dimecres, 8 de febrer de 2012

EL SEPTIMO SENTIDO

Los círculos se cierran a veces de las maneras más desconcertantes: hace poco hablo del sentido crítico, hoy Monzó se muestra admirado por una crítica particularmente encarnizada (la de un comentarista estadounidense sobre el restaurante de los padres de Lady Gaga), por su valiente y áspero pronunciamiento donde el periodista, un crítico gastronómico, actúa con vehemencia, no se corta un pelo, dice las cosas por su nombre, por ese nombre o ese adjetivo al que tanto miedo se le tiene. Clava el cuchillo, le da vueltas, se ensaña.

Cómo me gustaría que el mismo crítico hubiese pillado en su momento a Sabina.
Aunque aclararé que Sabina no tiene por qué cocinar, también, horrorosa y pretenciosamente.

Cómo me gustaría, también, tener un comportamiento parecido, dándome igual emplear palabras hirientes si éstas son justo las que definen mi parecer. Sin miedo a las repercusiones viscerales, sin miedo a recibir una réplica pareja en crueldad. El puesto ya está ocupado en este país, por lo menos en el imaginario popular, Risto Mejide es el clásico hijoputa que destripa sin contemplaciones ni ápice de empatía alguna las ilusiones de los pobres desgraciados que acuden incautos a demostrar pretendidos talentos. El tipo los tira al suelo, les da revolcones y les sacude patadas alternas en hígado y riñones. Luego escupe sobre sus cadáveres, porque lo de miccionar ya lo hacen los soldados USA y él no va a copiar a nadie. Lástima que se hayan encargado de situarle dos polis buenos al lado, fundamentalmente, para evitar que se dispare preocupantemente la tasa de suicidios. O para evitar que sea él mismo el que dé el tiro de gracia a tanto payaso con pretensiones de popularidad. Son justo esos cinco minutos en los que el tipo chupa cámara y tira de prosa afilada, no lo he visto tanto rato, no creáis, pero me encantaría constatar que su único juicio cercena carreras e inunda patanes en lágrimas de desesperación y golpes en el pecho clamando por la injusticia. Si el tío nos hubiese librado de todas las cucarachas que han poblado OT (o sea, todo el mundo). Si lo hubiera hecho.

Ser crítico exige, pues, ser experto en cierta especie de perfeccionismo conceptual. El que desprecia la mediocridad o, rara vez, atisba algún potencial en medio de ella, y levanta el pulgar, levemente. Levemente, y provisionalmente. De poco sirve lo que hayas hecho antes, siempre, o casi, te juzgará como a un tembloroso principiante. Los críticos y el síndrome del segundo disco, cuánta tinta podría emplearse ahí.

En dos semanas tendré en mis manos el número de la revista literaria Orsai. Lo tendré por el curioso procedimiento de distribución de que disponen. Un tipo me llamará y me dirá donde me parece bién que me la entregue. En un lugar público a plena luz del día o en un café vacío a medianoche. Entonces descubriré si ha merecido la pena o no los dos meses que llevo asomándome a la web de Orsai, (aunque sí lo ha merecido por los lectores que progresivamente obtengo gracias a mis links), si he de ser coherente y sincero hasta que duela, igual que el crítico de New York con el restaurante de los padres de la pájara esa, debo decir que dos meses ya son demasiado tiempo para tanta endogamia auto-referencial. Para tanto untarse mantequilla entre lectores y redactores. Que no creo que Casciari sea un tipo de los que le hace gracia tanto endiosamiento. Que los lectores de una revista quieren historias o ensayos con valor literario, y que Casciari está en su derecho de redactar un post cada semana cronificando el devenir de los hechos, puede, si quiere, elevar un post a la categoría de spin-off y decir que el tío de la imprenta le explicó la historia de su familia y como dirigía una gran editorial y ahí le tienes imprimiendo revistas a miles, cuando imprimía libros a millones. Casciari es el puto amo, que dice Guardiola, y es su blog, aunque le llama bitácora, que es más latino y más comprensible, porque es su diario de a bordo de la nave que dirige. Pero yo quiero chicha, y la quiero ya.

El público obtiene justo lo que el público quiere.



4 comentaris:

  1. Hola Francesc.
    Buen blog, me gustaría leerlo todo, pero hay tanto que leer y tan poca vida... Dicen que la intención es lo que cuenta, no? Yo no sé... tal vez los políticos nos lo han dicho tanto que creemos que es verdad.

    Saludos.

    ResponElimina
  2. Obtendrás eso y mucho más, querido Francesc, paciencia... La revista está (como dicen ustedes) de puta madre. Es la pura verdad. Beso!!

    ResponElimina
  3. Francesc,
    Mi Nombre es Ronny, soy de Ecuador y este es mi primer año e Orsai. Qué buena idea me pareció (y me parece) cuando escuché de ella! Sigo esperando mi revista, tengo elevadas expectativas que se crearon al leer las 4 anteriores.
    Cayota tiene talento para escribir, y es un buen marketinero.
    Buena nota.
    Saludos.

    ResponElimina
  4. Gracias a todos por los comentarios. Aunque Karina ya es toda una veterana (lleva unas dos o tres semanas), aclararé a los recién llegados que esto es un blog que empezó como una especie de broma privada para unos pocos allegados y ha dejado de serlo: ahora es una broma privada para unos pocos no tan allegados. Pretendía que la gente dejase de leer y ver y escuchar las porquerías que la industria quiere que leamos, veamos y escuchemos. No sé si lo conseguí, me temo que no fui lo bastante convincente. Entonces diversifiqué, y hablé de política y de sociedad y de fútbol, pero tampoco, como se dice en algún sitio, ni modo. Pasado mucho tiempo en el que el mundo no consiguió que yo me hartara de escribir para un público inexistente (o tan silencioso que parecia inexistente), la web de Orsai me permite obtener alguna respuesta lejana. Casciari no creo que me ponga en la lista negra. Lo que sí que prometí, y haré mientras sea posible, es una justa reciprocidad: leeré y comentaré a aquellos que me leen.
    Saludos desde una helada Barcelona

    ResponElimina

Segueix a @francescbon