dimecres, 13 d’abril de 2011

MARCEL PROUST

Lo dije y lo constaté, justo ayer. Ya no hay Cacaolat en los estantes del supermercado. Algún proveedor les ha cortado el grifo del suministro y la producción se ha detenido. Gracias, Ruizma, si no te las dí antes, pues a inversores incautos, pero ávidos de beneficio, les has dado tus pagarés de cartón piedra, a las arcas públicas unos cuantos quebraderos de cabeza, y a mí, me has quitado, hasta vete a saber cuando, ese sabor bicéfalo que me recordaba dos cosas. Caliente, casi quemando, las tardes de entretiempo en una lechería (se llamaban así) de la calle Valencia donde, no tendría más de seis o siete años, merendábamos tras salir del colegio. Frío, ya adolescente, algunas tardes, y esto ya era en granjas, cuando optaba por las tardes sanas, apartando cervezas y coca-colas. Porque hace 30 años un mocoso de 16 años podía pedir en un bar todas las cervezas que quisiera y se las servían. No creo que eso fuera muy conveniente. Pero también recuerdo meriendas con pa amb vi i sucre, (una rebanada de pan mojada con vino tinto y espolvoreada con azúcar), cosa inconcebible hoy en día, y que le hubiesen acarreado serios problemas a mi madre si hubiese pasado hoy.
No os creáis que porque haga todas estas referencias a sabores que emiten flash-back , a la evocación de tiempos tiernamente mozos, y al festival Scott Walker de la semana pasada, es que ande en una onda nostálgica. Miro al futuro, que incluso hoy abril de 2011 en un muy maltrecho mundo, me parece la mejor de las opciones. Lo de Cacaolat me fastidia, me indigna pues la familia de marras (que no se están de nada como decimos en mi tierra) ha conseguido la cuadratura del círculo : arruinar empresas, una tras otra, de sectores económicos tan declaradamente refugio como el alimentario. Y lo ha hecho por esa ansia megalómana de tener más y más empresas y hacer mayores organigramas y cuadros, como para demostrar que eso es poder y no otra cosa. Para un profesional tanto del rencor bién dosificado como del recuerdo meticuloso de todos y cada uno de los momentos en que recibes una ofensa, como es el firmante, un acto imperdonable.
En 1994 los miércoles constituían para mí un día de ceremonial. Obsesionado con las corrientes creativas musicales de esas fechas, todas fascinantes, ese era el día de la semana en que mi tienda favorita de discos (de todos los tiempos), la extinta Discos Castelló de la calle Nou de la Rambla, recibía el lote con las novedades discográficas de importación. Adicionalmente el mes de septiembre era un mes de rentrée en el mercado musical con lo cual muchos artistas lo elegían para sacar sus obras. Recuerdo un miércoles de ese mes en que volví a casa con el siguiente trío :

Dummy de Portishead
Protection de Massive Attack
Snivilisation de Orbital

Cualquiera de esos tres artistas eran de los que me tenían pendiente de lo que pudiesen editar por lo que esos tres importantes discos de golpe fueron sinónimo de un día grande. 16 años y medio despues he de decir que no todos esos discos corrieron la misma suerte.

Los Orbital perdieron completamente el oremus y a base de repetirse y perder la inspiración andan en el olvido de mis gustos. Oigo sus canciones y rememoro, como si tomase un Cacaolat, ese momento de cierto desfase ácido, pero a veces se me hacen largas.
Los Massive Attack aún editarían otro gran disco, Mezzanine, lleno de títulos y estética y música inspiradora, que lamentablemente se nos hace excesivamente familiar cuando los publicistas empiezan a hundir sus zarpas en ella con demasiada frecuencia. Protection fue ese difícil segundo disco y, con la salvedad de la horrorosa versión de los Doors que aún no alcanzo a saber que hace ahí, se deja escuchar.
Y Portishead son otra cosa. Dummy es eterno, y es, como puede que acabemos diciendo, a este paso, de los XX, el disco que justifica toda la obra de un grupo. La piedra filosofal, la de Rosetta, el acto inaugural, el reflejo de la introspección, perlas por todas partes, y en medio de ellas, este diamante, otra vez una canción cuyo arreglo de cuerda me eleva hasta hacer compañía al meteosat. Que me dice que hará buen tiempo.


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