dilluns, 19 de setembre de 2011

PARARSE A PENSAR


Honestamente, había cedido la palabra a 6Q para expresarse sobre The Wire, aunque le faltaba la quinta temporada, en la que, seguro (pues es un hombre de palabra más fiable que la mía) anda metido. Si no me lo he ganado con Bolaño o con Kapuscinski o con cualquiera otra de mis filias declaradas, con The Wire el calificativo de pesado insistente va a caer por sí solo. Pero es una cuestión, ya lo dije algún día no muy lejano, de esta manía mía de intentar que la justicia impere en el planeta. No le llaméis fanatismo, no es una duda que necesito compensar con fuerza para convencerme a mí y a los demás. Aquí no hacen falta los palmeros, aunque nos guste cierto tipo de rumba. Si alguien dice que he recomendado una basura, ahí abajo está la opción de los comentarios. Son bienvenidos aunque duelan en el mismo centro del alma. 
Pero volvamos a The Wire. Serie que fue muy ignorada en los Emmy en los años 2002 a 2008 en que se emitió. Normal dada su escasa vocación mayoritaria. Respeto los resultados de esos premios (los de este año han sido entregados esta noche y no puedo quejarme pues han coincidido algo con ciertas predicciones), pero no son la biblia que uno tiene que seguir, mucho menos a costa de olvidar a lo demás.
Hoy, en páginas de opinión, muy cerca del editorial y del artículo del director, Xavier Antich firma en LV un auténtico panegírico sobre The Wire. No alcanzo a recordar cuando un periódico de este alcance (que a pesar de algún leve disgusto sigue pareciéndome de lo más decente que puede encontrarse en los kioscos) ha tomado partido en páginas tan importantes (normalmente destinadas a opiniones de alto calado en lo político, lo social y lo económico) por algo a priori tan frívolo como una serie de TV. No es la primera vez, ya lo sabéis, que escritores de prestigio la mencionan, desde puras opiniones de gusto entusiasta a más profundos análisis detallando su condición paraliteraria. Naturalmente esto me satisface hasta la médula, pues no puedo dejar de recordar esos momentos de fascinación a medida que la fui descubriendo, a costa (cuánta razón tiene 6Q) de romper con ciertos esquemas preestablecidos en generaciones de series de corte policíaco: no siempre hay tiros, no siempre pasan cosas, muchas veces parece que no pasa nada. Cada pieza cuenta, todas acaban encajando. Yo sé que este es un jardín que ya he regado muchas veces y no siempre ha dado sus frutos. Sé que es cruda, sé que para nuestros ojos de raza blanca cuesta al principio distinguir entre tanto nigga perteneciente a algún gang. Pero el esfuerzo, que no es poco, merece la pena. Y desde que ese romance se consolide, nunca podréis evitar poneros a pensar, con un cierto mohín de preocupación, cuando oigáis esta música.

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