dilluns, 1 d’agost de 2011

MAS AZUCAR QUE CAFE

Justo acabo de leer una escueta nota de prensa sobre un premio concedido a Javier Marías. Cuyo único precedente era un Jorge Semprún al que respeto con toda sinceridad. Lo cual me trae a la memoria cierto comentario mío, tan superficial como personal, sobre lo adecuado de ciertas portadas y el mensaje que traen.  Que nadie se extrañe tanto, o es que ninguno aquí se ha sentido fascinado por la portada de un disco hasta el punto de pensar que con esa portada tenía que ser bueno.
Un caso paradigmático :

Era tan obvio que con semejante portada ese disco sólo podía contener guitarrazos e historias sobre motos y moteles y chicas desarraigadas (delitos y huídas al margen) que cuando oías las baladas desgarradas, rozando la ternura más almibarada, acababas sintiendo una especie de fascinación. Todo el mundo involucrado en el disco acabó como uno se esperaba. El propio Meat Loaf haciendo papeles de matón enorme en películas de ínfima categoría, Todd Rundgren, productor, sin volver a producir un disco de tal repercusión, Jim Steinman, compositor, intentando sin éxito volver a componer canciones que igualaran ese éxito, Richard Corben, portadista, a sus cómics de alta resolución. Y Roy Bittan, teclista, a la E-street band a rehacer, si le dejaban, la muralla de sonido a base de fraseos acelerados de piano. Yo, convencido de que lo único del disco que trascendería sería el midtempo de You took the words right out of my mouth y de que el heavy, y sus pestilentes baladas, jamás calarían en mí. Y así fue.
De eso hace mucho tiempo. Lo que dije aún no hace un mes, hablaba de portadas de libros y de forros de papel de embalar para esconderse de las miradas indiscretas. Como esos señores que compran el periódico para esconder la revista hardcore que han cogido cuando nadie, salvo el del kiosco, podía mirarles.
Esta es la portada del último libro de Javier Marías.
Adorado por la crítica y, parece, con la legión suficiente en número de lectores para alzarse en las posiciones privilegiadas de ventas. Autor de una obra de una cierta envergadura de la cual aún no he leído nada a pesar de que en mis estantes ya se encuentran dos de sus libros : Corazón tan blanco, que adquirí pensando que a mi mujer podía gustarle (erré) y Fiebre y lanza, primera parte de su trilogía Tu rostro mañana, compra más reciente que tiene que esperar paciente su turno, pues hay libros que van delante, especialmente si hay que devolverlos a la biblioteca, o te los compra tu hija para tu cumpleaños y te los entrega ilusionada.
Pues bién, esa portada ( y para qué negarlo, un poco ese título ), es la culpable de que yo no optara por el libro aún en momentos donde la única opción era la anodina relectura de la prensa diaria. Parece la decadente portada de un libro diseñado para quedarse abierto sobre el pecho de una señora mayor que ha cedido, voluntariamente o no, al sueño en un repetitivo día de playa.
Pero antes de que me tildéis de superficial, porque os quedariáis muy cortos, debo deciros que no es solo éste el estúpido motivo : hay otro.

En algún punto de los 80 la misma foto exactamente (una inocente y romántica imagen tomada por un fotógrafo hacía décadas) servía de portada al LP de un espantoso grupo llamado Fairground Attraction. Al margen de elecciones muy obvias, si me fuese planteado el elegir una única canción para ser borrada de la faz de la tierra (es decir, erradicado cualquiera implicado mínimamente en que viera la luz), mi elección se decantaría sin ningún género de dudas por la ramplona e inconsistente Perfect, contenida en ese disco y, por tanto, incomprensible único éxito de ese nefasto grupo. Todo, absolutamente todo de esa canción me repele, no salvaría ni una sola nota, todo es irritante e inaguantable. La simple elección de la misma foto para la portada del libro de Marías me rodea de dudas (teniendo en cuenta que he sido capaz de superar la fe merengue de Marías y, a pesar de todo, comprar alguno de sus libros), aunque al final haya de decantarme por el incuestionable hecho de que nadie tiene por qué compartir mís manías más viscerales, faltaría más.
Había otras dos portadas pero se verá más adelante.

Help fue un disco a beneficio de los niños damnificados por el conflicto en Bosnia, publicado casi de incógnito por artistas británicos, a finales de los 90. Escondidos en el anonimato, pues algunos de los músicos no desvelaron su participación o lo hicieron de incógnito, había muchos deliciosos fragmentos de música. Algunos se revelarían sucesivamente en otros discos : la gloriosa Lucky de Radiohead sólo sería parcialmente ignorada por su errónea ubicación en el tracklist de OK computer (se merecía formar parte de un quinteto final sin fallo en vez de la inferior Let down.




Andrew Weatherall, genio incomprendido para la masa, aportó esta joya de indescriptible dub de melódica, tan ignorada que me ha sido imposible encontrar otra cosa que este triste vínculo. Qué injusto es el mundo.

http://www.we7.com/song/Planet-4-Folk-Quartet/Message-To-Crommie+?m=0




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