dimecres, 19 d’octubre de 2011

LA OSCURA INTENCION DE CIERTAS FRASES FINALES

Pues cometí un pequeño error. Me sobra de Houellebecq que nombre tres veces a David Bisbal en las páginas de La posibilidad de una isla.

Lo nombra puntualmente (libro escrito en 2005), sin tener nada que ver con la trama. Creo que al hilo de una de esas apariciones Houellebecq pone en boca de uno de sus personajes (cosa que con este autor siempre hace dudar si no manifiesta sus propios pareceres) una demoledora opinión sobre el escaso gusto por la cultura de la sociedad española, cuando no el manifiesto recelo ante quienes la usen con actitudes que demuestren cierto alarde. No diré que le falte la razón, en todo caso el escritor francés de buena tinta lo sabría cuando llevaba un tiempo viviendo en Almería. Y no miraré, aunque podría especular con ello, cual era ya en 2005 el status de gentuza como Belén Esteban, pues no haría otra cosa que corroborar esa opinión puesta en boca de Daniel-1.
Sí, Michel, al habitante promedio del estado español le interesa bien poco la cultura, fíjate hasta qué punto que tan radical afirmación pasa desapercibida incluso figurando en uno de tus libros, siendo un escritor con cifras respetables y cierto grado de repercusión. Aunque fuese por la fama de polémico y enfant terrible que arrastras, en España esas breves líneas no encendieron ninguna polémica: nadie te amenazó ni te declaró persona non-grata ni acudió a altas horas de la noche a cualquier embajada francesa a ponerlo todo patas arriba. Por eso haré un poco la puñeta y alguna la repetiré aquí.

"Los españoles son enemigos de la cultura"

Pero no hay que limitarse a las afirmaciones con resultados polémicos (no sé si intenciones, pero sí resultados), como única razón para leer a Houellebecq. La posibilidad de una isla no es su mejor libro, desde luego no lo es para la primera inmersión en su obra pues la estructura de la narración, que se comprende a medida en que uno avanza en ella, puede resultar chocante, incluso algo gratuita, cuando no lo es. En absoluto. No ser el mejor libro de Houellebecq, aclararé, significa ser inmensamente superior al 99% de los otros libros. Añado una ignominiosa lista de la obra de Houellebecq, aunque sea para auto-recriminarme el hacerlo.

Ensayo : El mundo como supermercado, Intervenciones
Novela : Lanzarote, Ampliación del campo de batalla, Las partículas elementales, Plataforma, La posibilidad de una isla, El mapa y el territorio.

Con La posibilidad de una isla Houellebecq traza su distancia respecto a grandes obras, sin plagios ni apropiaciones, y como escritor global y total que es, aquí está su homenaje a la serie de películas El planeta de los simios. También a La isla, película de Danny Boyle. Anticipa detalles que luego saldrían en La carretera de Cormac McCarthy, y diría que supera en apenas cuarenta páginas (el Epílogo) la sensación que McCarthy buscaba en toda su novela: que en toda huida hay una esperanza, y que ésta muy rara vez resulta satisfecha. El amago de mundo feliz nos lleva a Huxley, y cierta voluntad de rigor en lo científico, en lo social, en lo religioso, recordarían detalles de Asimov.
Todo ello sin tratarse de una novela de ciencia-ficción, claro. Lástima que el ilustrador de la portada estuviese demasiado empanado para darse cuenta.
Diría que se acerca también a Burroughs, que tiene algo breve de la última época del cine de Truffaut, y que tanto el cine como la literatura pornográfica son una referencia constante, pues Houellebecq es preciso y experto en la descripción de los frecuentes (y variados) encuentros sexuales a varias bandas que, como prácticamente en toda su obra, proliferan también en esta novela.
Tiene tan poco miedo como respeto a lo establecido, y seguro que leer la palabra tabú le estimula las salivares, como poco. Apenas dos meses tras su último libro, es jodido saber que nos quedan por delante tres o cuatro años de espera.


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