diumenge, 30 de setembre de 2012

LOS TIEMPOS MUERTOS

No creáis que no me fastidia tener que andarme con excusas y explicaciones sobre la discontinuidad que parece afectarme últimamente. Sabed que si lo hago es porque también considero que incumplo al compromiso conmigo mismo: el de sentarme y refugiarme en escribir unas cuantas cosas un rato al día. Si no lo hago (sobre todo si no lo hago hasta llegar al punto en que las manos ya van solas) me siento algo intranquilo, pues iba a decir incompleto y eso sería ya muy pedante. Mira el hombre importante que no se siente realizado hasta que vomita parte de su bilis hacia el exterior. Sí: eso pensaría de mí mismo si me dijera incompleto por no escribir. Pongamos que necesito marcar una cajita de esas de los formularios, y acostarme sin poner algo junto a la fecha del día me lo impide.
Y no tengo por qué hablar siempre de cosas que me gustan o me entusiasman: un cierto sentido de la reciprocidad me obliga a leer dos libros en los últimos días, dos libros de esos cuya pila de páginas pendientes te miras constantemente pensando: no vas a vencerme, acabaré de leerte y verás lo que pienso de tí. En distintos matices, por eso, pero libros que te echan a los brazos de otros como si fuera un amante despechado: por el frío deseo del olvido del mal trago, y algo de sed de venganza.

Ruido de cañerías es una insípida novela negra de un escritor barcelonés llamado Luís Gutiérrez Maluenda. Que se autoproclama antiguo ejecutivo informártico entregado al bohemio arte literario por vaya usted a saber qué razones. Me envía su libro con una amable dedicatoria a la que, si soy justo y soy equitativo, debo responder con una crítica sincera. La sinceridad es un arte con vocación deficitaria: o aquello de las verdades y las amistades. Este libro es un refrito de toda una serie de novelas negras ambientadas en los bajos fondos barceloneses (o lo que eran los bajos fondos en algún momento), con detectives decadentes y antiestéticos en su atribulada existencia. No aporta nada que no se haya visto ya en algún lado, salvo incrustar (a martillazos, con poca gracia, con incluso diría que algún encubierto sesgo) a algún personaje de gran actualidad, en un fallido intento de aportarle atractivo por veracidad y contemporaneidad. No es así, y se convierte en un folletín solo unos pasos por delante de las novelas del oeste o las románticas: escritura a tantos céntimos la palabra, rellenado y alargamiento hasta las 250 hojas a base de hechos insustanciales y alargamiento de una trama que cualquiera comprende que no supera el merecimiento de un relato a incluir en cualquier recopilación de medianías.

El hombre que inventó Manhattan merece una distinción especial, pues donde el autor del libro anterior seguramente no sea más que un aficionado al género que es entusiasmado a publicar por su ego y una corte de amiguetes que le aplauden chascarrillos, Ray Loriga es otro especimen. Emparejado, e ignoro si la unión dura (esto no es la prensa rosa) con Christina Rosenvinge, rubia cantante de ascendencia danesa afincada en Madrid, dada a conocer como componente de un dúo de pop que en algún remoto año acudió a algún festival, creo, de Eurovisión. Ambos residieron, o residen, en NY. Ray Loriga es un señor obsesionado en parecer atormentado y auténtico: en mostrar una imagen poco sana y poco aconsejable: seguro que está unos días sin lavarse ni afeitarse antes de cualquier sesión fotográfica. Le gustaría ser sorprendido borracho en cualquier presentación y protagonizar una camorra de dimensiones descomunales y, seguramente, acabar con un par de cicatrices. Como no ha logrado consumar tan nobles objetivos, se dedica a escribir cargantes libros como éste, auténtico manual de despropósitos literarios y de clichés del más manido de los estereotipos underground: bares y esquinas de NY, personajes oscuros, mundillo sórdido de diseño y demás patrañas empaquetadas en un libro cuyo fin es consolidar lo que para Loriga sería el mejor de los cumplidos: acabar demostrando que, a base de vivir en NY y patear sus calles y someter a su hígado a sus licores, ya es un newyorker más, ya piensa incluso en inglés (por eso algunas de sus construcciones en castellano son tan torpes y obvias, claro) y, a poco que se descuide uno, es ya no un canalla sino una desaconsejable compañía. Alejen a este hombre de los niños. Y a mí, de sus insoportables libros.

8 comentaris:

  1. Company , despotricant del Loriga m´has donat l´alegria del dia. El vaig descobrir fa 20 anys i ara 25 anys despres no sols segueix el mateix o pitjor cami sino que l´encanta al meu fill . hauran de passar 20 anys més i avima si deixa d´escriure sia per cirrocis o per encefalograma pla. salut i bona lletra.

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    1. Gràcies !! No et tenia controlat/controlada, però hi ha un retorçat plaer en carregar-se un ximple pretenciós com aquest paio. El teu fill ?? ja deia jo que l'allunyessin de les criatures !!

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  2. Pobre Ray. ¿Aún vive? (H)Ostia, por la foto se conserva en formol, o algo, es de esos con los que, mientras vives y pasan los años, tienes la sensacion de que avanzan hacia atrás, y los rebasas, y te quedas pensando: joder, si lo leí de niño y ahora soy yo el viejo. ¡Qué broma es esta! Lo ignoro un poco, y por ser colega de José Angel Mañas -a éste mucho, es casi un odio-, otro poco.
    Ahora estoy con Don DeLillo. De momento parece un grande. Pero antes quiero aprovechar esta madrugada para ponerme al día con ust..., contigo.
    Agur, egongo gara, Bon.

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    1. Joder con el Mañas, este quiere ser Ian Curtis (y también quier fotografiarse en B/N).
      Menudo fracaso el mío con DeLillo. Tres libros, tres, en los que he llegado hasta la página 70, abandonando por que nada pasaba o lo que pasaba no lograba interesarme. Juro que lo intentaré de nuevo.

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    2. Yo estoy leyendo Cosmópolis, va un poco con mi estilo, escribir bonito pero contar, lo que se dice contar, poco. Me pasa parecido con la música, nunca escucho la letra, a mi, después de una canción me preguntas lo que cuenta y ni idea. Pero hay temas que suenan maravillosamente. Voy a escuchar ahora tu propuesta de arriba, creo que se trata de Frank Ocean, tengo una 'playlist' con muchas de tus propuestas del blog, para mi que aciertas.

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    3. Justo Cosmópolis fue uno de esos tres, y el que más se acercó a ser leido hasta el final: Body Art fue insoportable y Ruido de fondo, dicen, su obra maestra, ni siquiera había tenido un arranque significativo.
      Frank Ocean: recomiendo, del link pegado hoy, ver el vídeo de Pyramid (lo que más me impresions) y una sesión compuesta por algunos de los ases: Sweet life, Super Rich Kids, Sierra Leone, Pink Matter. Exuberante.

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    4. Certifico el comentario anterior de Francesc. Estas eran sus palabaras en mayo 2011:
      "Cosmopolis, de Don DeLillo : tras tres intentos concluyo que no es el libro, o no es el momento, o no soy la persona, o no la reencarnación de mi persona en que pueda disfrutar de él. Sin arranques en falso, sin decepciones, ya son tres veces que miro, nervioso y dubitativo, la estantería en busca de otra cosa. Componente de una especie de tercera vía entre la angustia eternamente adolescente de Bret Easton Ellis o David Foster Wallace, y la madurez ligeramente decadente de Roth, McCarthy, o Ford, no sé que le pasa a DeLillo para que no enganche."
      Francesc Bon, 09/05/2011 Post: "Lo más alejado a una melodía"
      Saludos,
      THEVILLACRESPORKER
      ESCRIBANO

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    5. Muchas gracias, Sr. Villa por su testimonio: el jurado volverá a llamarle si lo estima necesario. Mientras tanto, siga viendo el fútbol.

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