dissabte, 19 de maig de 2012

BASURA BLANCA

Títulos alternativos (por eso están en mayúscula), al que finalmente le he puesto a este post, y que han dado vueltas en mi cabeza (como el cóndor en el post de Germán; todo el mundo debería oír eso) hasta que el definitivo ha caído a plomo, como tirado al contenedor por los clásicos vecinos cachoperros que no soportan que nadie les vea por la escalera en pantuflas y batas de guatiné:

SIMPLEMENTE DI NO
FIRME PATADA AL HIGADO
LOS MALOS OLORES
CONSEJOS PARA EL TIEMPO LIBRE

Y de todo esto tiene la culpa, para variar, un libro: Knockemstiff, de Donald Ray Pollock. 

Seamos ordenados.

El autor: un tipo en los cincuenta largos, que incluye en su dedicatoria de este, su primer libro, publicado hace unos dos años, a sus nietos. Que ha trabajado 32 años (desde los 17 a los 49) en la fábrica de papel que menciona en varias ocasiones. Que se ha licenciado por la Universidad en el 2009.

El traductor: importante su papel. Porque Javier Calvo también es escritor, en una onda contemporánea como Ray Pollock, y lo hace fenomenal. No traduce el texto como algunos, con el piloto automático. Comprende al autor y a los personajes y el tono de los relatos. Como un buen árbitro que no influye en el resultado, pero al que los entrenadores acaban elogiando.

El prologuista: Kiko Amat, otro escritor más en longitudes de onda parecidas. Que diría que se alarga algo; como esos programas introductorios a una gran película, como el exceso de publicidad. Ya hace rato que estamos salivando, Kiko, déjanos ya ver el programa principal.

El libro: Knockemstiff es una colección de relatos sobre andanzas de los personajes que viven (se podría decir más adecuadamente, pululan, o vagan) en el pueblo que le da nombre, rincón olvidado del estado de Ohio. Un nombre que viene a significar "golpéalos hasta dejarlos tiesos". Los personajes y los hechos, dice Pollock, son ficticios. Menos mal, eso esperamos. Porque el primer cuento te tumba en el suelo y el segundo empieza a molerte a patadas de las que ya no te vas a levantar. Relatos unidos por una especie de línea común, con personajes coincidentes que se van situando en los relatos como principales o secundarios. Algunos de ellos premonitorios de desgracias que se corroboran en otros. ¿Qué hacen los personajes del pueblo, y por tanto, de los relatos?. La mayoría de ellos, malvivir. A causa, básicamente del aburrimiento y de la absoluta falta de perspectivas. Casi todos coinciden en querer salir de allí o, si lo han conseguido, no volver jamás. El caldo de cultivo del aburrimiento les lleva, fundamentalmente, a usar las más variadas sustancias para sobrellevar días y noches: medicamentos, los que sea, sustancias inhalables, alcohol, tabaco. Consumidas casi todas ellas al límite: se trata de sostenerse en el limbo del cuelgue (el being high) el máximo tiempo posible, porque en el suelo, esto es lo que les espera: porquería, por todos lados, moho, polvo, comida pasada de fecha, más alcohol de baja calidad, relaciones sentimentales y familiares enfermizas. Enfermedad, también. Calor y sudor a raudales, cuando no, frío inmisericorde. Caravanas desvencijadas, agujereadas, donde nada funciona salvo para volver a estropearse a continuación. Polvo, otra vez, sí, en forma de capas sobre las cosas, en forma de bolas por el suelo, o en los rincones de bolsos y bolsillos. Armas, esas sí, siempre bien engrasadas para ejercer sus funciones. Coches antiguos con problemas mecánicos, pero que van funcionando. Polvo, pero del otro, el que se echa también por aburrimiento.
Me acuerdo de la estética palurda de My name's Earl, pero aquí no hay mujeres apetitosas, ni rastro de buen corazón por ningún lado. Hay envidia a raudales; si alguien tiene algo que le ayuda a evadirse, quiero lo mismo, y si no lo encuentro, te lo robaré. Si eres un niño, un abuelo, una mujer débil y enferma un desgraciado que necesita eso para vivir, cuando yo lo quiero para pasar las siguientes dos horas: tu problema, chico. Ya veremos a lo que quieres exponerte si no quieres dármelo. Cualquier cosa. Menos un libro, por supuesto. Aquí han llegado las armas y las drogas pero no los libros. Eso es para los pijos como aquella pareja de California que no te dejan tranquilo hasta que te hacen la foto. Bastante que se han ido enteros.
Me acuerdo, claro, de los relatos de Carver, (de algunos de Irvine Welsh, también) y de los muy recientes en mi memoria, los del libro de Wells Tower, aunque este libro de hoy es muy superior. Porque al final puedes llamar a Knockemstiff colección de relatos o puedes llamarle novela con capítulos que tienen nombres en vez de números.En el fondo es irrelevante: una vez lo has leído, extasiado y algo incómodo (pues los dos últimos relatos son extraordinarios), te sientes feliz de no haber pisado en la vida un sitio así, más que gracias a la magia de la lectura.

8 comentaris:

  1. Este tipo de literatura me gusta mucho.
    Cuando mencionaste a Welsh, recordé aquel sargento de la policía que tenía un insoportable sarpullido en los huevos.
    Son como los ambientes de John Fante, o las situaciones de Palahniuk o los personajes de Ellis: a veces es un alivio cerrar un libro (no ser parte de todo aquello) y regresar a nuestra predecible (y serena) rutina.

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    1. De hecho, olvidé mencionar alguna referencia más: delirios enfermizos a lo Hunter S. Thompson, o una especie de Twin Peaks sin misteriosos semáforos ni gente guapa por las calles.

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  2. Uff, pues a mí me echa pa´trás! No sé si me animaría a leerlo...

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    1. Para eso están las bibliotecas !! Libros así hay que probarlos. Lees los dos primeros cuentos y rápidamente sabes si es lo tuyo o no.

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    2. Talita... hace mucho que no escribis... vamos !!!

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    3. No presiones a los genios, Germán, que vas a parecer un editor del viejo mundo !1

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  3. Que ganas de leerlo me diste! Justo lo que estaba buscando, lo encontraré?

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    1. Por los cauces legales, ni idea de si está publicado en Uruguay. Si eres capaz de leer en inglés (y aventuro que debe ser un inglés rarito, porque la traducción debe haber sido difícil, es realmente muy brillante el trabajo del traductor), puede que algo esté por la red. Yo no lo he podido encontrar por Internet: las bibliotecas de mi amada ciudad me han hecho el trabajo.

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