diumenge, 28 de juny de 2015

Y15W26: Bloqueo

Si este mediodía cruzaba la calle, de esa manera como se cruzan las calles de poco tráfico cuando es sábado: demasiado pendiente de tus cosas para pensar en la posibilidad de que un chalado con prisa no te vea. Pensaba en lo poco que había dado de sí esta semana en cuanto a cosas sobre la que merezca la pena escribir aquí. Hasta he pedido una pequeña ayuda por mi cuenta de Twitter, cosa que no ha servido de nada. La cuestión era que andaba incluso dispuesto a apelar a esa especie de automatismo de que disponemos los que ya escribimos con cierta frecuencia. Empezar por algo nimio e irrelevante, y dejar que las secuencias de relación llevaran a buen puerto algo con un mínimo soporte estructural.
Al final no ha sido necesario. Y no lo ha sido porque me haya dado de bruces con un gran libro o un gran disco que haya obrado milagros. No. En Barcelona, a finales de junio, la única novedad podría ser que el calor húmedo no nos aplaste y no nos aboque a convertirnos en manantiales de sudor si no cedemos a la siesta del mediodía. 
Ya vengo comentando hace tiempo que, aunque no sea un obsesionado por la presencia en las redes sociales, vengo disfrutando enormemente de Twitter. Por encima de Facebook, amable, reposada y tendente a las polémicas de más largo recorrido, Twitter me tiene fascinado por su capacidad de inmediatez. Hablo de minutos. Yo, que vengo de una generación que esperaba casi hasta medianoche para ver el resumen del partido semanal del Barça (y que, bisoño, me preguntaba por el motivo de que este soliera ser el último que emitían). Atentado en Túnez. Cinco minutos, los hechos, Siete, las imágenes. Muerte de un famoso, inmediato. Parece que el médico que certifica el fallecimiento ande con una sesión abierta. Políticos haciéndose selfies juguetonas encerrados en ascensores de edificios institucionales que todavía no se creen estar ocupando merced a un cargo electo. Al Twitter, y a ser vistas en segundos. Antes de que lleguen los técnicos a sacarlos de allí. Todo ello mientras Twitter, a pesar de haberse convertido, de facto, en la primera agencia de noticias del mundo, no consigue ser un negocio. Parece que no se ve una manera clara de conseguir ese éxito y convertir esa utilidad en algo de que se pueda sacar provecho económico.
Para los no iniciados, una pequeña explicación. En Twitter puedes seguir a gente y la gente te puede seguir. Es casi siempre una libre elección. En un Tweet puedes ser mencionado por alguien que te siga o no. Y al revés. No hace falta pedir permiso a nadie, simplemente si a quien menciones le parece interesante lo que has dicho, le afecte o no, difundirá tu mensaje y tú obtendrás unos segundos de gloria relativa. Ello permite dirigirte a cualquiera que tenga una cuenta, en los términos que desees, y asumiendo los riesgos derivados de hacerlo con insultos, mentiras, vejaciones o acusaciones. No hace falta que comente que esos viejos mensajes pueden acarrearte problemas mucho tiempo más tarde. Pero hay un primer castigo que obtendrás si empiezas a acosar a alguien en tus Tweets. El bloqueo. El bloqueo significa que ese usuario dejará de estar visible para ti en tu sesión de Twitter. No se te permitirá ver lo que escribe. El bloqueo suele producirse porque le hayas causado incomodidad de alguna manera, aunque a veces puede que baste con que vean en tu perfil que eres un antagonista o una amenaza potencial.
Como usuario @francescbon ya he sido bloqueado por unos cuantos. No debería decirlo pero me enorgullece la lista que estoy reuniendo con todos los que detecto que me han bloqueado. Porque igual que la colección de discos o libros que uno reúne a lo largo de su existencia, o el  legado imperecedero de las obras, también habría que valorar el rastro de las enemistades que te has generado. Aunque los amantes del bloqueo gusten más del desprecio de la indiferencia. No, muchachos. Bloquear significa que te has sentido ofendido. Bloquear significa que no quieres saber nada, y eso no es un divorcio de mutuo acuerdo. Cómo no va a gustarme a mí ser bloqueado cuando muchas veces mi intención ha sido esa, molestar, incordiar, importunar hasta ese extremo en que, débil el contrario, hastiado el contrario, pudiste con su paciencia y le dio a la teclita. Sublime placer. Me encanta lo que supone: que el tipo en persona, o quien gestiona su cuenta haya visto que represento un incordio, que hayan notado mi presencia o mis comentarios y los hayan considerado molestos, inoportunos, hirientes, osados.

Who's who. O sea. Mis bloqueadores. Relación seguramente incompleta, ya que es imposible obtener de la configuración de Twitter quién te ha bloqueado. Hay que ir accediendo a perfiles para encontrarte la situación.

Gente de derechas:

Debo reconocer que son las joyas de mi corona. No sólo por el logro intrínseco de irritar a mis enemigos favoritos, sino por el evidente prestigio que ello me otorga.
Curiosos casos los de los políticos del teóricamente moderno y teóricamente impoluto partido denominado Ciutadans. Sus dos caras visibles más célebres, Albert Rivera y Jordi Cañas, me tienen bloqueado desde hace bastante. Parece ser que es una costumbre suya, y la verdad es que, con lo fácil que es provocar y lo pesadito que suelo ponerme, no puedo situar exactamente a raíz de qué. Supongo que en algún momento los arredraría para que me negaran lo que, sobre todo tras los resultados del 24-M se ha hecho evidente. Que son derecha recalcitrante, que se disfrazan de alternativa y son PP sin pedigrí ni encarcaramiento visible, y que, sobre todo, intentar pescar en río de aguas revueltas en base al engaño a su electorado.
Sería más esperable ser bloqueado por los políticos del PP, pues a esos les he estado dando caña desde el principio. Pero mi balance ahí es bastante patético: ni Rajoy ni Sánchez Camacho han reaccionado. Sorprendentemente uno de sus últimos fichajes, Andrea Levy, me ha bloqueado en cuestión de días cuando la he interpelado, a raíz de su mención de 12000 muertos como resultado del proceso de independencia de Kosovo, sobre su posicionamiento y sobre cuál era el bando que había infringido víctimas a cuál. Respuesta: te bloqueo. Curioso: joven, mujer, catalana, con proyección, con un perfil donde sostiene ostentosamente un libro de la Matute. No aguanta dos asaltos de preguntas sin tono intimidatorio. 
A esta muestra cabe añadir algunos de los ejemplares cada vez más pintorescos de ultraderechistas (no sé, por eso, si este calificativo excluye al PP o a Ciutadans de ser calificados de ultraderecha) como Pío Moa o Norberto Pico, con quienes el cruce de comentarios ha ido por otros derroteros. Pero es que no puedo con la gente que defiende a esa gran mierda que fue Franco. Tengo trabajo pendiente, hay una tal Sandra España (...) que llena la red de estadísticas falsas comparando la vida bajo el dictador con la actual. Un objetivo como tal otro.
Y a pesar de no haber desayunado durante muchos meses sin enviar un mensaje conteniendo solamente las palabras @ciuduran y "botifler" (veáse mi último post), no conseguí reacción alguna.

Gente teóricamente no tan de derechas.

Contador a cero: ni mis ataques a Pere Navarro, ni a su sucesor, Miquel Iceta, han contado con una réplica. Tampoco los del cada vez más famélico de lo que sea Joan Herrera.

Miscelánea

Puede ser que éste haya sido el detonador de este post (irregular, ininspirado, que se está empezando a alargar hasta tener ya que agradecer a quien haya llegado a estas líneas): Jordi Basté y Jofre Llombart. Los dos periodistas, los dos de RAC1, uno jefe del otro, los dos, teóricamente, o es lo que exponen (aunque tratándose de medios del grupo Godó, siempre hay que preguntarse si sostener esas posturas no es una actitud mercantilista más), partidarios del proceso de independencia. Y por qué me han bloqueado? En el caso de Basté, supongo que se hartó de que me quejara de su costumbre de hablar y especular sobre lo que no sabe, simplemente porque no se sabe estar calladito. Especulo con que se hartó de que le recriminara que no sabe pronunciar correctamente esta palabra: Liechtenstein. Incluso no teniendo idea de pronunciación en alemán, a poco que uno haya conocido pronunciaciones de otras palabras en ese idioma uno ve claras las sílabas Lij-tens-tain. Bien: el tipo no deja de decirlo mal: le mete letras que no están, se pasa la construcción silábica por el forro y dice Lien-chen-stein. La primera "n" se la inventa y la "t" la envía a tomar viento. Lo hace siempre. Le hace parecer, aún más, un puto paleto. Si quiere parecerlo, me da igual. Pero le recriminé varias veces su escaso empeño en mejorar siendo la cara visible de un programa de gran audiencia. Resultado: bloqueo.
Falta saber si Jofre Llombart me bloqueó motu proprio o su jefe le pidió que lo hiciera. A este le recriminé sus comentarios insulsos, su inexistente criterio musical (al menos Basté tiene un criterio, casi siempre atroz, pero criterio) y su nulo carisma, su absoluta incapacidad para llevar las riendas cuando se le brinda. Jofre Llombart es el típico segundo de a bordo que no ha comprendido que esa es su función. Que por mucho que le digan ponte al frente lo harás bien debería negarse, que está mejor escribiendo o haciendo cualquier cosa donde la edición y las correcciones de estilo insuflen algo de ánimo a su desangelada manera de primeras. Mirad esa foto: los pulgares arriba solo pueden admitirse en deportistas sosos, en tipos que no saben qué hacer con sus manos, cuando les dices anda chato, ponte a mi lado a hacerte una foto. Lo bien que les va el palo de las selfies para emplear una mano. Cojones. Me ha bloqueado porque le he dicho lo que es: un tipo con ninguna gracia. Y es un periodista de cierto renombre con cuyas opiniones pueda que coincida a menudo. Cómo es la gente, joder. Qué mal perder, hostia.

diumenge, 21 de juny de 2015

Y15W25: Botifler

El largo formato: dos escritos que puede que superen los dos millares de palabras andan atragantados por diferentes motivos. 
El primero iba a ser un post sobre la situación de la música como expresión artística, o cultural. Pero avanzó y le perdí el control. Pensé en estructurarlo y ordenarlo y emplearlo, incluso, con una finalidad casi académica. De hecho, ando en lo de otorgarle un título algo solemne, pero cada día descarto alguno de los que me planteo (uno en concreto "Causa o consecuencia" ha sido descartado en cuestión de décimas de segundo mientras subía en ascensor hacia casa apenas hace unos minutos). Pero digamos que en este escrito solamente me juego una eventual recriminación de obviar algún factor importante o juzgar las situaciones solo en función de la percepción a que me inducen mis gustos particulares.
Es en el segundo donde me la juego. Porque es el texto que debo aportar al proyecto conjunto que anda en manos de unos cuantos. Ese está embarrancado entre rocas, y cada día la marea amenaza con no dejar rastro de él. Es un relato fronterizo en el que habrá poesía y hay ahora mismo especies depredadores propias de las grandes llanuras del África continental. Si el de la música anda a la deriva porque necesita un par de puertos en los que abastecerse, en este mi terror ante mi previsible fracaso en la ficción no me deja otra opción que dejarme llevar por la corriente y rezar por que lo que haya al final sea un estanque y no unas cataratas.

Pero mientras, las cosas suceden en mi entorno inmediato.

Políticos, hace unos años. No muchos.

David Fernández: no es la primera vez que aparece aquí. Es, a pesar de que su partido es el sexto o séptimo en representación, el político más respetado por su valentía y coherencia. Aparece enfrentado a un policía anti-disturbios en uno cualquiera de los actos de protesta o reivindicación donde ha acudido a título personal o en representación de las CUP (Candidatures d'Unitat Popular), partido de izquierdas, independentista. Suele ataviarse, aunque acuda al Parlament, con camisetas con proclamas reivindicativas. Su gusto por los bolsos en bandolera, donde se supone que acarreará algún libro (pues ha citado a escritores en algunas de sus intervenciones), su peinado y cierta propensión al sobrepeso hacen que me recuerde algo a Hernán Casciari.

Antoni Duran. Ostentoso líder de UDC (Unió Democràtica de Catalunya), formación democristiana (sí, aún existe eso) que acaba de formalizar la división de la coalición gobernante en Catalunya durante una buena parte de los últimos 40 años. Dice que esta fotografía fue un error de uno de sus asesores de imagen (no creo, por eso, que Fernández tenga asesor de imagen), pero lo dice ahora. La imagen está tomada en su habitación del Hotel Palace, establecimiento madrileño de cinco estrellas donde el senyoret se hospeda en sus frecuentes visitas a la capital del reino
Duran es famoso por su remilgada elegancia que le lleva a combinar el color de sus gafas con el de sus corbatas, que le llevó a aconsejar sobre atuendos a Jordi Pujol. Otros aspectos no tan banales aderezan su currículum. Dicen, frecuenta compañías de alterne. Lo que es seguro es que, como político, es un superviviente nato que sobrevive a todo el alud de críticas que recibe su persona. En más de una ocasión ha contrarrestado esas críticas, que son cada vez más feroces porque cada vez son más ciertas y justificadas, preguntando que de qué viviría si dejara la política. Y eso que es abogado y que no hay poca gente que le deba favores. Pero a Duran hace mucho tiempo que se le tiene tomada la medida. Duran es el tipo que va a Madrid y, para ganarse la complicidad, deja que le llamen Don Antonio y explica que los catalanes somos raritos, que muchos no hemos corrido tanto mundo como él, pero que no nos hagan caso, que perro ladrador poco mordedor y que ya se nos pasará el calentón. El amigo madrileño de turno (normalmente líder de segunda fila del PP con el cual comparte planta de hotel cuando toca que todos vayan juntitos a las reuniones del grupo popular europeo) se queda la mar de satisfecho pensando ay si todos los catalanes fueran comedidos razonables y educados como el señor este tan moderado, qué porte, qué labia el hombre. Cuando vuelve a Barcelona explica justamente lo contrario: que los está convenciendo a pesar de la cerrazón mental de los madrileños, que la cosa está en el bote pero hay que tener paciencia, que un día le hablaron de un ministerio, que unos cuantos viajecitos más a cuerpo de rey y ya empieza a quebrarles un poquito la opinión en algún aspecto secundario, pero que por algo se empieza.
Duran lleva unos cuantos años teniendo varias novias para follárselas a todas.
El problema es que estas situaciones siempre se sustentan en mentir a destajo. Y la gente ya no lee un solo periódico y se conforma con la información que se le suministra. Informarse suele acarrear esas cosas: la presencia de Duran en una formación política que está definiendo sus movimientos en términos de logro de la independencia de Catalunya no solo era contradictoria. Era grotesca, improcedente, paradójica, una pretendida  y trasnochada demostración de pluralidad solo comparable a que a un partido comunista se le diera acogida a partidarios del franquismo. Duran ha saltado o a Duran lo han echado o Duran ha tenido un súbito y prepotente acceso de coherencia y pretende convencer a alguien de que su partido (que ha marcado paquetorro: menos de tres mil -3.000- militantes han votado en una surrealista consulta interna donde para decir que no había que poner que sí, y viceversa) va a obtener un triunfo al presentarse solo: el triunfo de la moderación, el diálogo, la corbata a juego y la sobremesa con copa, café y puro. Algo que, espero, nuestra sociedad está superando o relegando a ocasiones especiales. Algo a lo que vamos a dar la espalda, 
Duran aludía a esa vida de lujo y despilfarro como servidor público en función de las necesidades de representación de una institución. Como olvidando que hoy los políticos están, por fin, y no en todos los casos, en el ojo del huracán de la opinión pública, y que, por fin, y no en todos los casos, sus comportamientos presentes y pasados se analizan y acarrean consecuencias. Pues no: esa foto del Palace representa a Duran, lo representa como un acto único que define a las personas, y espero que sea su epitafio. Con todo mi desprecio y mi máxima desconsideración. Que et bombin, Antoniu.

dissabte, 13 de juny de 2015

Y15W24: Anagrama


Hay que andarse con mucho cuidado. El mundo está lleno de gente que intentará colocarte cualquier mierda para quedarse a cambio con tu dinero. Comida infecta, ropa mal cosida, sillas incómodas, auriculares que tardan horas en estropearse. Y claro, libros que defraudan las expectativas que depositamos en ellos. Ah. Pero a diferencia de eso tan objetivamente mesurable que es la calidad de los materiales, resulta que con ciertas cosas está esa frase tan horrible de los gustos y los colores. 

No me hagáis escribirla.

Por supuesto que hay que aplicarla a los libros, pero no todo vale. He leído y he visto y he oído lo suficiente para alardear de mis gustos. Para qué monto un blog si no. Igual que uno comprende que, conforme se alejan de sus cúspides creativas, ciertos grupos dejan de aportar canciones memorables, y ello queda patente en cómo quedan relegados sus últimos trabajos en conciertos conmemorativos y recopilatorios navideños. Igual que eso, uno (que no queden dudas, yo) percibe cosas, identifica corrientes de fondo, desarrolla poderosos mecanismos intuitivos que rara vez fallan. La última manifestación de esta cualidad tiene que ver con la editorial Anagrama. Ya sabréis que uno de esos gigantes editoriales, Feltrinelli, acabará haciéndose cargo de Anagrama. Y que Jorge Herralde se retirará, ya lo está haciendo progresivamente. Bien: lo que debía ser un relevo discreto lo está siendo.
 
Jorge, ¿qué hacías fumando
rodeado de tanto material inflamable?
Pero los fieles lo estamos notando: como decimos en Catalunya, con cada colada perdemos una sábana. Y aquí se nota en una serie de detalles sutiles por separado pero notables en su conjunto. Cuestión aparte de una especie de re-styling estético, de una incorporación más rápida de ciertas obras a la serie de bolsillo, o de la loable apuesta por la recuperación de algunos de sus más firmes superventas.
He leído, en el último mes y medio, cuatro de las apuestas más firmes de la editorial. Sobre Houellebecq no voy a añadir nada, el entusiasmo que me produce es el máximo responsable de que mis escritos sobre él sean atropellados y confusos carruseles de elogios, donde no solamente pierdo el sentido de la equidad sino que siembro dudas sobre mi cacareada vertiente sarcástica. El problema, claro, porque Houellebecq era una apuesta muy obvia y un viejo valor de Anagrama (para colmo, su única aventura en Alfaguara acabó siendo, de largo, su peor novela), viene de las otras tres.

Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal. Novela sobre la cuestión de la donación de órganos, novela decente aunque lastrada, en su secuencia, por la obsesión de la autora en revestir de tono lírico lo que hubiera sido una historia simple y directa, pero funcional. Sin que falte algún buen momento, publicarla parece propio de editoriales más comerciales, más dadas al cautiverio de los certámenes y las listas de ventas de países con mejor tradición lectora que la de aquí. Comentado, vía Twitter, con Selene, parecemos compartir esa opinión tibia que es producto de la combinación de frío y calor. Si las descripciones detalladas, barrocas, atropelladas de detalles, vinieran al caso. Una novela que está pidiendo a gritos que alguien con un criterio narrativo medianamente sensato la vuelva del revés, pero una novela que no tendría ningún sentido en el aguerrido catálogo de hace cinco años: porque es tan funcional que no puede odiarse ni amarse.

La cosa va a ir a peor. Aviso. Porque los dos libros siguientes pasan por ser las joyas de la corona del catálogo actual. De Anagrama. Recuerdo.

David Trueba: file under H for Hipster
Blitz, de David Trueba. He sido hasta fruto de acusaciones de bisoñez e inexperiencia vital. Se ha especulado que el mismo David Trueba haya dejado un comentario de autodefensa. A mí no me importa que los hermanos de las primeras figuras de ciertas disciplinas de las artes vayan probando suerte, como hace este hombre, repetidamente, con la literatura. Sí empiezo a temer que todo ello convierta la cultura en una especie de mundillo de sagas donde, a base de la pose ventajista de hacer acopio de conocimientos por el mero hecho de pertenecer a una élite que puede permitirse acceder a ellos, todo se convierta en mira este libro que ha escrito mi hermano o el chaval ha montado una banda con unos del instituto o la niña nos ha salido pintora. Influencia la habrá, quizás filtración u ósmosis, pero dudo que esto del talento funcione por genes. Lo que explica Trueba, una mera historia de amor donde, tabú, es la mujer mayor quien se empareja con el hombre joven, lo adereza con la dosis justa de solvencia propia de quien ha leído y lo dosifica con una progresión de nulo suspense o tensión narrativa. Vamos: en un mundo donde la comida se llama propuesta gastronómica y la cama es un equipo de descanso, elevar una redacción de segundo bachillerato a Gran Apuesta de una editorial de referencia es solamente una constatación más de la gran verdad que expongo en mis primeras frases.

Pero aún queda más.

También esto pasará, de Milena Busquets. Si la de Trueba es ya una exageración, la campaña orquestada con esta novela merece una muy profunda reflexión. No vais a encontrarla aquí. Profundo, yo, faltaría. Milena Busquets es una señoritinga de clase alta que ha crecido rodeada de referentes y de exquisitas compañías. Estoy seguro de que no ha pisado las calles de la Zona Franca que están cerca de la oficina del INEM, o calles de la Trinitat Vella. Su novela es una superficial reflexión sobre la reacción a la muerte de su madre. Inveterada por puntuales relaciones con el género masculino. Pero aquí no hay descripciones de actos sexuales como en los libros de Houellebecq. Dice follar, aunque para tamaño atrevimiento ha decidido rebautizarse como Blanca, y tender una fina lámina de incerteza sobre algunos de sus actos. No sea que, en unas décadas, las amigas le recriminen en el club de bridge su gran osadía. Como Trueba, Busquets no escribe mal porque con su background nada más faltaría que escribiera mal. La trama central se desarrolla en Cadaqués, preciosa población costera donde, jo, casualidad, Busquets acude en una especie de experiencia catártica (nada grave, oigan, ni reinvención, ni experiencia iniciática, pero, por dios, si esta gente se hace acompañar al cine por la canguro para que los nenes molesten a otros) que, por lo menos a mí, no ha logrado interesarme lo más mínimo. Donde otros libros de tono elegíaco (Llop, Giralt Torrente) logran transpirar algo, lo que hace Busquets suena más a experimento de reorientación profesional (fue editora) o incluso a mero intento de tímido y pudoroso exhibicionismo que no cuaja. Eso sí, con las adecuadas amistades y contactos, esta tontería acabará traduciéndose a un montón de idiomas.

La cuestión es que, hace unos años, Anagrama podía publicar libros excelentes y libros horripilantes, pero la indiferencia y la tibieza no eran sensaciones que produjeran. Desde luego, comparar alguno de estos dos libros con obras de Bolaño o Kapuscinski me provoca un arranque de tos pertinaz.

Así está el mundo.

¿Dije "así está el mundo"?

Me despierto entre repercusiones de la mejor noticia que un medio catalán cree posible encontrar para un sábado. Que la hermana de un rey de un supuesto estado moderno europeo le escriba, a mano, tratándole de usted y de su majestad. Para decirle no sé qué de renunciar a un título nobiliario (¿eso qué representa?¿dinero?¿prestigio?¿privilegios?). Que le quiten el título por su poco claro comportamiento. Que diga que no, que yo pri. Que la carta de cuatro folios se publique. En qué cojones de manos estamos.

dimarts, 9 de juny de 2015

Y15W23: Pitos

La reciente infrecuencia en mis publicaciones queda explicada con creces en el siguiente párrafo de David Foster Wallace. Quién, si no.


"Has descubierto que disfrutas mucho del hecho de que a la gente le guste tu escritura, y también descubres que tienes muchas ganas de que a la gente le gusten las cosas nuevas que escribes. La motivación de la pura diversión personal empieza a ser suplantada por la motivación de gustar, de que haya gente guapa a la que no conoces que te aprecie y te admire y te considere buen escritor. El onanismo da paso al intento de seducción, como motivación. Ahora bien, el intento de seducción resulta muy trabajoso, y su diversión se ve compensada por un miedo terrible al rechazo. Sea lo que sea el "ego", tu ego acaba de entrar en juego. O tal vez "vanidad" sea una palabra mejor. Porque te das cuenta de que gran parte de tu escritura se ha convertido en puro exhibicionismo, en intentar que la gente te considere bueno. Y es comprensible. Ahora estás poniendo mucho de ti mismo en juego, cuando escribes; y también está en juego tu vanidad. Descubres algo peliagudo que tiene la escritura de narrativa: que para ser capaz de escribirla es necesaria cierta cantidad de vanidad, pero que cualquier cantidad de vanidad por encima de la estrictamente necesaria resulta letal. Llegado este punto, más del noventa por ciento de las cosas que estás escribiendo ya están motivadas e informadas por una necesidad abrumadora de gustar. Y esto genera una narrativa de mierda. Y la obra de mierda debe acabar en la papelera, no tanto por una cuestión de integridad artística como por el simple hecho de que la obra de mierda va a hacer que no gustes. Llegado este punto de la diversión del escritor, la misma cosa que siempre te ha motivado para escribir ahora te está motivando también para tirar lo que escribes a la papelera."


Considerando, como considero, que muchas de mis últimas entradas han sido ejemplos de este, digámosle, síndrome, decido no marcarme una frecuencia que me lleve a un viernes relajado, un sábado presuroso y un domingo histérico. O sea, cualquier momento de la semana debería ser bueno y cualquier tema puede constituirse en pretexto. Ni forzar ni evitar, si los temas se amontonan, que estos fluyan, por el avaricioso y mercantilista procedimiento de dosificar o reservar material.

Mascherano ondea una estelada. Soy de los que se enfada con cierta insistencia de la prensa en alabar el discurso de Mascherano. Parece que tengamos que dar por hecho que ningún futbolista sea capaz de expresarse con corrección y que esa apreciación coarte la naturalidad del tipo. Mascherano, presumiblemente bajo los efectos desinhibidores del alcohol, ondea una bandera independentista catalana mientras está en el autobús que, entre la multitud, recorre Barcelona. Curioso: algunos futbolistas catalanes han tenido miedo de la reacción pública y no lo han hecho. Las críticas a Iniesta y a Pedro por expresarse en catalán son ácidas, crueles, acusándolos de querer ponerse en el bolsillo a la gente por el hecho de aprender el idioma del país que los acoge y les paga emolumentos estratosféricos. El odio español siempre encuentra vía de salida y siempre encuentra cajas de resonancia y ese odio suele ser inversamente proporcional al éxito porque, ya sabemos, lo de la envidia. Sobre la evolución deportiva no voy a hacer más hincapié: después de una época coronada por los triunfos y una breve temporada de desorientación, parece otra vez que va a haber cuerda para rato.

Hace unos días que me fijo en un detalle que leí, creo, en Twitter. Que es cómo Rajoy está tiñendo su cabellera justo por encima de la patilla de sus gafas, de modo que por encima el pelo es negro, y por debajo, la barba muestra una apariencia encanecida. La imagen de Rajoy que, como todo político que ostenta cierto poder, está controlada por un ejército de asesores, busca esa mezcla de poderío juvenil combinado con la experiencia que aportan las canas, pero su aspecto es cada vez más cansado y apático. No es que sufra por el país que gobierna ni por el calvario que su torpeza está haciendo atravesar a millones de personas. Sufre porque ve que su continuidad al mando del país, y la de la pandilla de corruptos a los que ampara, está en serias dudas, y que el tiempo para robar se agota, que el tiempo para beneficiar a empresarios afines se acaba, la posibilidad de extender su trama mafiosa para seguir obteniendo dinero de las arcas públicas empieza a mostrar una fecha de caducidad y, como ladrón avaricioso que es, querría que esto no acabara jamás.


Jamie XX es uno de los componentes de The XX. Creo que he hablado alguna vez de él. Es un tipo joven y tímido que posa fatal. Siempre mira hacia abajo como avergonzado del acné, o quizás echando de menos los platos o los teclados que son su hogar, que son el sitio en el que se siente cómodo.
Por muchos motivos, Jamie XX es el niño mimado de la crítica musical. Porque es justo el personaje que parece: un adorador contumaz de todo tipo de músicas que fagocita influencias, las digiere y las regurgita al mundo en forma de exquisitos productos electrónicos que están muy por delante de lo que hace la gran mayoría. Apenas he oído media docena de veces unas cuantas canciones de In colour, su primer disco en solitario, pero ya me he visto escribiendo sobre él en pocas semanas para insistir en su profundidad y en su importancia. Tan inmediato ha sido el impacto, y tan necesitado estaba yo de, por fín, poder insistir en algo nuevo y fresco. Oid al tipo: prescindid de eso que puede parecer una especie de jugueteo absurdo con el sampler, y fijad los tímpanos en esa trascendencia de los teclados, mientras vemos Marte, como va a ser, porque este tipo lo sabe. Conoce el futuro de la música, no va a conocer el de la humanidad.


Lecturas: resumámoslo en un preview para un próximo post. Las nubes se ciernen sobre Anagrama.



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