dimarts, 26 de juliol de 2011

DESENCUENTROS EN LA TERCERA FASE

Gracias a los ánimos de ciertas personas, me planteo con cierta frecuencia dar un paso al frente en el tema de la escritura. El problema es lo que puede significar un paso al frente dependiendo del día. A veces puede significar simplemente no dar un paso atrás. Otros días es un esfuerzo titánico de una dimensión inabarcable puesto que, ante mí, hay una pantalla con 60 o 70 líneas esperando con avidez y simplemente, como en una partida de póker, no voy.
En días como éste repaso mentalmente temas por los que ya he pasado y, quizás, se merecerían un tratamiento más extenso. O anexos y epílogos y post-datas sin fín que lo matizan y lo completan, hasta tal punto que pueden acabar concluyendo justo lo contrario que la primera vez. La amistad: lo traté, volví a él, y los días, y ciertos hechos,  que siguen a esa vuelta, me hacen reflexionar. Pues la amistad, además del nombre del barco en la película de Spielberg, la ves de un color o de otra en función de en quién estés pensando.
Luego vuelvo a esa idea en la que se me insiste. Salgo a la terraza y miro al frente buscando por los balcones de otros edificios, algo que se mueva y me estimule a imaginar. Esa joven madre que se sienta aburrida a leer. Sonará el teléfono y lo cogerá con interés, o con desidia ??. Será una amiga que, tan aburrida como ella, le propone hacer algo excitante de una vez por todas o, al contrario, le sugerirá qué hacer de comer a la familia para salirse algo de lo normal. Y si suena el timbre ?? Se quedará temerosa, tras la puerta, pues le han dicho que en el barrio los ladrones se cuelan en los pisos diciendo que son de tal o cual compañía telefónica o eléctrica o del gas y que vienen a ofrecer tarifas regaladas, que ya está bién de pagar dos por lo que vale justo uno ??. O abrirá y desaparecerá corriendo, y la cortina se cerrará, y el libro quedará abierto en la terraza, con las hojas pasando suavemente con la brisa, que estamos ya a finales de julio y esta brisa ya es aire, que nos hartará el calor cuando lleve justo tres días, pero que querríamos verlo y saber que existe, porque empieza a parecernos que no.
Es todo lo que me sale, y por mucho que lo estirase y dijese que viste una camiseta azul marino con pequeños detalles dorados, que a lo lejos puede que sean tachuelas dibujando un logo, o que lleva una cómoda media melena rubia, que la hace algo mayor, pero que tiene un cómodo mantenimiento mensual, y que, total, qué otra cosa tiene que hacer que emplear diez minutos en pasarse la plancha de vez en cuando. Que en un rincón de la terraza guarda un paquete de tabaco al que acude cuando tanta tranquilidad la intranquiliza. Que, por si eso falla, tras unos botes en el armario de la cocina una amiga que la comprende le trajo algo de material para hacerse un cigarro de la risa
Lo que pasa es que no ve el momento, podría liárselo allí mismo, pero luego alguien olería el humo y sabría que eso no es un marlboro y pensaría que para qué narices ha de complicarse la vida inútilmente esa chica. Eso le traería recriminaciones calladas y miradas cómplices. No le importaría la complicidad si eso se convirtiese en una conversación, no por teléfono, sino cara a cara, pero piensa en ello y no le parece la mejor idea. Vuelve al libro, lee un par de páginas, se lo pone abierto sobre el pecho y, lentamente, cede al sueño.


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