dimecres, 2 de febrer de 2011

LOS FABULOSOS TENENBAUMS

Mi familia es una suma de personas normales. A quién la normalidad le sugiera grisura y vulgaridad allá él, o ella. No tengo un proyecto educativo respecto a mis hijos. Dudo que nadie sea tan frío de tenerlo a la hora de dejar embarazada a tu pareja, o cualquier otra opción por la que uno se haga padre. Mis hijos ya van siendo grandecitos para ver como andan las cosas, y no pienso ponerles una venda en los ojos para que piensen que van mejor. El mundo es cruel y competitivo, los buenos no siempre ganan, la injusticia en sus diversos e interminables grados campa a sus anchas, resumiendo, una selva.
A mis hijos les diré que no desperdicien emociones. Bueno, les diré más cosas, pero esta se la voy a aconsejar con mucho tesón. Que procuren amar y odiar sólo cuando sean correspondidos, pues tanto el amor como el odio no correspondido son sentimientos estériles y agotadores, fuentes de sufrimiento que acaba en el vertedero. No sé por qué motivo puede que ahí funcione la ley del talión. Respecto a otras cosas, si quieren ayudar a los demás pueden hacerlo siempre que no sea a costa de fastidiar a otros. Mi hijo pequeño, con nueve años, es un niño cariñoso y temperamental, que exige que le escuchen. Sólo piensa en jugar a fútbol y en cumplir con las obligaciones que le he exigido para que pueda hacerlo. Mi hija de trece años hace muy bién de niña de trece años, sólo piensa en sí misma, y sé que se le pasará, pero me temo que lleve un tiempo. Mi mujer empieza a caer en la cuenta que la madurez no está tan mal, que tres o cuatro años de tener terror a estar en la cuarentena ya son suficientes.
Nadie de mi familia sabe que escribo este blog. No he visto el motivo de decírselo pues se trata de un espacio, ese espacio que los psicólogos se llenan la boca defendiendo que todos debemos tener para recuperar algo de intimidad y privacidad. De todas maneras sólo deberían poner mi nombre en un buscador y ahí me encontrarían, y tampoco sé que reacción les produciría. Yo estaría orgulloso, pero yo soy yo, y hay quien puede considerar ésto una pérdida de tiempo ( una pérdida de bastante tiempo ), y recuerdo alguna frase de Bolaño que mencionaba el inútil aleteo de un pájaro, pero no de manera textual, así que será otro día.
Crecí en una familia normal, fui estudiando y haciendo lo que más o menos todo el mundo, hasta que un día empecé a trabajar, y ese es un punto en el que empiezas a alienarte. Defiendo a capa y espada la máxima de la división del horario : 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso, 8 horas de ocio. Sin ocio la vida está vacía. Sin ocio no hay cine, no hay música, no hay cervezas con los amigos ni charlas absurdas en bares mientras te miras el reloj y te das cuenta que se ha hecho tarde, ya.
Ya sé, 6Q, que John Barry era un motivo para colgar links con el youtube: estaba triste pues era uno de los grandes, él y Morricone son músicos fronterizos que han franqueado barreras y abierto brechas por dónde otros han circulado. Portishead no existe sin Barry igual que muchos otros no existen sin Kraftwerk. He de hablar de Kraftwerk, pronto debo hacerlo. Y lo de John Barry me pilló cuando aún no había digerido lo de Mick Karn, y lo de Mick Karn me hizo pensar en John McGeoch. John McGeoch era el guitarrista de Magazine, también murió, físicamente, hace unos años, en su casa mientras dormía ( no soporto a los pesados que dicen que querrían morir así ). Trabajaba de enfermero, con lo que uno lógicamente concluye que su magna obra en Magazine no le facilitó suficientes réditos para disfrutar de un cómodo retiro. Dudo que alguien de los que frecuenta ésto haya oído una sola canción de Magazine, banda seminal que vendió como menos de 200 discos en nuestro país, mientras su corte de malos imitadores pasaron a forrarse a base de copiarles de la peor manera pero promocionarse mejor que ellos. Y Magazine grabaron una versión del tema de Goldfinger ( John Barry, por supuesto ), que cogió prestada su melodía y su grandeza, pero Howard Devoto no era Shirley Bassey y su manera de cantar la convirtió en otra canción, genial pero diferente. No todo el mundo sabe versionear. Mientras McGeoch murió en el anonimato y carente de toda la repercusión que su obra le hizo merecer, uno tiene que aguantar que memos como Bisbal ( sólo puede salir de donde salió ) hablen de situaciones políticas y de pirámides como si a alguien les interesase lo que iban a decir. 
6Q, ahora le toca a Jordania. Curioso lo de Abdallah y Rania, estéticos monarcas rodeados de lujo y top brands, que ven las barbas de sus vecinos cortar, y se apresuran a improvisar. Pues me temo que la cimitarra no va a parar, y cada vez veo más claro que esto generará un efecto copycat sumamente difícil de controlar. Es gente, mezclada, heterogénea, que pide libertad. Quieren ser libres y quieren liberarse de algo. Y me temo que el yugo de occidente, yugo formado por los títeres que a modo de consejeros delegados tolerábamos allí, son una parte importante de aquello de lo que quieren liberarse.
Cuidado, cuidado.

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