dijous, 4 d’agost de 2011

LA DISOLUCION DE LAS FRONTERAS - PARTE 2

Mientras edito y reconstruyo una conversación que fue un pelo caótica (no ayudó que yo no sea ducho en el uso del modo grabación de voz de la BB, ni que Javier recibiera alguna que otra llamada que nos hacía perder el ritmo), comento dos cosas sin conexión aparente: igual que comenté que el libro de McCarthy me había propulsado al diccionario, mi empeño por terminar Soldados de Salamina me tuvo diez minutos de pie leyendo en la cocina de mi casa (con el fin de respetar el tiempo aconsejado para sofreír cebolla dulce). Y la otra: tras una sequía de algunas semanas, pues cinco capítulos de Game of thrones esperarán al momento oportuno para verlos, Modern family ha supuesto un agradable regreso a ese tipo de series que te tragas con una facilidad y avidez pasmosas. Con el gratificante añadido (estamos en verano y los críos se acuestan tarde) de ser prácticamente idónea para ver en familia.
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Javier Cercas me aclara que tiene que respetar pautas de su editor en el sentido de no desvelar detalles de sus próximas obras, y que tampoco podré tomar ninguna foto. Hablamos de primeras figuras en las que los gurpos editoriales tienen grandes intereses, que no pueden exponerse a que se sepa ni tan siquiera un indicio de la temática de su próximo libro. Por este mismo motivo, no me habla de viajes, de lecturas recientes, de personajes de la actualidad. Cosas de ser una estrella en el firmamento editorial (y espero que no se note el deje de envidia).

F.B. : Bién, me concentraré en las tres obras que he leído. Yo no las veo como una trilogía, pero he conseguido detectar, de algún modo, pequeñas coincidencias que no afectan a las tres, pero sí a dos de ellas. Podríamos comentarlas, si le parece: Tanto en Soldados de Salamina como en La velocidad de la luz parece que juegue a confundir al lector mezclando detalles reales de su biografía (la estancia en USA, los nombres de las primeras novelas) con otros completamente discrepantes : en la primera el narrador convive con una mujer que no es su esposa, en la segunda es un hombre que pierde a su familia. ¿Se trata de un juego que plantea al lector, y con qué sentido lo haría?.
J. C. : Bueno, esta cuestión linda con lo personal. O al menos no tengo más remedio que plantearlo así si quiero responderla. En mi caso, y por ese regusto supersticioso que arrastra la tradición en nuestro país, una cuestión como la muerte de la familia, tal como le ocurre al narrador en LVDLL, prácticamente era la rotura de un tabú. Hubo tanta gente que se interesaba por si eso me había pasado de verdad como gente que, sin tener muy claros cuales eran los detalles ciertos y los que no, me recriminó cierto morbo, o mal gusto, o inoportunidad. Recuerdo cierta película de Cronenberg donde el hecho más comentado es el asesinato frío y gratuito de una niña de corta edad. Pues mi familia está bién, y, si tengo que ser más sincero, aunque sea algo a lo que los que conviven con un escritor se habitúan, esperando que todo lo malo les pase en esas ficciones que, debo insistir, no protagonizo. Aunque el narrador tenga mi nombre y escriba libros que tienen títulos como los míos. Al lector le planteo aquello que pueda interesarle, y, como podrá deducir de mi existencia cotidiana, mi vida por sí sola no tiene nada de interesante, por lo cual hay que ayudar un poco.

F. B. : Otra cuestión común a dos de sus libros: el golpe de estado y la guerra. Usted califica, sin nombrarlo, a cierto dictador de gordezuelo, afeminado y astuto. A mí me gustaría más llamarlo taimado, que es una especie muy concreta de astucia perversa y con bajeza. En todo caso, ha notado alguna reacción entre sus lectores ante esos sutiles posicionamientos polìticos ?
J. C. : No, o al menos no de una manera notoria. Los lectores que coinciden con ese posicionamiento estarán contentos y los que no siempre pueden dudar si no son en realidad las ideas de mis personajes. He criticado una guerra absurda, un golpe de estado ilegal que triunfó y uno ilegal que no triunfó. Creo que hablamos de cuestiones cercanas a la objetividad. Y sí, taimado hubiese sido un calificativo bién empleado pero no reparé en él.

F.B. : Por último el único trazo común que se me ocurre en los tres libros es una especie de finalización con un carácter algo más introspectivo. Este trazo, que a mí me resulta acertado, podría ser que a cierto tipo de critica, a esa modalidad tan particular que aplaude finales abiertos y novelas inconclusas, no haya acabado de convencerle. Ha pensado en esta situación ?
J. C. : No, pero he de decirle que no planeo si el libro ha de tener un final o no. Puede que esas últimas páginas, sin estar planificadas, se manifiesten como el final del libro y deba detenerme ahí. Aparecen, y ya está.


Este es un momento sumamente dificil de la entrevista. Debo plantearle a Cercas que, con lo mucho que he disfrutado con cualquiera de esos tres libros, el verdadero detonante que me empuja a contactar con él es esa tercera parte en SDS, la parte de Bolaño que diría Bolaño. Es sumamente difícil darle un enfoque. 

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