dilluns, 5 de desembre de 2011

TRISTES CONSUELOS DE UN PEQUEÑO PAIS

Pocos meneos le he dado desde este blog a nada como el que le propiné a Soldados de Salamina, la película, tanto por las licencias argumentales contrarias a un mínimo sentido de la coherencia, o de respeto a la obra escrita, como por la pérdida implícita de la puesta en escena de una trama tan calculadamente ambigua: las imágenes tan clarificadoras se sacudían despreocupadamente (como las empleadas de la limpieza de los museos que nombra Monzó en su artículo) cualquier atisbo de misterio y especulación. Adicionalmente, un libro del director de la película, David Trueba, anda hace años por mi casa, fruto de una tómbola escolar, sin que exista intención alguna por mi parte de ir a abrirlo: ni ser editado por Anagrama le ayuda. Con todo eso, queda claro que David Trueba es un personaje por el que no siento un especial interés. Aunque sea por el injusto motivo de parecerme un hermanito que florece a la sombra de un más exitoso Fernando Trueba. 
Pero resulta que el sábado oigo un resumen de la semana en RAC1. Basté entrevista a Trueba y él, madrileño y residente en Madrid, se expresa en un correctísimo y afanoso catalán (afanoso compensa, completa y complementa cualquier pequeña tara que aleje a correctísimo de la perfección). Cosa que no debería ser tan extraña: ha convivido largo tiempo con Ariadna Gil, es amigo de Pep Guardiola, y parece formar parte de una élite intelectual ligeramente escorada a la izquierda que, desde el centro del estado, desmiente que los catalanes comamos niños o abandonemos ancianos o seamos colaboradores en la sombra bien de la internacional sionista, bien, según el día, del integrismo islámico. Entonces automáticamente su figura pasa a interesarme algo más, con lo que pienso si Cercas no dio el beneplácito a los cambios de su obra, en aras de un mayor alcance comercial, si el libro en los estantes no se merece al menos una lectura de sus primeras páginas, si lo que yo he sido con él no ha sido injusto basándome en prejuicios.
Entonces ayer me pasa lo mismo (no tres cuartos, como dicen los catetos: lo mismo) con Feliciano López. Que lejos de publicar libros en Anagrama o adaptar películas de escritores favoritos es, elegid el orden, tenista (el deporte más aburrido de ver del planeta, tras el golf) y popular de las revistas del corazón más cutre, por sus constantes cambios de pareja. Tenista, pichabrava, merengue. Nacido en la meseta. Con, se entiende, un nulo interés por atraer a la gente por nada que no sean sus méritos deportivos. Lo oigo también en RAC1, comentando la final de la copa Davis. Y habla, él también, en un excelente catalán. Eso me deja, ya, estupefacto. Porque uno podría decir que Trueba es una persona de un entorno culto en el que se aprecia el plurilingüismo, y una pareja catalana, aunque ya se haya separado, es una poderosa influencia. Pero Feliciano López. No le veo ningún motivo para que se haya tomado la molestia de aprender mi idioma, que no sea el más puro y altruista, pues, aunque los del PP se obstinen en negarlo, es perfectamente posible (muchos casos lo demuestran) sobrevivir en Catalunya sin hablar una palabra de catalán, siendo un deportista de élite, siendo cualquier profesional de élite. Sabes que la masa se adapta a tí y a tus caprichos. El conde de Godó no recuerdo que haya dicho una palabra en catalán en su vida, públicamente, por ejemplo. Pero Feliciano López. Que ahora tiene una novia catalana, pero que eso puede durarle tres meses. Porque Iniesta también tiene pareja catalana y pertenece al Barça donde eso es especialmente visible (Begiristain, Bakero, Salinas lo hicieron más tarde o más temprano; Cruyff, nunca). Pero Feliciano López. Que se arriesga a que los de siempre le recriminen que emplee ese dialecto o que se rebaje de esa manera. No mentaré aquella frase de la letra de Pedro Navaja. Hasta eso me ha dejado enmudecido. Puede que luego vuelva a cogerle manía, porque se exceda en alguna celebración merengue (veo lejos las celebraciones merengues, pero eso no toca hoy, toca esta semana, pero no hoy). Puede, pero la realidad es que hoy este tipo me ha caído bien.
Lo cual es triste, en el fondo. Los catalanes vivimos tan resignados y tan retozones en nuestras propias miserias de la realidad, que ya no puede ni ser mencionada en nuestro propio parlamento. Resignados ante la perspectiva de un rodillo que se acerca girando hacia nosotros, un rodillo que nos dirá que tanta gente mandando sobre cosas parecidas no tiene ningún sentido (a lo que diremos que sí) pero que los que dejarán de hacerlo no serán los de allí si no los de aquí (a lo que CiU dirá que sí, que claro, que cómo no).   Y encontramos consuelo en estas tonterías, el mismo consuelo del niño que quería ir al cine y comer palomitas, y luego ir a los futbolines para acabar cenando en cualquier lugar de comida basura donde le regalan un muñeco inútil made in Vietnam, para acabar conformándose con ver una copia pirata en DVD en casa. 
Triste consuelo, coño, que tres personajes que no son ni la punta del iceberg, porque apenas hay más, decidan sacrificar algo de su intelecto en usar un idioma que no les simplifica la vida, como el inglés que es tan necesario hoy en día, que más bien se la complica, con tanto talibán que se erige en policía del gusto de la mayoría absoluta, que está a solo unas letras de ser absolutista.



2 comentaris:

  1. Amigo James.Tu escritura, por ser de un amateur,aceptable.Te esfuerzas, se nota.El contenido de este escrito es mejorable, demuestra una confusión terrible de la realidad.Digo confusión por no llamarlo de otra manera menos agradable.

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  2. Hola, ilustre desconocido. Porque lo de los comentarios me gusta, pero lo anónimo me desconcierta, me hace indagar.
    Amigo James suena familiar, pero la palabra aceptable suena un pelo condescendiente.
    Todo aquí es mejorable pues tal como sale, casi, ahí se queda. Poca edición, apenas correcciones y tira que te va.
    La palabra confusión. No sé cual es peor pero podrías decirla., te animo a ello. Caos, despiste, desorientación. Confusión es cuando intervienen esos sentimientos patrióticos extraños, por cuyos vericuetos acabas pensando que, con tal de que sea en tu idioma (que es un medio y no un fín), ya te va bien incluso que te insultaran. Bueno, si te da por identificarte, tú verás, hasta entonces, un apretón de manos.

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