dilluns, 27 de juny de 2011

UN VERANO DE CINCO LETRAS

Curioso título que me obligará a juegos malabares con la traducción. Uno no tiene otro remedio que hacerse el interesante. Decir que el blog no tiene reglas para luego improvisarlas a la medida de mis caprichos, es una manera de hacerlo. No malpenséis : una máxima personal es que no hay peor loco que aquel que piensa que su locura le convierte en fascinante. Intento no ser de ésos. Puede que no siempre lo consiga. A estas horas de esta noche que empieza a alcanzar temperaturas propias del calendario (pero si no me lo impide un estúpido catarro -hay que vigilar los aires acondicionados- , aún se puede dormir), en el pacífico entorno de este sábado post-post-verbena, mi sabatina calma se ve alterada de la manera más sutil. Cinco letras más un emoticono. De procedencia desconocida. De jerga relativamente anacrónica, sin serlo del todo. Acerca de un post donde puede que haya rozado lo pretencioso, pero si lo he rozado, saco pecho y digo que también habré rozado lo literario. He estado serio y esa seriedad ha coqueteado con la solemnidad. La solemnidad vive en un vecindario, con vecinas como la grandilocuencia y la ampulosidad; y primas lejanas como la inmodestia acuden a visitarla con una cesta llena de magdalenas con chocolate, que hacen que engorde.
A pesar de que ya he tirado un pequeño primer anzuelo (no sé por qué siempre quiero pescar sirenas, están mejor en el mar), me planteo si realmente quiero saber siempre quién est detrás de cada comentario. Por supuesto que quienes los firman cuentan con mi respeto y mi admiración (aunque me gustaría respetarles y admirarles con más frecuencia, sus posts últimamente se espacian demasiado), pero esos comentarios sin firmar, me descolocan. Porque aportan esa pequeña dosis de misterio, como cuando suena la puerta de casa sin que esperes a nadie a esas horas. Como un portero tapado por la barrera, querría que tirasen ya la falta, pero no me importa que se alarguen los preliminares. Hoy diría que no me gusta el sexo tántrico: que el camino es agradable pero hay que acabar llegando al destino. Pero otro día, y cuando escribo esto falta menos de una hora para que sea otro día, puede que me incline por mantener el misterio y añadir otro a la lista de los secretos irresueltos que me torturan, a la vez que me dan vida. La tortura es vida : leo esa frase escrita en el cielo por un avión pilotado por Carlos Wieder.
Pienso a estas horas que hace días que no me acerco a las acampadas. Que hay mucha cobertura en Facebook pero que la veo endogámica. Equilibrar la ignorancia planificada de los medios oficiales solo es creíble con una cierta objetividad. Con lo que me vuelvo a plantear, que el proceso pueda volver a su fase de progresivo languidecer. Que los políticos, los electos, andan con una carpeta bajo el brazo que contiene como título un eufemismo de qué coño hacemos con éstos. Y que esa carpeta un día puede cerrarse de sopetón, levantando un aire brusco y, a lo mejor, doloroso. Un político hace cálculos constantemente de como se traducen a votos sus actos. Los votos de los acampados ya están perdidos, porque esos no le votan, ni a él ni a sus antagonistas. Así que la manera de echarlos tiene que representarle la mínima pérdida de los votos de los demás. Pero esos canallas se han ganado las simpatías de bastante gente de a pie. Jodida gente de a pie, no tienen bastante con la TV. Si los echo a patadas quedo como un energúmeno. Si los mantengo soy un gobernante de mano blanda. He de reunir a mis asesores y seguir haciendo números. Valorar escenarios.
Últimamente tengo esta extraña costumbre. Empiezo un post un día para seguirlo al siguiente. Es un detalle de honradez por mi parte, pues podría publicar dos entradas cortas, que la multitud aprecia, y opto por una larga, inacabable que la multitud no aprecia tanto. Pero hasta la palabra multitud me abruma un poco. Puntuaciones para el gobierno de Mas hoy en la prensa. A pesar de la tibieza, pues no hay mas notas que el 4, el 5 y el 6, no creo que un periódico deba poner notas. Felip Puig es uno de los que obtiene un 4, al menos. Boi, el de Sanitat, tiene otro 4. Que pregunten a dos personas, bastante relacionadas y cualificadas, con las que tomé café hace unos días, porque en base a esas dos doctas opiniones a mí me sale un 0 de media. Luego leo que la Conselleria de Empresa, otra que se lleva un 4, está poblada de gente de Esade. Cosa que me hace recordar que debería dedicar un post enterito a ganarme unos cuantos miles de enemigos cuestionando el sistema educativo. 

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