dilluns, 30 d’abril de 2012

LA EQUIVOCACION

Mi insistencia en leer a Don DeLillo: error de gran magnitud. Por culpa del cual, me hallo sentado en un parque intentando construír un post con una BB cuya tecla central funciona horriblemente. Luego corregiré los acentos, que constituyen un suplicio adicional con este teclado. La tecla del centro: todo el rato regresa, espero que involuntariamente, al inicio de lo escrito. La culpa de que tenga que hacer esto es de Body art, corta novela de DeLillo, con la que intentaba resarcirme de tres intentos previos de acabar sus libros, sin conseguirlo. El libro va sobre los pensamientos de la viuda de un director de cine suicida. Sobre el diálogo interno que va urdiendo en su existencia en la casa que compartían. Imagino que, en algun momento, habrá una disquisición sobre las causas del suicidio. Imagino, y me quedo ahí, porque en la página 39, lo dejo correr. Gracias, DeLillo, por permitirme la reseña mas corta y precisa de mi breve carrera de crítico amateur.

Body art, de Don DeLillo. Menudo coñazo.

Como soy incapaz de escribir un post tan corto, y aún me queda una hora y media de observar a mi hijo progresar con el balón,  sentado desde el banco, obligo a mi imaginación a volar. Sobre carroña. Porque es indudable que, en principio, DeLillo es mejor escritor que Amélie Nothomb, diría que eso, cualquiera lo afirmaría tajantemente. Pero resulta que pude leer tantos (cuatro) libros de la Nothomb, para acabar metiéndome con su goticismo chic puritano y remilgado de niña bién, sin excesivo esfuerzo. Por lo que DeLillo acaba haciéndome, casi, enojar. El teclado de la BB funciona aún peor, cosa que la edición posterior disimulará. Hace frío, y me arrepiento de no haber hecho caso a mi primera intención, agarrar Todo arrasado, todo quemado de Wells Tower, que, al menos, son relatos cortos, con lo cual siempre encuentras el que te pueda gustar o, como mal menor, no disgustar profundamente. Pero no tengo más remedio que  escribir enfadado sobre la absurda manía de DeLillo de epatar con la meticulosidad de las descripciones. Para que, finalmente, estas descripciones no aporten más que pretensión impostadamente literaria. Diez páginas iniciales sobre un desayuno con soja y arándanos. Joder, ni le veo la excusa ni el más mínimo sentido. Y sé que alguien dirá que no puedo tirarme a tumba abierta por la ladera de una crítica tan sumamente demoledora con solo esas páginas, y que mucho menos debería hacerla extensiva a todos sus libros. También que no es justo, que he dejado muchos libros, no solo los de DeLillo, a medio leer, y les he ahorrado el varapalo de una crítica cruel. Sí. Pero venid aquí, a un parque en medio del centro de Barcelona, sentaros dos horas viendo flotar volutas de polen de varias especies de árboles, muchas de esas volutas, seguro, acabarán alojadas en mi tracto respiratorio y harán que estornude, violentamente, en cualquier momento. Añadidle el incómodo frío de la hora del crepúsculo en abril, el teclado defectuoso de este mecanismo del demonio, viendo cómo las 150 páginas que tengo sentadas en el banco , a mi lado, tan inofensivas y aparentemente asequibles, se han convertido en un muro alto e impenetrable que no franquearé. Entonces, no me habléis de la palabra perdón. 


diumenge, 29 d’abril de 2012

LOS ABURRIDOS CRITERIOS COINCIDENTES

Sábado. Cuatro días de fiesta. Partido de fútbol de Gerard. Ganamos 3-1. Escaso interés por el partido del Barça. Justo ahora veo que jugará mañana, y valoro la importancia de la emoción en la cuestión del fútbol. El tiro de adrenalina. A esperar unos meses, con una poco significativa laguna el día 25 de mayo.

¿Alguien se acuerda?
Ya os he dicho: me jode que los políticos se cuelen sin llamar (y cojan cosas de la nevera: lo hacen siempre). Dos objetivos a corto que me planteo: ver The Shadow Line, que he visto recomendada en el blog de Sigma (aunque lo he leído atropelladamente: miedo a los spoilers, terror a la influencia en el visionado). El blog de Sigma, compañero de Quién Pereira: www.misigma6.blogspot.com. Me fascina ir conociendo blogs que son amigos de amigos de conocidos de gente que me cruzo. Me gusta que hablen de cosas que pueden interesar. Aclaro; también me gustan mucho los de todos los valientes que crean relatos. Pero adoro el sistema de las mutuas recomendaciones. Merced al cual nos cargamos las leyes matemáticas: dos que conocemos cada uno una cosa pasamos a ser dos que conocemos cada uno dos cosas. La mancha de aceite que es lo cultural (decir la cultura me sonaba tan pomposo) se expande, nos pringa a todos, y ya sabemos lo que pasa con el aceite en la ropa. Cuesta horrores que se vaya. Me preocupa un poco la autocomplacencia y esa especie de sensación celebratoria: qué bueno lo que me dijiste! no, lo tuyo más!. De ahí a la lengua y al revolcón, y ni un reproche. Lo bonito que es discutir, carajo. Echo de menos (y es lo que vengo a pedir subliminalmente cuando pido más gente aquí) el debate con tintes épicos. ¿Por qué?. Ambición,  chicas (ambición, chicos). No hay motivo para ocultarlo. El sentido de todo esto: el proyecto individual y personal que tiene que coronarse cumpliendo sus objetivos, que no son demasiado concretos; me conformo con que David Bisbal no vuelva a publicar un disco en su vida (opcional que las apisonadoras aplasten todas las copias que seamos capaces de reunir de los que ya hizo); o me propongo que Isabel Allende devuelva hasta el último céntimo ganado publicando su basura. Nos lo gastaríamos en cualquier cosa más útil que sus suntuosas mansiones: comida hipercalórica, drogas, cervezas, libros de Bolaño que repartiríamos gratuitamente instalando stands en barrios marginales. De paso, que cambie el apellido del que ha vivido y que ensucia constantemente. Que Pep Guardiola, en medio de ese año sabático que, hacia noviembre, ya se le hará largo, interminable, leyese aquí sobre un libro que le gustó y colgase un comentario. Al que yo le diría: vuelve a entrenar, que es lo tuyo. Que justo ése era un mal libro.
Segundo objetivo (qué lejos y qué atrás quedó el primero): acabar, de una santa vez, una novela de Don DeLillo. Tramposo, consciente de que en la página 70 había abandonado como tres anteriormente, cuando a las alturas de esas páginas los protagonistas todavía entraban y salían de sus viviendas, en un largo preámbulo antes de que algo (algo a lo que continúo ajeno) sucediese, probaré con Body art, unas 150 páginas que deben hacerme cambiar de opinión. O no, y entonces, recibir críticas o, mejor, amenazas. Quiero escribir para que alguien se cabree. Quiero cruzar la calle y sentir el peligro.

dissabte, 28 d’abril de 2012

CARTA DE AMOR # 23

Este tipo es Kiko Amat. Pero su imagen normalmente no es esta, con barba y tatuajes y mojito delante, brazos sobre el borde de la piscina (pileta, no?). Tiene otras fotos promocionales. Delante de una estantería repleta de discos. Con un traje a lo Reservoir Dogs (incluyendo corbata estrechita). Con polos Fred Perry. Con camisetas. Sin barba, con el pelo más corto. Sonriendo, casi siempre, tímidamente.
Conseguí Mil violines tras una espera en la biblioteca; alguien lo estaba leyendo. Ahora que lo tengo, ya he recibido el oportuno mensaje para que lo devuelva en su fecha. Otro alguien espera para leerlo.
Un ensayo sobre la música pop. Más concretamente, sobre canciones y discos favoritos. Nick Hornby hizo un experimento parecido en 31 songs. Pero resultó fallido. Un libro flojo de Hornby, falto de sustancia. Amat ha respondido varias veces sobre la similitud del planteamiento en este libro. Pero es que resulta que Amat sale triunfador. Por mucho.
Consciente de que era un ensayo, y que el argumento se basaba en la mención constante de discos y canciones, sometí el libro a un primer hojeo exhaustivo. De esos que damos a ese tipo de libros, a la búsqueda de las partes concretas donde se concentran las referencias: esas referencias que buscamos los maníacos para ver si conocemos o no, y en este caso, ir tras ellas a toda castaña. Hecha esa comprobación, pensé que acabar con el libro sería un mero rato adicional para verificar que todo el texto que acompañaba esa mención de discos y artistas no desentonaba. Qué error de principiante.
Porque resulta que es en el texto que acompaña a las referencias donde se esconde lo que hace de este libro una magnífica lectura. Amena, divertida, profunda, repleta de anécdotas autobiográficas contadas con un estilo ágil y directo. Pero intencionado, brillante. Lo único que había leído de Amat eran sus numerosas colaboraciones en medios musicales y culturales y una novela, Cosas que hacen bum, que me pareció algo ingenua e inacabada, precipitada. Pero esa sensación desaparece ante la espléndida autobiografía soterrada (parafraseo a Pitol) que es este libro. Que sí, es posible que sea mejor apreciado si compartes con Amat esa especie de monomanía por la música, sobre todo por la música pop en todas sus variantes posibles: en como entra sin llamar en nuestras vidas y como pasa a dominarlas de la manera más sibilina. Pero no hay que ser tan reduccionista. Amat escribe como si estuviera hablando con una cerveza en la mano en la barra de un bar. Desinhibido y con confianza. Consciente de que quien abre su libro, con las advertencias iniciales que lo ribetean, ya es un cómplice: que tiene la mitad del camino recorrido. Dosificando el equilibrio entre lo minoritario y lo que no lo es tanto. Sin miedo a expresar su escepticismo hacia artistas consagrados, más, si hace falta, cometiendo auténticos sacrilegios ante los cuales uno, en vez de sentirse incómodo, por lo que decíamos de la complicidad, sonríe. Y después de sonreír, sigue leyendo. Porque las casi 300 páginas, que incluyen prólogo y útiles apéndices (la locura: listas comentadas) pasan volando y te dejan con un agradable y fresco regusto (como el mojito que le espera en la piscina), y con ganas de que te sirvan otro. 


divendres, 27 d’abril de 2012

HORAS INTEMPESTIVAS

Houellebecq dice muchas cosas acertadas en sus libros. Muchísimas. Las dice directamente, en el papel de narrador, o las pone en boca de sus personajes. Pero los que le conocemos sabemos, un sexto sentido nos avisa, cuando es su opinión la que trasluce detrás de un diálogo, en un párrafo cualquiera.
Una de las cosas que dijo, no me preguntéis en cual de sus libros (todos magníficos): sólo el 5% de los oficios de este mundo aportan algo: la gente que crea cosas. La gente que inventa, la que hace que un trozo de metal acabe siendo una cuchara, o un trozo de madera una silla. La gente que acaba consiguiendo que un cacharro vuele o sirva para fabricar en serie barquillos para los helados. Quien lo concibe, lo diseña, lo fabrica, lo acaba. Ese 5%,estima Houellebecq, es quien realmente hace funcionar el mundo, lo hace progresar. Supongo, en su contexto, que querrá decir que el 95% de la gente restante solo interviene en procesos que no tienen que ver con la concepción. Comercializadores, distribuidores, almacenistas, comisionistas. Representantes, contables, estrategas, analistas, gestores, funcionarios, administrativos. Políticos, religiosos, financieros. 

En Margin call hay una escena donde un brillante analista de valores aclara sobre la carrera que estudió y su tesis doctoral: ingeniería aeronaútica. Sus superiores se muestran sorprendidos y aclara que está allí por la cuestión económica. Ese diálogo puede ser un nudo excéntrico de la película: la cruda realidad de que la avaricia va por delante del talento en esa realidad del 2008 que se muestra.
Luego hay otra escena donde otro analista de riesgos recién despedido habla de como construyó un puente, pues también era ingeniero, y como ese puente ahorró a la gente días y días de su vida metidos en  un coche.
Por contra, sus superiores, los que contemplan admirados a los ingenieros referirse a esas ocupaciones, peor retribuidas, les advierten, cuando piden explicaciones, que necesitan sencillez, que les hablen como niños. Que fuera tecnicismos y palabrería. Justo los tipos que deciden, los tipos que se embolsan millones de dólares. No al año, al mes.
Veía la película y resonaban dos palabras en mi cabeza: Lehman Brothers, Lehman Brothers, Lehman Brothers. Porque, con todas las licencias dramáticas al servicio de la escenificación, uno se imagina que la realidad del 2008 no anduvo muy lejos de toda esa tragedia en actos.

Lehman Brothers, Lehman Brothers, Lehman Brothers.

Espiritualmente emparentada con alguna otra película: Up in the air, y estéticamente, por ejemplo, con Drive. Noche y coche. Edificios vacíos iluminados para que les hagan fotos, para servir de telón de fondo a esos helicópteros que, cual cigüeñas, depositan ejecutivos en las azoteas. Es bueno que suene tan actual?. Sí. Pero no. Pues significa que, cuatro años más tarde, la situación no permite ni tomar esos hechos con la perspectiva de lo superado. La huida hacia adelante, magistral escena final sin actores, con planos de edificios y fondos de llamadas telefónicas. Capitanes abandonando barcos pues ya han pagado (a costa de otros) para que alguien se ahogue por ellos.

Lehman Brothers, Lehman Brothers, Lehman Brothers.

Jeremy Irons comiendo, solo, impasible,en una mesa en un comedor sólo para ejecutivos.
Simon Baker afeitándose en el baño de la empresa, porque para hundir el mundo hay que estar presentable.
Kevin Spacey, que llora por un animal, pues parece que le dan igual las personas.
Demi Moore, que comprende que puede hacer buenos papeles sin exhibir su esplendor físico.

Montoro
En un momento en que algunas de las consecuencias de toda esta situación son carroñeramente aprovechadas por el gobierno español (en la persona de su  repulsivo ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, cuya grotesca voz voy a tener la consideración de ahorraros) para llevar atrás políticas que dan espalda a la sociedad, que dan la espalda a las minorías, a la vez que abrazan y dan palmaditas al dorso de los que, indeleblemente, promovieron e instigaron estas situaciones. Pero da igual.

El banquero de Harry Potter. Separados al nacer??.
Como en las reuniones en Margin call, reuniones en horas intempestivas convocadas a través de las blackberries, la cuestión es emplear el secreto, cueste lo que cueste y evitar las filtraciones.

Ellos le llaman discreción y emplear el efecto sorpresa: los comunes le llamaremos traición, no?.

Gracias, Horacio, (o fue Horoche?) por la buena recomendación. De eso va ésto, de hablar de cosas que nos han gustado y pensamos que a otros puedan gustarles también.

dijous, 26 d’abril de 2012

MAN MUSS NICHT STILL BLEIBEN

El yin y el yang, el bien y el mal, el equilibrio cósmico, el día y la noche, el blanco y el negro, los vasos comunicantes, la alegría va por barrios, nunca llueve a gusto de nadie. Dulce y amargo, fuego y hielo. El norte y el sur, los polos opuestos, la izquierda y la derecha, arriba y abajo, ir y volver, meter y sacar, leer y escribir. Abrir y cerrar. Otra vez, el día y la noche. Otra vez, el equilibrio cósmico, pero ahora le acompaña la justicia poética. Eso, justicia poética. O mecanismos (misteriosos) de compensación.

Muchas casualidades, en cualquier caso. En Libertad el hijo de Patty va a Bariloche a hacer negocios. Justo ahí. En Ejército enemigo mencionan Ushuaia. La escriben mal: ponen Usuhaia, y a mí me da que para poner eso mal tienes que pensar demasiado en el español como lengua preeminente y poco en lenguas pretéritas (nativas y, por tanto, con todo el derecho de permanecer, aunque sea en el triste consuelo de los topónimos) con sonidos diferentes que adaptar a la grafía de nuestro alfabeto. También me da que el que corrige galeradas (si eso no se ha dejado ya en manos de un triste procesador que subraya en rojo palabras sospechosas) no haya ido más allá de considerar que el autor ya sabría como escribir esa extraña palabra. Que igual hasta se la había inventado, pues para corregir galeradas no se les ocurrirá exigirte que sepas los nombres correctamente escritos de las ciudades del mundo. Vamos.
Ejército enemigo nos es presentado como un libro rabiosamente actual. De hecho, en la contraportada dicen obscenamente, y no sé si va con segundas. Santiago es un publicista de unos 30 años con una existencia ligeramente marcada por la rutina, hasta que recibe un curioso testamento a raíz del asesinato de un amigo: la clave de acceso al buzón electrónico de la víctima. A partir de ahí intenta encontrar detalles que puedan ayudar a conocerle. O a investigar sobre su asesinato. Un planteamiento actual, sí, un desarrollo dinámico, sí, donde se entrelaza la propia existencia de Santiago, cuya rutina (trabajo, relaciones esporádicas, consumo de pornografía) acaba cediendo ante la cuestión de abordar la identidad del asesinado y su sorprendente vida paralela : la de activista contra el sistema. No da para mucho más el libro: la coartada tecnológica, esas dudas tan de última generación que nos asisten a unos cuantos (seguiría alguien mi blog si yo muriera, quien contestaría, qué coño es un troll en el nuevo mundo - esta última ya resuelta), acaban cediendo el protagonismo al mundo real, el de la gente que bebe y se droga y acude a fiestas, el de las calles oscuras a una cierta hora. Y en ese momento el libro se muestra como es; algunas citas cultistas, algunas referencias culturales comunes, unos cuantos párrafos memorables, unas cuantas páginas de más, al servicio de una trama algo endeble para llamarle thriller. Más bien, experimento algo fallido de ver cómo la tecnología interviene en nuestra vida: bagaje demasiado escaso para competir con el recuerdo de ya sabéis qué libro de ya sabéis qué autor americano. Eso en lo literario. En lo tecnológico, visto Black mirror, esto parece un mero jugueteo.

Alberto Olmos no tiene la culpa. Quién se para a ver un partido amistoso, tras un Barça-Madrid.


Gracias, Talita, por el título.

dimecres, 25 d’abril de 2012

TRES TRISTES TIGRES

Probablemente si ayer no hubiera sucedido lo que sucedió, este post sería muy diferente del que está siendo. Atrás en el tiempo, desde el sábado, quizás todos hubieran sido diferentes. Quizás el frío matinal que aún se mantiene, residualmente, me parecería una agradable prolongación de un invierno benévolo, una posibilidad de usar algo más la ropa de invierno. Quizás el trío de libros que elegí, a consecuencia de la exhaustiva lectura final del de Franzen, no sería un trío sino un solo libro, uno cualquiera de los que integran la pila que nunca deja de crecer.

En cualquier caso, uno ha de aceptar las cosas como son, y dejar de lamentarse (o de alegrarse) de cómo pudieron ser.

Así que esa manía personal, la de eludir prensa y radio cuando el Barça no triunfa como me gustaría, obró esos efectos: la elección de tres libros levemente interrelacionados, y un visionado exhaustivo, ayer noche, de algo por lo que sentía una enorme curiosidad: Black mirror

Decir que Black mirror es una serie es algo inexacto. Más bién parece un experimento muy british (en el buen sentido: breve, directo, profesional, y liberado de la esclavitud esteticista) donde se da libertad a creadores, dentro de unas premisas amplias, sólo vagamente unificadoras. En cualquier caso, son tres capítulos independientes, entre los 44 y los 61 minutos, cuyo hilo de unión es, exclusivamente, hipotetizar sobre los extremos a que puede llevarnos la corriente tecnológica. Sin tratarse de ciencia-ficción, por supuesto.
La llamada Princesa Susannah, miembro popular de la realeza británica, es secuestrada. El único requisito de los secuestradores para no ejecutarla, consiste en que el primer ministro aparezca en TV, en todos los canales, a las 4 de la tarde, y consume una relación sexual completa con un cerdo.
Esto es la BBC. Televisión pública británica. Mencionaré la web de Antonio Rico para homenajear su comentario: qué mente concebiría que el actual gobierno ultra español aceptase producir algo así.

Black mirror perturba; perturba por encima de entretener. Sentirse perturbado es como sentirse molesto pero a la vez algo fascinado. Como esas peleas en la calle que siempre piensas que algún imbécil se ha presentado a parar. Giras la cabeza pero sigues mirando de reojo.
Black mirror es un estimulante experimento visual en un mundo donde cada vez se experimenta menos y se va más sobre seguro. No es el futuro de la televisión, ni de las series. Toma de aquí y de allá, de programas deleznables como Gran hermano o Got talent. De películas de un amplio abanico somo Truman's show, Brazil, Eternal sunshine of a spotless mind, algunas de Cronenberg, algunas de Spielberg.

Puede que sean sólo tres horas en las que me refugié porque el Chelsea nos eliminó y necesitaba llenar tres horas hasta que el sueño me venciera. Alguien me dijo que saliera a por cosas nuevas, y soy de aceptar consejos bienintencionados.

Ronny: parece a la medida de la oscuridad de tu blog. 
Talita: atenta a la música en el segundo episodio.
Germán: puede inspirarte ese repentino giro gore. Diego, también.
Tuli : parece algo nuevo, pero tal como son los ingleses, puede que lo dejen ahí.
6Q: ví Confessions, la onda es parecida.
Quién: pixelar tu entrevista guarda una cierta sintonía. Sigma, Playbombil, quizás un camino a seguir.
Horacio: prepara una explicación si te encuentran viéndola solo.
Lydia: las cosas son así.
Los que no nombro directamente: procurad verla. Estáis en mi cabeza, igual.


dimarts, 24 d’abril de 2012

EL ARTE DE LA EMBOSCADA

Se acerca el verano y la manga larga empezará a sobrar. Luego: hay que ir al cine y bailar y tener adecuadas bandas sonoras para días de playa.
Vaya: qué les digo a los del cono sur. En fín: puede uno asomarse a esta mediterránea ventana y ver lo que pasa, no?
Me temo que los políticos (y sus íntimos, los grandes empresarios de relumbrón) sigan irrumpiendo maleducadamente aquí. Haremos lo que sea para impedir el acceso. El blog debería regresar al dinamismo más absoluto. Busco nuevas canciones, aunque sean de viejos músicos. Busco libros que aún no hayan amarilleado en estanterías. Busco series que ni tan siquiera hayan sido dobladas toscamente. O mejor, nada de eso: busco libros amarillos, no de antiguos, sino de impaciencia por ser leídos, canciones en paciente pausa (llhasta que se escuchen, y series afectadas por huelgas no de guionistas sino de espectadores. Quiero analizar el ADN, hasta aislar el gen de la indiferencia. Importantísimo, para la ciencia identificar el gen de la indiferencia. El que hace que los humanos se queden cómodamente sentados viendo pasar ante sí toda clase de injusticias.
Ando con un libro algo precipitado, con una portada muy equívoca, una especie de American Psycho edulcorado, que obtuvo buenas posiciones en los libros del año en alguna publicación de nula o escasa repercusión. Ando con otro libro que es como un ensayo autobiográfico con el pretexto de un montón de canciones pop que adornan la existencia. Y con un tercero que tiene capítulos de apenas media página, basados en extraños principios que parecen científicos. Sí, el espectáculo en cinemascope a todo color que fue la lectura de Libertad (y 6Q, conseguí reseñarlo sin colar una sola letra de spoiler) sólo puede ser sustituido por una especie de lectura coral: tres libros que comparten detalles nada despreciables. Tres autores españoles, los tres generacionalmente relacionados (nacidos entre los últimos 60 y los mediados 70), por razones obvias, todavía con obras relativamente cortas. Ninguno supera las 300 páginas, todos responden a un estilo ligeramente acelerado (anfetamínico en distintos grados, podría decirse). Me ha entrado la prisa por ponerme al día, porque Franzen haya acaparado un par de semanas?. No sé. Sé que este frío barcelonés de abril, tan raro y desubicado, parece justo lo que va a ser: la antesala de un verano caluroso y alterado, en un país donde los acontecimientos se suceden, donde algo está cercano a la ebullición. 

 

Como los huesos que te rompiste, cuando se acerca tormenta: no sabes qué, pero dentro de tí, algo te indica que cosas importantes van a pasar. 


dilluns, 23 d’abril de 2012

LIBERTAD, escrito por JONATHAN FRANZEN


La opinión más generalizada sobre la gente que ejerce la crítica, aunque sea, como es mi caso, de una manera amateur, es una algo sesgada descalificación. Somos músicos/escritores/directores de cine frustrados, y el canal de salida de esa frustración es poner pegas a la obra de aquellos que, valientes, la entregan al público. Diada de Sant Jordi, hoy LV publica a doble página un curioso esquema de 7 pasos que configuran el ciclo vital de un libro desde su concepción por el autor hasta que llega al bolsillo de quien (supuestamente, estamos en Sant Jordi) acabará leyéndolo. Curioso, cuando internet ahorra un mínimo de cinco de esos pasos. Si yo, escritor supuestamente frustrado, me decidiera a escribir aquí una novela y a colgarla por capítulos, o entera, ni tan siquiera haría falta que nadie la leyera para considerarla una obra acabada y difundida. Aún así, LV, que encadena (su tratamiento estelar del tema de Juanca y el elefante es merecedor del premio anual a la tibieza) demasiados errores, demasiadas pistas que la acercan a esa tierra de nadie que es el país de lo políticamente correcto, enfatiza el papel de agentes y editores y correctores de estilo, como depuradores que convierten el agua que brota del manantial del escritor en potable y bebible.


No sé si este proceso ha sido necesario con Libertad. Primero, porque veo a Franzen en una posición de fuerza, la que te da vender siete cifras. Después, porque se me hace imposible que cualquiera de esos intermediarios que, supongo, justificarán su sueldo calculando el impacto en ventas que representa poner tal o cual párrafo, publicar en esta o en otra fecha, usar la portada con el pájaro frente al lago, u optar por alguna otra (nunca lo sabremos) más procaz, hayan tenido intervenciones decisivas. Está claro que cualquiera puede encontrar algún pasaje que se hace algo largo o alguna cuestión levemente prescindible en medio de 667 páginas. La cuestión es que, sean 10, o sean 20 las páginas que alguien quisquilloso y perfeccionista eliminaría, el resto son 657, o 647 páginas restantes de prosa precisa al servicio de un vendaval imaginativo de alto octanaje. Franzen no se conforma con describir el presente del personaje (no de uno, de bastantes), que sería lo que daría ya valor a los hechos. Cuadra como ese presente se configura en función de su pasado, de los hechos infantiles y juveniles, de su orden en el número de hermanos, de padres o madres más o menos estrictos o más o menos coherentes con sus idearios. Ya mencioné, en esas extrañas pre-críticas que se me ocurren cuando ando liado en un libro que lleva su tiempo, a Houellebecq como una influencia tangencial, que usa sus personajes para lanzar diatribas (sutiles, que no llevan a exabruptos) contra la corroída sociedad capitalista, o el sistema educativo. Que emplea los personajes como altavoces de opiniones propias. 



Terriblemente visual, Libertad cuenta con la enorme ventaja de su rabiosa contemporaneidad. Todo parece estarle pasando a gente que podemos cruzarnos por la escalera o en barrios en los que vivamos. O a conocidos directos. Todo es perfectamente creíble en nuestro extraño mundo de hoy. Franzen podría ser Follett si se lo propusiera, y cada uno de los extensos capítulos (alguno superior a las 100 páginas) que configuran el libro, darían para una alargada novela de 400 o 500 páginas, y Libertad sería una serie de varios libros con las peripecias de una familia, generaciones atrás y generaciones adelante, con sus mensajes cifrados que acabarían configurando un mensaje final, libre de moralejas salvo el consabido así estamos dejando que estén las cosas. Contaría igualmente con legiones de lectores pendientes de una cita anual de ligero toque folletinesco, donde cada hecho sería una muesca más de erosión en el devenir de los protagonistas. Multiplicaría sus ganancias, y las de sus editores, por 7 o por 10. Pero prefiere servir los dos platos y el postre en un solo libro magistral, y disponer de unos años libre de promociones para pensar su próximo paso. Si lo da, y hacia dónde.

diumenge, 22 d’abril de 2012

LOS AYERES DOLOROSOS

www.factmag.com es el sitio en Internet de una revista, especulo, británica, especializada en música electrónica: sí, sé que la escena electrónica se encuentra en un franco retroceso tanto creativo como, hechos que sin duda están relacionados más íntimamente de lo que cabría esperar, económico. Aún así, fans esperanzados en que resurja (que puede que coincidan con negociantes esperanzados en que ello vuelva a aportar algún provecho) mantienen izada la bandera en su cruzada por la música hecha con sintetizadores. Aquella que Kraftwerk pusieron en lo más alto hace más de 30 años. 
Como el movimiento se demuestra andando, Factmag regala semanalmente a quien quiera visitar la web un mix, normalmente de unos 60 minutos, confeccionado por alguna estrella de ese limitado firmamento musical. Limitado, digo, porque la crisis de las descargas unida al abaratamiento de la producción, han democratizado ese firmamento. Muchos intervinientes, raramente conocidos para el público masivo. Firmamentos donde Four Tet, o Jamie XX, o Plaid, o Juan Atkins, o Autechre representan auténticas deidades, cuando para la mayoría que se declara interesada por la música entrega esos cetros a Coldplay, U2, o los Rolling Stones. En todo caso, eclécticos mixes disponibles gratuitamente, más que aceptables desde el punto de vista técnico y, por encima de todo, capaces de presentarnos música nueva. Y de lo más variada, pues buena parte de los artistas no se restringen a hurgar entre las maletas de novedades: las influencias afloran por doquier.

En cualquier caso, ayer debía tomar una determinación. Eran casi las once de la noche, hora en Barcelona. Había cenado, rápido, de mala gana. Tenía que situarme en un universo donde aquello que había acabado sobre las diez fuese rápidamente eclipsado. No TV, no radio, no internet. Ni tampoco quería jugarle una marranada al libro de Franzen. No: igual que uno recuerda que empezó a leer tal o cual libro sentado en un parque o tirado en la hierba de tal o cual piscina, Libertad no puede ser el libro que yo acabe el día siguiente a que el Madrid haya ganado en el Camp Nou. No puedo permitirlo. Así que pongo uno de esos DVDs socorridos que lleno hasta reventar de música nueva. Donde hay unos 40 mixes bajados de la web de Factmag. Todo legal, todo ordenado, todo localizado. A los 30 minutos me despierto algo sobresaltado entre golpes de caja y secuencias algo lisérgicas (una TB303, sin duda), que al menos han tenido el efecto deseado: mecerme hacia ese extraño momento que es el de adormecerse,  aquel en que las imágenes reales pasan a ser difusas e irrumpen, atropelladas, las de los sueños que están por venir.

dissabte, 21 d’abril de 2012

GRIETAS EN EL PAVIMENTO

Ayer: recorro la ciudad en mi coche a eso de las tres del mediodía. Voy cerca del mar y el día es claro. El azul del cielo es intenso y las nubes se recortan en él. El sol les facilita marcos para su silueta y los semáforos me hacen ir parando. Esos semáforos que otros días se hacen eternos hoy no me dejan hacer la toma correcta, y la Blackberry de las narices hace unas fotos horribles. Ni la paciencia ni el sentido del enfoque parecen formar parte de un hipotético top five propio de cualidades. Hay quien me mira y pensará un breve momento sobre el chalado que hace fotos a las nubes con el teléfono. Todos, a los pocos segundos, estarán pensando en otra cosa. Permanecen en nosotros las cosas que nos indignan o las cosas que nos impresionan. 
Como esos artículos diarios que hablan, a veces de temas importantes, a veces de banalidades. Como un café: te acuerdas de donde te pusieron prácticamente agua de fregar en una taza, y de aquel en que la crema que había sobre el líquido era casi la puerta al paraíso del aroma y la intensidad. Del resto, de los miles de cafés normales que tomas al largo de tu vida, poco te queda. El momento, la liturgia mecánica, el tintineo de la cucharilla contra la taza, la sacudida espontánea del sobre del azúcar. Uno más, que pasa al olvido, al lado de otros. La banalidad nos invade, porque apasionarse constantemente resulta agotador. 

Claro, es eso. Ayer la web de Orsai sacó el consabido tema de YPF y a pesar de todo no hay sangre. Unos lo achacarán a lo civilizado, otros a la indiferencia generalizada acerca de esos temas, que tan poco nos afectan el día a día a la mayor parte de nosotros. Yo opino que la pereza también tiene que ver ahí. La pereza hace que uno prefiera seguir sentado si no merece la pena levantarse. La pereza está en el libro de estilo de un buen Bartleby. Y el que es un Bartleby sin ser consciente de serlo seguirá ignorándolo. Ni hará una búsqueda por la palabreja de marras. 

Hoy: recorrería la ciudad a las ocho de la tarde?. No, tenedlo seguro. Estaré tenso, expectante, y nadie conseguirá por mucho que mencione la palabra opio, o la palabra distracción, que muestre el mínimo indicio de arrepentimiento. Las cosas van como van, y ciertas edades ya son muy avanzadas para cambiar vicios o virtudes.  

Lo que decíamos: columnas diarias de las que, como mucho, recuerdas levemente el tema que trataban y, muy raramente,  una frase apenas, que cala más que otras. Pero que, como las nubes de todos los días, pasan de largo a menos que quieras recordarlas con una foto.


divendres, 20 d’abril de 2012

UN POSIBLE FINAL, TREINTA AÑOS DESPUES

- Mira la foto, ya está aquí.
- Qué guapa (ella baja la cabeza ligeramente avergonzada, como para contener la emoción).
- Mujer. No te pongas así. Un par o tres de meses y la tendrás en los brazos.
- A veces un par de meses pueden ser mucho tiempo.
- Fue suficiente para que decidiéramos casarnos, no.
- Ay, viejo, siempre andas con lo mismo.
- Y no, sólo es para que te des cuenta. El tiempo puede pasar muy lento si te estás pendiente. Déjalo pasar, ya está, nada más. Llegará julio y allí estaremos.
- Y mientras una foto.
- No! Ya diré que nos envien más, y haremos el álbum aquel que tanto tiempo estamos prometiendo.
- Anda. Ve a buscar la caja donde hay fotos, vamos a hacerlo ya.

Siempre le daba pereza tomar la escalera. Se subía al taburete y accedía al altillo del armario. Pensaba: el día que la rodilla falle me abro la cabeza. Pero siempre el taburete. La tapa de la caja estaba limpia. La abrió con cuidado y separó las fotos de entre los papeles. Vio un papel con cuatro palabras escritas. Recordó el papel. Bajo las cuatro palabras, una dirección e-mail y una clave de números y letras. Sintió curiosidad. Guardó el papel.

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Pasados unos días, accedió a la cuenta de correo. Se sorprendió de que cuentas tan antiguas se conservaran aún en los registros de las compañías de internet. En la cuenta había un solo correo enviado hacía cerca de 30 años.

"Querido Francesc:
No sé cómo ha sido posible que haya llegado a enterarse de toda esta historia. Supongo que coincidencias que le despertarían la curiosidad y, a partir de ahí, tirar del hilo hasta sacar el ovillo.
Sé que no he hecho nada malo. Necesitaba solucionar mi vida y la de mi padre de alguna manera, y opté por la que me pareció más sencilla. Horacio y yo somos felices juntos. Las situaciones que provoqué para que ello pasara no son tan extrañas. La gente se sigue y se busca más veces de las que pensamos. Sí que empecé por la desesperación, pero la desesperación es tan mal sentimiento que cualquiera lo sustituye con facilidad. Luego viene la conveniencia pero también apareció el amor. Si usted revela lo que ha averiguado no hará bien a nadie. Eso se lo aseguro. Le repito, somos felices. Así que comprenda que no es mucho pedirle su silencio.
Puede que de aquí a unos años esto le dé para un pequeño cuento."

dijous, 19 d’abril de 2012

EL FIN Y LOS MEDIOS


Debería pronunciarme sobre la endogamia. O sea: sobre escribir en el blog acerca de escribir en el blog. Hacer pasar eso por una entrada profundamente metafísica y, como en un viaje astral, proyectar en mi mente mi propia imagen escribiendo y hablar de ella. Describirme fielmente, valorar la luz que me ilumina y las circunstancias en que lo hago, si es de día o de noche. Si lo hago con un refresco o con un vaso de whisky. En la cama, en el salón o en la pequeña terraza (como le llaman los constructores a los grandes balcones cuando pretenden venderte un piso).
Pero no puedo emitir una opinión. La endogamia es en el fondo, una amiga a la que recurrir, como recurren muchos grandes escritores a escribir, declaradamente o no, sobre sí mismos. Vila-Matas, Houellebecq, Auster, Vallejo, Cercas, el mismo Bolaño, acaban introduciéndose en sus libros como personajes principales o secundarios, con sus nombres verdaderos o con extraños trasuntos con los que comparten parte o todo de rasgos y personalidades. No encuentran cosas fuera y buscan adentro.


¿A qué viene todo esto?.

Primero dejadme recrear algo en la historia de estas páginas, historia que creo que fui filtrando aquí, esquemática y esporádicamente. Pero que puedo resumir.

Empecé el blog porque ví un capítulo de House donde una enferma consultaba en el suyo acerca de los tratamientos que los médicos le proponían.
Por eso y porque mi enfermedad era haber caído de bruces en la literatura de ficción, de nuevo, por culpa de Roberto Bolaño.
Lo hice con la intención de que amigos y compañeros dejasen de tener gustos de mierda, a base de aconsejarles. Lo de gustos de mierda no se lo dije a la primera: dejé que se dieran cuenta paulatinamente. Algunos aún no lo han hecho.
De repente (y porque abrí el blog con mi auténtico nombre y apellido) personas de las que no sabía hacía tiempo me encontraron, antiguos amigos y conocidos; algunos se unieron. No sólo eso, me trajeron invitados. Esporádicos algunos de ellos, pero gente que pasaba por aquí. No todos se quedaron.
Atravesé una época en que escribía prácticamente para apenas media docena de personas. Montones de escritos sin tan siquiera un comentario. Decía (obviamente, a mí mismo) que me daba igual, pero no. Me jodía. Me jodía, pero seguía. Eso sería entre marzo y diciembre del 2011. Unos diez meses escribiendo cada día con muy escasa repercusión. Prueba de fe y resistencia, en cualquier caso. Si debo demostrarme algo a mí mismo, ahí hay una muestra. Diría que aún hay escritos que sólo yo he leído.
Y en enero, el asunto de Orsai: los links que colgué ahí me han llevado ( me han conseguido) a esta curiosa situación. Tenemos una pequeña comunidad, con unos cuantos miembros estables y algunos más inestables, que se pasan por aquí y ven lo que hay. Como el que pasa por un bar cuando sale del trabajo.  No todo el mundo va al bar al salir del trabajo, ni todos los días. El bar está siempre abierto, por eso. Tomas tu cerveza y puede que mires lo que hay puesto en la TV (el puto amo del bar siempre lo deja en el mismo canal : HBO), o pillas los periódicos y las revistas, y comentas sobre lo que te llama la atención. Puede que un día haya una pila de libros y todo. Igualmente, si no hay nada, se habla de lo que salga.


El otro día me sentí algo incómodo: cuando dos tiraban de un tango cada uno para su lado. Porque hay cosas que algunos aguantamos muy mal: ver dos amigos discutir. Los que hemos alardeado toda la vida de ser buenos elementos de cohesión, o catalizadores; capaces de encontrar siempre argumentos para mantener a la gente unida. Ya sé que alguno dirá (aunque ello significará que al menos ha leído ésto) que éste de que va.

Bien: veo las Orsai hasta el número 4 y veo la número 5 con todos esos cambios, perceptibles. La variación en los contenidos, la deriva hacia el contenido gráfico, la pérdida de peso específico del texto puro y duro. Me pregunto: ¿es consciente Casciari de que está evolucionando para satisfacer los gustos de quienes le leen?, o ¿ha hecho todos estos cambios a su entero capricho, se ha puesto el mundo por montera (odio los símiles taurinos) y ha dicho: ya me seguiréis?.

37 años para aprenderse 3 frases: mal actor.
Esto no deja de ser una digresión absurda. Como cuando hace unos días justifiqué la aparente falta de emociones (de emociones en la superficie). De hecho, es como si un mecanismo remoto hubiera sonado para que me siente y mire atrás: el Barça ha perdido; el rey ha pedido perdón; me han planteado enviar colaboraciones a otro blog; y miro los textos entre los que elegir para dar con aquel que me defina, y todos hablan de libros que no son de estricta actualidad, o de viejos discos, o de series que quien quiera ya habrá visto. Digo: joder, qué puta mierda. También me pregunto si no es exigir demasiado a quien lee que se pronuncie ni tan siquiera sobre una canción que puedes dejar de fondo mientras lees esto (como pretendo que se haga con las que puse justo aquí). Encerrado en este submundo que agradezco sin lágrimas ni emociones baratas, sé que allá fuera se reirán de los errores y las tonterías y todas las cosas que son propias de mi bisoñez. Que aquí se acogen con cariño y familiaridad. Pero fuera, ya no sé qué es lo que hay.





dimecres, 18 d’abril de 2012

LA NAUSEA Y LA CONJETURA REAL

Sin perder la esperanza de que Franco y Bernabéu resuciten algún día.
Días llevaba el corrompido cerebro de un tipejo como Alfonso Ussía buscando desesperadamente un motivo. Pues resulta que la prensa ultraderechista para la que escribe,  de repente, se dio cuenta de que añadirse a las críticas feroces contra la monarquía era alinearse con la izquierda. O sea, que la gente no quiere abatir la monarquía española para instaurar un IV Reich, que es lo que a La Razón le gustaría, sino para sustituirla por una República, y ahí la cosa cambiaría.
Así que su mentalidad enferma fue dándole vueltas hasta que vio la luz. La culpa es del elefante. Claro, animal torpe que destroza sembrados y arrasa con los hábitats y desequilibra los endebles ecosistemas en los que irrumpe.
Con lo que hoy el bicho éste (no el elefante, Ussía, que no es un noble y pacífico mamífero, si no un molesto insecto oportunista) escribe una soflama aludiendo a las maldades del paquidermo y a la necesidad económica de los estados donde se permiten y fomentan las cacerías. Para acabar argumentando, claro, nobleza obliga, y hay que amortizar las rodilleras, que el reyezuelo no solo le ajustó las cuentas (a un individuo, pero simbólicamente, a toda una especie) a un peligroso enemigo de la humanidad, sino que, para hacerlo, pues no hay pastel de la heroicidad que no tenga la guinda de la generosidad, aceptó que se pagara un buen dinero, para que pobres negritos coman caliente y puedan mejorar un poco la extensión o la calidad del tejido que usan como taparrabos.
Es decir, lejos de la perversa explicación que pergeñé ayer, irónicamente, la cosa habría ido, imagino, en realidad, así.

Un empresario de origen árabe -cuyos negocios nada tienen que ver con traficar con armas o especular con el precio del crudo o explotar a hindúes y bengalíes para que trabajen como albañiles en obras faraónicas construidas a base de sobornos y comisiones, sino, más bien, con comprar a humildes artesanos locales alfombras y vasijas para poder obtener pequeños beneficios con su comercialización en pequeños y austeros establecimientos- le explica a una guapa centroeuropea de nobles facciones y rubia melena, lo abrumado que se encuentra ante la delicada situación en que, le ha explicado un amigo al que conoce en obras benéficas en las que trabajan conjuntamente, se encuentra determinado país del Africa más deprimida. Manadas particularmente agresivas de elefantes acaban con árboles y sembrados en los que la pobre gente del lugar se afana, en largas jornadas pasadas bajo un sol implacable y una doliente sequía, en cultivar los pocos alimentos que sus estómagos necesitan ingerir para sobrevivir. Pero allí nadie sabe emplear un arma y todo son miedos y su escasa cultura y educación les impiden concebir modo alguno de desembarazarse de los dañinos animales. Compartir el territorio con ellos por mucho tiempo más los abocará, a ellos y a sus familias, a una muerte segura en medio de la más cruel de las miserias.
La noble centroeuropea, que coincide esporádicamente con el monarca en encuentros escrupulosamente escondidos a los entrometidos y tendenciosos medios de comunicación (con tal de evitar que se publiciten, pues el monarca es suficientemente respetuoso para alardear de su heroicidad y su desinteresada entrega a hacer el bien no sólo en su país, sino donde quiera que le sea requerido por voces amigas, y éstas lo son), le explica en el curso de uno de esos momentos (tendidos, relajados, alguno diría que teñidos de romanticismo), que sólo la valentía de un hombre nacido para mandar, y la precisión y pericia en el uso de las armas que su disciplinada y dura educación castrense le procuró, son las adecuadas y requeridas para misión tan fundamental: ayudar a los desvalidos africanos a erradicar la plaga que les impedirá, en últimas consecuencias, mantener a sus familias con vida.
Así que, dispuesto y voluntarioso, el monarca acude, inclusive aporta sus armas y municiones. Llegado allí, encabeza la turba de gente ilusionada que le idolatra, pues qué otra cosa puede ser concebida que no que esos pobres ignorantes pongan un pedestal a aquel que, aparte de librarles de la amenaza que se cierne sobre su futuro, se presenta allí con grandes sumas de dinero como desproporcionado presente para agradecer su humilde hospitalidad.
En el momento cumbre, el monarca ofrece generosamente a alguno de los nativos empuñar el arma y disparar contra alguno de los animales, ni que sea como oportunidad para que se erija como un héroe entre los suyos. Timoratos, con ese miedo que se compone a partes iguales de respeto e ignorancia, desisten, con lo que el monarca, digno e impasible, asume dar muerte él mismo al animal. En un gesto, que le honra como todos en esta épica historia, convoca a uno de sus acompañantes para que comparta esa gloria en una fotografía, que celosamente, guardará entre sus álbumes, orgulloso de haber ayudado a la gente, a la vez que triste de que ello haya acarreado la muerte de un animal, tan queridos, todos ellos, por él. Fotografía que será, como muchas otras, testimonio que le recordará lo dura que es su existencia como monarca: las duras decisiones a tomar y las desagradables acciones a ejecutar. 

Sí; ya sé que lo mejor que se puede hacer con alimañas como Ussía es no leerles. Que ni el pretexto de controlar al enemigo y mantener la máxima distancia con el antagonista son suficientes. Pero es eso: necesito comprobar periódicamente que sigo haciendo exactamente lo contrario que hace este gilipollas. Motu propio o, como primitiva reacción.
Aparte del detalle revelador: la ultraderecha necesita mantener una populista tensión contra la monarquía, empeñada en agotar las exiguas excusas que la mantienen (de las que no me creo ni una), pero a la vez, tiene miedo de que un eventual período de inestabilidad acabe revelando (gracias G.!) lo que cada vez parece más cierto. Que si la gente estaba harta, tras varios años, de los políticos socialistas y sus incoherentes decisiones, lo está de los conservadores en apenas unos meses.


LIBERTAD : EXTRACTO INICIAL DEL CAPITULO TITULADO 2004

"Cuando era ya inevitable que Richard Katz regresara al estudio con
sus impacientes compañeros de grupo y comenzara a grabar un
segundo álbum con Walnut Surprise —cuando hubo agotado todas las
formas posibles de dilación y huida, primero tocando en todas las
ciudades posibles de Estados Unidos y luego yéndose de gira a países
cada vez más remotos, hasta que añadió Chipre en el viaje a Turquía
y sus compañeros del grupo se sublevaron, y luego fracturándose el
dedo índice de la mano izquierda al detener el ejemplar en rústica del
influyente estudio de Samantha Power sobre el genocidio en el mundo
que lanzó con excesiva violencia el batería del grupo, Tim, desde el
extremo opuesto de la habitación del hotel de Ankara, y luego
retirándose en solitario a una cabaña en los Adirondacks para
componer la banda sonora de una película danesa de arte y ensayo y,
aburrido a más no poder con el proyecto, buscando un camello de
coca en Plattsburgh y esnifándose cinco mil euros de la subvención
para las artes del Estado danés,y luego desapareciendo sin previo
aviso durante un período de onerosa disipación en Nueva York y
Florida que no acabó hasta que lo detuvieron en Miami por conducir
bajo los efectos del alcohol y por posesión de estupefacientes, y luego
ingresando por propia voluntad en la clínica Gubser de Tallahassee
durante seis semanas de desintoxicación y desdeñosa resistencia al
evangelio de la rehabilitación,y luego curándose del herpes que no
había prevenido debidamente durante un brote de varicela en la
Gubser, y luego realizando doscientas cincuenta horas de servicios a
la comunidad agradablemente rutinarios en un parque del condado de
Dade, y luego negándose sin más a contestar el teléfono o consultar
su correo electrónico mientras leía libros en su apartamento so
pretexto de reforzar sus defensas contra las tías y las drogas, de las
que sus compañeros de grupo al parecer eran capaces de disfrutar sin
graves excesos—, envió a Tim una postal y le dijo que anunciara a los
demás que estaba sin un duro e iba a dedicarse otra vez a jornada
completa a su oficio de techador; y los demás miembros de Walnut
Surprise empezaron a sentirse idiotas por haberlo esperado."

¿A quién debo agradecer dejar a este tipo con esa cara?
No iréis a esperar que hable del asunto de YPF, más, tras lo que dije ayer (antes de los hechos). Vamos, no creo que nos llamen a las trincheras a ninguno. Ni a quemar embajadas. Conmigo que no cuenten para pitar a Messi. Ojo con Leo, a él se le toca por encima de mi cadáver. No creo ni que suba la gasolina, como aventuran los agoreros, ni que el sistema financiero español se hunda (más aún??) ni que la Caixa putee más a la gente de lo que ya lo hace. Lo siento: me encanta cómo se le ha hecho ese zas, en toda la boca, al prepotente gobierno español de ultraderecha. Soy un tocacojones. Lo dije desde el principio, aunque quizás usé una palabra más amable o esa figura tan retórica que es ser la esencia de la contradicción. Lamentablemente no me gustan tantos músicos argentinos como para tener la posibilidad de revolver entre un variado número de canciones hasta encontrar una adecuada para el momento, con lo que opté por una vieja favorita. Pues tengo prisa: he decidido no interponer más lecturas y adentrarme hasta el fondo en lo de acabar el libro de Franzen, tras lo cual, aventuro, me espera un nuevo despertar.


dimarts, 17 d’abril de 2012

PROMETI REGRESAR IMPLACABLE

Pobre Rey Inocente:

Hay que ser muy malpensado para malinterpretar una imagen como ésta. Donde se percibe con total claridad que Juan Carlos y su acompañante velan el sueño de un elefante que ha decidido hacer una siesta contra un árbol en esa estrambótica postura. Conscientes de que, en esa zona, gente malvada podría causar algún daño al animal, no dudaron en disponer de sus caras armas para ahuyentar a quien pudiera acercarse con malas intenciones. Es que el estado español tiene un mandatario que no se merece. Qué buena elección se hizo en su día.

Permiso Real Infantil:

Claro está que una persona que dispone en sus venas de, al menos, un 50% de sangre azul debe disfrutar de un tratamiento legal preferente. Si el niño se pegó el tiro en el pie, no deja de ser un acto de la realeza, por tanto, revestido de elegancia y nobleza. Igual quiso someter su organismo a una prueba contra el dolor (un oportuno test como adelanto de los elevados sufrimientos que experimentaría si, llegado el caso, hubiera de reinar). O puede ser que, por admiración a la figura de su padre (que cojea ostensiblemente como consecuencia de las secuelas de un ACV) quisiera probar un tiempo que se siente al andar así. Quienes somos nosotros, súbditos, para ponernos en el lugar de tan altas cabezas pensantes.

Pura Retórica Ibérica:

La prensa nacional, especialmente los medios de derechas publicados en Madrid, corren a echarse cautelarmente al cuello de los políticos argentinos que barruntan la posibilidad de nacionalizar YPF. No han dudado en destapar la caja de Pandora de las palabras con las que creen que pueden hacer mayor daño: Malvinas, distracción, ladrón, peronismo, populismo, expolio, corrupción. Artículos han hablado incluso del nivel cultural argentino como un nivel superficial. Han hablado de los argentinos como filósofos de peluquería. Por supuesto que si me la bufan los políticos españoles, no negaré que los argentinos también lo hacen. Pero aún no encuentro la secuencia lógica que otorgue algún derecho a una empresa extranjera a auto-imponerse exclusivamente en la explotación del subsuelo de un país (que forma parte de su riqueza intrínseca), siempre que, en caso de haber realizado costosas inversiones, sean previamente resarcidos de los costes de éstas. Para mí, los argentinos tienen todo el derecho del mundo a ser los primeros beneficiarios de las riquezas que sus tierras puedan generar. Dicho de otra manera: es que ha habido cojones de plantear eso en Arabia Saudi o en Kuwait??. Va, digamosles que invertimos allí y nos quedamos la explotación de sus pozos, venga. Porque resulta que los árabes de ésos y otros países ostentan sus riquezas y compran clubes de fútbol, como el que va al Carrefour y toma un pack de yogures. ¿No debemos permitir que todos los argentinos (por favor, nótese que he subrayado todos) se beneficien si están sentados sobre una enorme bolsa de dinero?. Y, quién narices es una empresa española para otorgarse decidir sobre eso?. Ay, cuanto tiempo deberá pasar para que nos demos cuenta de que eso es una injerencia.

Partidos Realmente Importantes:

Cómo puedo ignorar mis colores ante una semana excitante que podría ser el preludio de otra más excitante aún , en menos de un mes. Ya sé que hay quien no lee los post donde hablo de fútbol. Como excluyendo gustos prosaicos y masivos de un teórico mundo de delicias y manjares sólo para gouteurs. Popular, sí, pero en este onanista rincón del planeta que monté aquí, ser barcelonista hasta la última expresión de la materia de mi organismo, no puede ser pasado por alto ante el extremadamente estimulante panorama de este miércoles, el sábado, y el otro martes. Donde hay tanta gente dispuesta a fastidiarnos en mil y un modos, el fútbol es, aunque sean las dos horas justas en que uno se agarra al brazo del sofá, puro placer que excluye (por ese rato) a algunos otros.

Patrañas Religiosas Intragables:

Falleció hace unas semanas el papa de la rama copta de la iglesia, en Egipto. Religión que está en una descompensada minoría y que se muestra inquieta ante los avances del islamismo que, en la práctica, representan los gobiernos resultantes de los cada vez más tímidos e insignificantes cambios obtenidos por la primavera árabe. El caso es que uno de los ritos establece que su cadáver debía ser mostrado arropado por sus hábitos, en su templo (lo cual nos deja esta impagable fotografia, pura estampa de otra época que hubiese dado a los barrocos del siglo XVI para infinidad de cuadros y variaciones), y que su sucesor sea elegido entre tres candidatos por un niño con los ojos vendados. Y quieren que nos tomemos en serio las religiones.

Petardo Retransmitido Internacionalmente

Los coreanos del norte se han empeñado en acabar cayéndome simpáticos. Organizan un evento (es decir, dejan pasar a más de dos periodistas extranjeros supercontrolados a echar un vistazo) y zas, el cohete super-carísimo se les va al mar nada más lanzarlo. Lo cual deja a los coreanos del norte en alturas tecnológicas análogas al mundialmente famoso mentos+cola light. El problema: volverán a gastarse otra inmensidad de dinero en armas y cohetes para acabar haciendo un espantoso ridículo, y la población del país muere de hambre, y, aunque de eso no se muera física sino retóricamente, de ignorancia. O sea, de simpáticos, nada. Y ojito con su líder (al que ya le han colgado un apelativo de esos grandilocuentes). Esa pinta de niño consentido a punto de hacer pucheros no me ofrece ninguna confianza. Más bien me da un mal rollo espantoso.

Placer Retardado Indefinidamente

Es Libertad asimilable al sexo tántrico, 6Q?. Bueno, lo fue, Tuli?. Superados los días que empleé en leer La condición humana, empiezo en el capítulo (2004) en que lo dejé. Apenas cuarenta líneas iniciales muestran sin respiro el recorrido de una estrella de rock de éxito tardío, frase tras frase de comportamientos y hechos de la más variada especie que marcan o definen su existencia. Joder, Franzen,  qué maestría y qué manera de mantener el más elevado de los niveles en todas las páginas. Literatura, sí, pero a la vez opinión y cultura y sociología, todas ellas tan rabiosamente bien planteadas, ejecutadas, contemporáneas. Qué puñetero o especial debía ser el crítico que no considerara este libro, por lo menos, uno de los cinco mejores del año pasado.






dilluns, 16 d’abril de 2012

COSAS DE NIÑOS

Me gustan los niños. Los míos, seguro. Aunque cada vez lo sean menos y entiendan más cosas de las debidas.Y digan palabras que yo no me atrevía a decir ante mis padres. Sobre los niños de los demás, ya sería otro tema. Los de nuestros hermanos y amigos, un rato, aunque sea por darles a sus padres el merecido respiro de un par de horas sin sufrir su elevado nivel de exigencia. Pero ya no pasaríamos mucho de ahí. A partir de la edad en que dejan de ser bebés, lo mejor es que cada uno, como los gobiernos, disfrute de los niños que se ha merecido.
La comedia humana es una novela protagonizada por niños. Los adultos restringen sus presencias a papeles secundarios: la madre bondadosa y resignada, el padre ausentemente presente, el telegrafista que busca refugio en la ebriedad, el tendero que vive el sueño americano.
Es un sutil alegato antibelicista, ambientado en Ithaca, un pueblo de California en plena época de la II guerra mundial, cuando el ejército americano interviene en el conflicto, presumiblemente, aunque no queda claro en el libro, en Europa. Entonces, que yo diga que un sutil alegato antibelicista, concepto que desborda elementos positivos, me parece insuficiente como gran novela, no va a quedar muy bien. Porque apenas lees la breve introducción al argumento en la contratapa y la descripción de la familia de Homer y Ulysses (nombres a añadir al nombre del pueblo en las no tan sutiles referencias clásicas) los niños protagonistas, y la situación particular de cada uno de sus miembros y, apenas a las diez páginas, la lectura de las 214 restantes se convierte en una espera inminente de lo que va a terminar por producirse. El acontecimiento que sabes, seguro, que marcará el libro, y que no haces más que preguntarte si el autor lo situará en el centro del relato, desplazando  el protagonismo hacia sus repercusiones, o al final, con lo cual marcará el desenlace de la narración. Esta previsibilidad lastra el libro, que acaba convertido, conclusión que he de confesar tomo una vez acabado, en el relato de una serie de experiencias infantiles, domésticas, callejeras, escolares, que sirven poco más que de escenario del redoble de tambores que es el preludio de la desgracia inevitable.
Bien traducido (por Javier Calvo, novelista barcelonés con carrera en ascendencia) y bien escrito, la obviedad de los hechos impide su disfrute, aún a sabiendas de que no estamos ante un thriller, y de la innegable validez de su mensaje central.



diumenge, 15 d’abril de 2012

LA MASA CRITICA

Qué extraño amigo era. Consciente de la fascinación que nos despertaba, inventaba teorías una tras otra para explicar el funcionamiento de casi todo. Claro que lo hacía para acaparar la atención. No era suficiente la que le tocaba en ese reparto desigual que son las relaciones humanas. Así que no había día en que no tuviera preparado algún bizarro razonamiento que dejaba bien a las claras, siempre según su amateur, pero meditada opinión, los  motivos de alguna cosa.
Recuerdo lo que decía de los gays. Dijo que los gays querían dominar el mundo y ello podría aniquilar la raza humana, pero que en  el último momento alterarían ese plan y todos volverían a ser heterosexuales. Sólo después de acercarse a sus objetivos y haber constatado que eran capaces de alcanzarlos.
Decía : los gays activos son hombres que quieren aumentar su cuota de poder a base de imponerse sobre otros hombres. Es una carrera loca de poder absoluto. De la imposición cruda y carnal que representa la penetración. Son tan machos que han perdido interés que un día tuvieron por las hembras pues las consideran débiles, así que la imponen sobre hombres, y cuanto más poderosos mejor.
En medio de las carcajadas todos le preguntábamos entonces que qué pasaba con los gays pasivos.
A lo que él respondía contundentemente que eran aún peores, en ese retorcido planteamiento del dominio. Que, conscientes de la capacidad de esclavización que una mujer era capaz de ejercer sobre un hombre en el ámbito sexual, habían tomado con determinación ese rol con el objetivo de someterlos. Así, tanto gays pasivos como activos lo eran en función de un enaltecimiento irracional de la condición de machos. 

Todos reíamos de la vehemencia con la que defendía hipótesis tan descabelladas. El mantenía un posado serio, a veces esbozaba una tímida sonrisa teñida de sorpresa y escepticismo, mientras daba un trago a la cerveza que ponía, ceremoniosamente, ante sí , ligeramente desplazada a la derecha, mientras  desgranaba sus argumentos. Un día, dijo, os hablaré de lo que estoy descubriendo: los argentinos quieren dominar el mundo. Os diré por qué.

¡Cómo se hundía esa seguridad cuando quedaba a solas con alguien! El público, que quedaba reducido a una persona, a la que no tenía más remedio que mirar a los ojos. Entonces los ojos de quien le escuchaba eran dos balcones sostenidos precariamente sobre un precipicio de cincuenta o más pisos, dos inmensos lagos en los que se hundiría y se confundiría con el agua, llevado por alguna corriente subterránea. Nadie aplaudiría en primer lugar y nadie seguiría una primera salva de aplausos.



Ayer tuve un ajetreado día familiar. Partido de fútbol de mi hijo, a una hora insanamente temprana. Que prosiguió con una fiesta a la que acudía, en casa de un compañero de clase, en Sitges. 40 kilómetros de Barcelona. Mi mujer y mi hija acompañándonos previas negociaciones. Amigas acompañando a su vez a mi hija para autoprocurarse un día teenager en las encantadoras calles de la villa, y mi mujer pidiéndome cierta comprensión en un agotador maratón de tiendas de ropa. Santo varón, aporté coche, conducción, tarjeta de crédito y paciencia infinita a cambio de dos condiciones: visitar una librería, con la intención declarada de sólo husmear y ver, y regresar a casa a tiempo de ver el partido del Barça. Todas las partes involucradas cumplieron las condiciones y fue un día magnífico.
Descubrí que en Sitges hay una bonita librería llamada Ópera, en la calle Major haciendo esquina con una de esas empinadas calles que llevan al mar, y que quien la atiende los sábados por la tarde no osa recomendar ávidamente un libro que no haya al menos intentado leer.

De la librería no me llevé nada: es indecente la pila de lecturas y reservas pendientes, compradas o de la biblioteca, a las que he añadido ya incluso cuentos de Cortázar y Bolaño conseguidos en la red.  Hay que bajarla: es un objetivo prioritario.

Pero en una de las tiendas de ropa no pude evitar coger un papelito, de una pila que estaba al lado de todos esos flyers que promocionan bares de copas y sitios cool donde cenar. Alguien se ofrecía para dar sesiones de coaching. Yo ya le dije a alguien lo nervioso que me empezaba a poner eso del coaching. Pero como todos los conceptos modernos que se han creado por la necesidad de vender a la gente cosas nuevas (mejor, cosas antiguas que parecen nuevas porque se les atribuye un termino anglosajón), pasa a imponerse y a aparecer hasta en la sopa en un santiamén.
Yo entiendo que la gente necesite que alguien especializado les ayude en el desempeño de ciertas cosas. Pero la cuestión del coaching (en adelante, el cdc, couching de los cojones), me parece que es una especie de coartada para que la gente ya no se plantee solucionar por sus propios medios sus problemas. Soy tímido, o no sé comprarme ropa sin que parezca daltónico, o estoy gordo, o me pongo como un tomate en cuanto dos me miran. Hay montones de expertos en cdc que, por módicas cifras, harán por resolver esa carencia. Entonces el cdc me parece como amistad que se cobra. Porque la gente siempre confiaba en amigos, o en familia, para que les ayudasen en las cosas. Amigos que te acompañaban en tu quijotesca aventura de ponerse a correr, o de montarte una biblioteca básica, o en comer sano. No es necesario: el experto en cdc ya se preocupará en hacerlo, aunque sea por el polvo que te mete en cada factura. Cdc para empresas, para colectivos, para particulares o para grupos de amas de casa aburridas que ya no saben que hacer para gastar el dinero. Cdc emocional, que acabará mostrándote que odias porque amas y viceversa. Justo cuando Germán se mostraba entusiasta con lo que este insignificante rincón del éter significa. Aquí todo es for free, 24/7. Y el remate fue ver lo que ese experto en cdc ofrecía como servicios adicionales : tarot, reiki y fengshui.
Dije; au revoir.



Segueix a @francescbon