dissabte, 3 de setembre de 2011

LA MONTAÑA MAGICA

Sí : debería leer el clásico de Thomas Mann, libro emblemático donde los haya, por lo que leo, en reseñas sugerentes de toda clase de imágenes trascendentes que acaban concluyendo que algo cambia tras leerlo. Dígase fe, dígase actitud ante la vida, o la muerte, pero parece ser que uno no es el mismo, y no sólo por que más de 1000 páginas lleven unos días, y la vida puede cambiar en ese lapso, claro, si puede cambiar en un segundo, si puede cambiar en que te digan que sí o que no, o en que lo digas tú mismo, cómo no va a cambiar mientras lees un largo libro, lo leas en casa o en un banco en el parque, o sentado en una piedra donde te has dado cuenta que estás no muy cómodo pero la mar de fresco. O en una biblioteca mientras alguien te mira inquisidor desde un butacón lejano, ligeramente bañado por una luz algo nublada de septiembre.
Pero deberá esperar; primero debo acabar con la trilogía de Deptford, cosa que no requiere empujón alguno, y sin embargo John Self me anima aún más a ello. Elegancia en el estilo y una especie de bruma matinal que se va cerniendo sobre la trama, a medida que uno lee ( en Mantícora) las confesiones de diván que David Staunton vierte en la consulta del Instituto Jung. Luego irá Houellebecq, tras un contacto inicial de 40 páginas que vuelve a transmitir las sensaciones que ya predecía : la contemporaneidad de El mapa y el territorio es tan rabiosa y frenética que piensas que cualquier cosa que pasa en el libro puede pasarte o a tí o a quien conoces o a quien te cruzas por la calle. Espero que el mundo haga justicia a Houellebecq, y espero que no tarde (le veo envejecido en la foto del libro). Puto genio.

El pequeño rincón algo fantástico. Sabéis de esa filia por Cercas sobrevenida en los últimos meses (punto de ignición : el post en que John Self saca Anatomía de un instante, por el que sentía una irrefrenable curiosidad desde hacía tiempo). Bién, uno de los escenarios de la trama de Soldados de Salamina es el Santuari del Collell, internado reconvertido en prisión republicana durante la guerra, punto del que partían, en la novela y en la realidad ligeramente tintada en que ésta se basa,  los detenidos con destino al fusilamiento del que Sánchez Mazas acaba zafándose. Resulta que el club de fútbol de mi hijo organiza un stage de pre-temporada al que mi hijo va a acudir. Y el lugar elegido es justo ése, pues los avatares del tiempo han convertido esas instalaciones en casa de colonias y reuniones donde se celebran eventos de este tipo. Para que Lydia siga pensando en esas casualidades que tanto la emocionan, casi tanto como ese equipo de nuestros comunes amores, y sé que no debo ser prosaico y simplista pero a veces no puedo evitarlo. Hasta Juan Villoro escribe un libro sobre la fe en el fútbol que invade esta sociedad rara, que debería cambiar pero la desidia de unos y la pereza de otros no le deja.


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