dijous, 20 d’octubre del 2011

TODO MENOS LA CHICA

Cuentan que se pusieron su nombre inspirados por ciertas tiendas en el Reino Unido, enormes almacenes donde había azafatas ofreciendo degustaciones y haciendo demostraciones, que publicitaban que podías comprar ahí Everything but the girl. Todo excepto la chica.
Hacia los medios 80 (un poquito antes : digamos 1983) , domesticado el punk, etiquetada y clasificada la new wave, con el tecno-pop (sin h, aunque luego se optó por denominarlo synth-pop) dando sus últimos coletazos (ergo, con los grandes grupos empezando a sobrevolar otros territorios menos limitados), hubo una especie de fogonazo de regreso a una especie de sensibilidad. 
Sensibilidad sumamente difícil de definir : ahí había una mezcla sumamente bastarda e impura de influencias dispares, la música francesa (onda cantautores algo retorcidos, onda cantantes mega cool como Françoise Hardy), el jazz más melódico, cierto bucolismo, cierto minimalismo (producciones toscas y ásperas que hoy justificaríamos como lo-fi), soul oscuro, el movimiento mod, cierto aire groovy, cierto aire (o humo) caribeño, cierto aire brasileño (sin bikinis ni playas, this is UK!) algunos trompetistas con sordina, aquí algo de regusto a pana y a post-hippismo, allí algo de existencialismo. No fueron muchos grupos : algunos discos de The Style Council en su onda más marxista-leninista, algo (poco) del espíritu más urbano de los Dexys Midnight Runners , Weekend, The Gist, los Young Marble Giants, y Everything but the Girl, dúo formado por Ben Watt y su pareja (en algún momento, quizás aún, esto no es el Hola...), Tracey Thorn, cantante de físico poco agraciado y de voz privilegiada, que ya había colaborado con alguno de los otros grupos, convirtiéndose en la pequeña musa de ese minúsculo movimiento, hecho que ya es revelador por sí solo de su escasa trascendencia. 


Pero Everything but the girl decidieron sobrevivir. Decidieron no ser un grupo de un solo disco (o un solo disco con cierta repercusión) como la mayoría de sus compañeros de movimiento (los Young Marble Giants, ejemplo paradigmático de convertir un solo disco en una carrera). No sé si lo decidieron, o, quizás, su sincero amor por la música les impidió resignarse al ostracismo y a la eterna repetición del mismo disco hasta la extenuación. Pasó que, dejando de ser arropados por un movimiento, sus discos eran lánguidos y se acercaban al folk más pastoril, a una especie de tierra de nadie donde querían ser indies en medio de un mundo donde lo indie era lo que hacía ruido.
A diferencia de lo que sería previsible y acostumbra a pasar, su tesón les va a resultar recompensado. Tracy Thorn pone su excelente voz en 1994 en un par de canciones del segundo disco de los Massive Attack. Pero lo mejor para ellos está aún por venir. Hacia mediados de los 90 un tema de uno de sus cada vez más acústicos y cada vez más ignorados LPs, Missing, es remezclado por Todd Terry. Todd Terry forma parte de una especie de corte suprema que ha entronizado el techno (con h) desde Detroit y otras ciudades americanas, produce, compone, remezcla, pero por encima de todo, influye. Le remezcla no es en sí nada del otro mundo, pero hace de la canción un auténtico hit global en las pistas, un sleeper que se mantiene más de un año (en esa época el panorama de la música pop está prácticamente dominado por la escena electrónica: nadie hace caso al NME, Muzik es la biblia). Así que en medio de esa vorágine, como unos quince años de su formación, Watt y Thorn se convierten en estrellas de la noche a la mañana, en un medio en el cual, al menos como protagonistas, se encuentran desubicados.
Cierto solo en parte.


Han empleado esos años en oir música y estar al tanto de las corrientes. No son tanto un grupo caduco (en el mal sentido del muy acertado término inglés dated) como un grupo que ha ido haciendo discos fieles más a su estilo que a la evolución de sus gustos.
En todo caso su renacimiento tampoco se alargaría demasiado. Probaron con otra remezcla casi idéntica de Terry para otra de sus canciones, Drivin'. Grabaron un disco influídos por la marea drum'n'bass (quién se acuerda del drum'n'bass salvo los que ponen música a anuncios de coches ?? y del speed-garage ??), no un mal disco pero ya definitivamente una excesiva operación de repentina y poco consistente modernización del grupo que, a la larga, se comportaba más como un rendido fan intentando actualizarse que como un grupo con un sonido propio.
Hacia el 2001 seleccionan sus músicas favoritas para una recopilación de la serie Back to mine : algo de trip-hop, algo de las divinidades de Detroit (Craig, Atkins) que les han permitido su resurgimiento, algo del lánguido folk que forma parte de su genotipo.

Bien poca cosa en los diez años siguientes.

Ayer leo en pitchfork.com que van a versionear Night Times, de The XX. A mí la cantante femenina de The XX siempre me recordó a Tracey Thorn, alta, desgarbada, feúcha, tímida, pero con una excelente y sensual voz. Night Times es casi (las guitarras de Cristalyzed tiran mucho...) mi canción favorita de The XX, porque es consecuente con su título, y tiene una especie de arranque simultáneo de caja de ritmos y guitarra que me tiene robada el alma. No sé si es una coincidencia, una obviedad, o una de esas bromas del destino, o que alguien a muchos kilómetros de estas latitudes sintoniza con mis longitudes de onda, pero EBTG versioneando a The XX me parece una especie de cierre del círculo.

Esperaré y veré.




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