dicho nada (o al menos yo no me he enterado!) inconveniente, yo anduve perdida porque estuve auto compadeciéndome un poco. Es que no tengo trabajo y estamos cada vez más ajustados, así que estuve divagando sobre como buscarme la vida en este país que todavía me putea con el idioma.
    Ves? Nada de sexismos ni cosas raras :)
    Besos!

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    1. Vaya, pues Alemania saca pecho con sus mini-jobs y sus tasas de paro del 5 y pico por ciento. A ver si hay suerte, y recuerda que en este otro lado de la ventana (que se abre por un lado en Alemania y por el otro en los lugares más inverosímiles) estamos algunos para atenderte esos accesos raros que puedan darte.

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    2. Es que todo el puñetero paro está concentrado en Berlín! Y encima todos los de fuera nos venimos para acá... En fin ya saldremos de esta.
      Gracias por el support!

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    3. Unlimited support, unidos venceremos !!

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