dijous, 30 de desembre de 2010

EL INDICADOR

Debo interpretar de una manera definitiva ( analicemos la palabra : es irreversible ) que soy mayor, porque no me gusta el hip-hop ( ni el rap, ni los graffiti, ni las gorras de lado, ni las camisetas o pantalones seis tallas más que la tuya ?? ), a pesar del empeño que he puesto en ello ??. Es ésa la prueba definitiva, el test del ácido, el argumento incontestable, que certifica mi obsolescencia para engancharme a cualquier nueva corriente ?. 
Puestos a pensar, no sé la razón por la cual le he negado al heavy metal o al bluegrass o al rockabilly las oportunidades de las que ha dispuesto el hip-hop. De hecho, me paro a pensar y no tiene nada de justo, como la gran mayoría de las cosas del universo. Para empezar, la aclamación crítica ( la crítica que yo teóricamente respeto ) sigue dejándome bastante atónito. Sin ir más lejos, el disco de Kanye West ( de las narices, digo, ya puestos )  sigue con su 10.0 en la exclusiva y reverenciada www.pitchfork.com. No era cuestión del tirón de los primeros días. Y ahora RockDeLux le cuelga el número 1 de sus discos del año. Y yo me lo sigo mirando con la misma, la misma sensación, que si tuviese un libro en casa escrito en ruso, con sus carácteres cirílicos : no pillo nada. El artículo de Quim Monzó de hoy ( habrá que establecer turnos para entregar cheques cuando este blog dé royalties : 6Q, despues Bolaño, despues Monzó) habla sobre la curiosa ordenanza de la ciudad referente a los graffiti. Ahora multarán a los comerciantes que toleren al grafittero hacer un trabajo artístico con tal que le dejen en paz: ellos también vulneran la ley. No debo ser el único al que el tema de los graffiti tiene más que frito. Curiosamente, en vez de sospechosos pertenecientes a temidas maras de orígen hispano, creo que los graffiti que decoran la puerta de acceso a mi párking son obra de simpáticos muchachotes de familias benestants de los que van a la Escola IPSI. Antes de exponer mis huesos a una demanda, aclararé que es una opinión propia, pero con sospechas bién fundadas. Alejándome todo lo que soy capaz de posturas reaccionarias, debo aclarar que a mí lo que me parece un adolescente pintando con spray en un sitio donde no está permitido ( ergo : dónde otra u otras personas van a tener que asumir el gasto de limpiarlo ) no es ni un artista, ni un inadaptado, ni un pobre enfermo, ni un héroe urbano, ni un líder alternativo, ni cualquier otra soplapollez : es un gilipollas que se comporta como un gamberro. El que proliferen de una manera tan descabellada no los hace mejores, solamente más difíciles de tratar y vencer. A base de ser multitud, los delincuentes no deben tener otro destino que si fuesen unos poquitos. Me quejo del sistema pero al menos que funcione para eso. Tengo claro que mientras mis hijos no sean mayores de edad yo debo responsabilizarme de sus actos. Así que sugiero que sean los papitos de los graffiteros los que sufraguen la vena creativa de sus niños, entre todos, hasta que Barcelona este limpia de semejante porquería  supuestamente enrollada, básicamente porque ellos acaben tan hartos de pagar como nosotros de presenciar tanto arte de una manera impuesta.
Segundo intento con el hip-hop, pues : ésta la medio aguanto por la relativa originalidad de incluir un sample de tango: pero todos los tópicos ( graffitero, collares de oro, et al ) están ahí. No busquéis a Mrs. Dynamitee... se ha pasado a los baladones cargados de azúcar. 


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