dimecres, 7 de desembre de 2011

BANDERA DE CONVENIENCIA

El euro peligra.
La confusión reina en mí.
El estado peligra por nuestra mala costumbre de los puentes y las fiestas entre semana. Hay que celebrar el jueves santo en lunes, el 1 de mayo en 4 de mayo y el 1 de noviembre en 29 de octubre. Primero de año será el 3 de enero si cae en lunes. Todo unificado y cuadriculado, en aras de la planificación que la industria requiere para ser productiva.
La papa reina en mí.
La productividad es la nueva religión, el nuevo canon que ignora circunstancias particulares.
El dislate reina en mí.
Hay que unificarlo y homogeneizarlo todo : los tipos de IVA, las prestaciones, los horarios de las comidas,  el número de besos al saludarse, la temperatura ambiente en las viviendas, el color de los cables de la electricidad, el número de páginas de los libros, su tipo de letra. Los campeones de liga, las tallas de la ropa y el calzado, el espesor de las capas de pintura, la composición de los quitamanchas, el calibre de los limones y el grueso de la rodaja que pones en tu copa. El número de cubitos. Los años de cotización, el porcentaje de dinero negro. Los dedos que se levantan para mostrar el tres.
El aturdimiento reina en mí.
Después de tanto tiempo, lo hemos descubierto: es nuestra mediterránea manera de ser, la de defender el ocio como algo integrante de la naturaleza humana, la de alargar la vida en verano, la que nos arrastra al infierno.
El caos reina en mí.
A los ingleses y los americanos les da igual que los iraníes o los afganos les insulten en su idioma, o en cualquier otro. Pero no les caen más simpáticos si lo hacen en su idioma.
La desorientación reina en mí.
Los ministros también lloran, aunque alguno dirá que lloraba porque era una mujer.
El desorden reina en mí.
Quedémonos en casa pensando como producir más. En silencio.





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