dilluns, 31 d’octubre de 2011

AUTOBIOGRAFIAS DE EXTRAÑOS



Uno ha de andarse con pies de plomo si no quiere arriesgarse a recibir ciertos calificativos. Mejor dicho, uno se expone a los calificativos que no le importan, pero quiere evitar a toda costa los que sí. Uno es que le tilden de machista. Dejemos la tercera persona. Yo no quiero ser tildado de machista. Pero induce a ello ver que no hay ninguna mujer entre mis veinte, quizás cincuenta escritores favoritos. Añadido al hecho de que el primer objeto de mis diatribas, cuando me pongo a ello, sea Isabel Allende, que parece cumplir con todos los tópicos (y sé que lo hace para fastidiarme) : mujer, y con cierta predisposición hacia el público femenino. Entonces no puedo pecar de precipitación con Amélie Nothomb. No será por intentarlo, pues serán cuatro los libros que lea de ella. El segundo ha sido Estupor y temblores, otro episodio autobiográfico, esta vez basado en el año que la autora, en su juventud, pasó trabajando para una importante empresa japonesa. He leído en algún blog que Nothomb podría haber empaquetado sus cinco novelas con referencias autobiográficas, a la 2666, y que el producto de esta operación hubiera sido una obra de capital importancia en las letras francesas. Pff. Que su coexistencia con un genio como Houellebecq es lo único que bloquea su acceso a autora de referencia. Pff #2, si bien de acuerdo, Houellebecq es un genio.
Lo que pasa con Nothomb es que no puedo escapar cuando leo sus libros a la sensación de banalidad que me inunda. Pienso en cosas como El diario de Bridget Jones, y en aturdidas chicas condenadas a la perpetua angustia. Leo con avidez, llego rápidamente al final del libro, rara vez se complica la vida, pero cierro el libro y, donde Houellebecq me enriquece, de los libros de Nothomb se me quedan dos o tres detalles. Menciones a Riuychi Sakamoto, y el conflicto occidente-oriente siempre presente, con Amélie como víctima propiciatoria, en un libro de la férrea estructura familiar japonesa, en otro de la férrea estructura laboral, con sus jerarquías y su uso de la disciplina por encima de cualquier otra consideración. Por encima de las peripecias de una jovencita hija de diplomático que está ahí, pero siempre parece que pasa por ahí. En Ni de Eva ni de Adán no había sexo, y yo no quería que Nothomb fuese Valérie Tasso. En Estupor y temblores no hay ni vida particular: no sabemos porqué trabaja allí ni cuanto le pagan ni que pretendía hacer. Solo sabemos, desde una perspectiva ingenua y atolondrada, que toma iniciativas que no debería, que usa la bondad y el bagaje sentimental propio de occidente, y que eso en Japón es la fórmula idónea para el fracaso más estrepitoso, fracaso que allí va seguido de la mayor de las humillaciones.
Para equilibrar esta balanza, sumamente descompensada, mis próximos dos libros de Nothomb serán puras ficciones. El personaje de Nothomb en primera persona ya ha dado suficiente de sí y no parece poder cambiar mi opinión inicial. Ahora toca ver qué crea Nothomb y como lo crea. 

diumenge, 30 d’octubre de 2011

LOS COLORES PROHIBIDOS

Amélie Nothomb debería ser una de las primeras escritoras femeninas en optar a incorporarse al desdichado Olimpo de los Dioses particular de este declaradamente ateo blog. Debería por cierta suma de circunstancias, nada desdeñable ser publicada por Anagrama, importante ser prácticamente coetánea (nacida en 1967), estimulante cierta pose ligeramente vecina a la rebeldía, su gusto por ser imagen en las portadas de sus libros, cierto aire autobiográfico que siempre flota en sus escritos : "la belga que nació en Kobe". El conflicto entre culturas, las indefinidas fronteras entre fascinación y repugnancia hacia lo completamente diferente.
También pone muy fáciles las cosas con Amélie Nothomb  el hecho de que ninguna e sus cerca de diez novelas supere las 200 páginas. Juzgar su obra no lleva mucho esfuerzo. Sus tres obras principales no llevan más de cuatro o cinco horas en total. Y no busquéis estructuras literariamente ricas como las de Davies o Bolaño. Frases, diálogos, e ir tirando.
Porque es lo que voy a hacer. Leer Estupor y temblores y, si me engresco, seguir con La higiene del asesino. Entonces emitiré un veredicto que servirá, a todos, para lo mismo que sirve, a todos, lo que yo escribo aquí. El esfuerzo y los sudores y los dolores de cabeza pensando qué narices hago para no ser un mero reseñador que transcribe y describe el caos que se va encontrando. Puede que a una Mlle. Burlesque desaparecida esto la anime a escribir una nota de aún existo pues las novelas de Nothomb se desarrollen en el ámbito de esa cultura nipona que tanto la fascina, claro. Me pronunciaré definitivamente, si hay algo definitivo cuando un escritor aún vive y puede redimir sus pecados o magnificar sus logros. Pero ello no implica que no pueda decir algo ahora, que el partido está en el descanso, o, como mucho, en el último tramo de la primera parte.
Nothomb llena Ni de Eva ni de Adán de experiencias propias. Espero que todas sean ciertas, aunque en el fondo la estructura del libro acaba sucumbiendo al tópico de intenté una relación con alguien muy diferente y, como era de esperar, fracasó. Otro tópico al que sucumbe Nothomb, y espero que comprendáis que despues de leer the whole Houellebecq uno lo eche en falta, es el describir toda la relación amorosa en términos sentimentales, regateando (alguno diría que elegantemente, yo digo que pudorosamente) ser lo mínimamente explícita en la cuestión sexual. Claro, cómo una señorita hija de diplomática iba a ser generosa en detalles procaces sobre los encamamientos de dos veinteañeros. No se da cuenta Nothomb que esa cuestión desgracia el libro a los fines del tipo de público al que puede dirigirse. Mostrar tanto detalle en cuestiones como el ascenso al Monte Fuji, con un pequeño desliz escatológico, y soslayar dos años de sexo interracial, mientras se especifica cada grado del avance de los sentimientos en la relación no es elegancia, Amélie, es pura mojigatería, en los tiempos que corren, que impiden optar a las grandes ligas. Nadie, y menos yo, humilde reseñador ignorado por millones de personas entre las cuales están todos y cada uno de los japoneses de este planeta, puede exigirle a una fina señorita belga educada en las buenas maneras y en hacer mutis por el foro en las cosas de las relaciones carnales. Pero es 2011 y los jodidos cambios que el mundo nos trae, al menos para mí, exigen naturalidad y valentía para hablar de las cosas. No silencios camuflados de elipsis poéticas.


divendres, 28 d’octubre de 2011

RITMO DE CRUELDAD

Debo empezar este post agradeciendo al Sr. Peces Barba sus palabras, que no hacen más que reafirmar que ciertos procesos deberían ser ya irreversibles, que sería mejor para todos. No sé qué narices significa en el estado español eso de ser padre de la constitución que se acaba convirtiendo en una especie de patente de corso. No seré yo solo quién le dé las gracias, claro. En este acto tengo la estrambótica compañía del PP, que mucho dinero puede ahorrar en la campaña electoral si la mejor propaganda se la están haciendo, y pagando, sus contrincantes.
Oigo ayer a Pernando Barrena en la radio y pienso que sí, que realmente Bildu puede aprovechar muy inteligentemente la torpeza que le rodea para ser primera fuerza electoral en Euskadi. Pienso en Alfonso Ussía andando por los pasillos de la redacción de La Razón, desorientado como un pollo al que le han cortado la cabeza. ERC, en cambio, seguramente sea la cuarta o la quinta en Catalunya, y lo peor es que aún se deben reunir preguntándose el motivo. Cada vez que lo analizan, toman una decisión peor que la anterior. O alguien sabe quién es Oriol Junqueras ?? Por favor, si alguien que me lee lo sabe que deje un comentario o me envíe un e-mail : francesc.bon@gmail.com.
Y no vale mirar antes en google. Había que saberlo ahora.

Con lo que parece que toca preparar una maleta con lo necesario y tenerla preparada para salir pitando. Pues Peces Barba ya habla de bombardear Barcelona. No saco frase alguna de contexto. Bombardear Barcelona nunca pueden sonar bién en una frase. El tipo lo dijo: padre de la constitución, hijo de su santa madre.
Toca preparar la maleta como he preparado la de mi mujer cuando sus embarazos alcanzaban ciertos plazos. Pero aquí no habría la esperanza del regreso a casa y la vuelta a los biberones.
Toca preparar la maleta como le decía Pacino a Depp en Donnie Brasco.

Francesc : ya hay suficientes anáforas últimamente.

Sí claro. Si anáfora se considera el repetir el por qué, seguirá habiendo anáforas.

Por qué los griegos no han hecho lo mismo que los islandeses ?? No querían, querían pero no se ponían de acuerdo, querían y se pusieron de acuerdo pero se dieron cuenta que no les dejarían ?. Tuvieron miedo, o tuvieron un sentido de la responsabilidad que pasó por delante de la valentía. Leo hace un par de días todo lo que puede pasar en Grecia y me da auténtico pavor que toda esa pléyade (palabra sumamente amable para lo que debería calificarse como manada) de políticos y de analistas esté un día sí y otro también desde hace unos meses, discerniendo si los europeos de clase A entran, esta vez sin tanques ni alambradas, en España, o en algún otro lado, y empiezan a decirnos que ya tenemos bastante de esto y de lo otro, que se ha acabado Eldorado y empieza a ser ya la horita de ir pagando.

Quizás me compre una bandera blanca.

Miscelánea : el Partido Utópico, Fantasioso y Onírico propondrá estas medidas: 
una ley que establezca que nadie puede ser obligado a abandonar su vivienda en caso de impago de cuotas. Que simplemente hará que esa persona acumule una deuda, pero que su derecho a permanecer allí sea inquebrantable. Ley por supuesto restringida a una única vivienda que cada individuo haya declarado como su domicilio habitual.
Otra ley que establezca que, en compensación de las ayudas públicas recibidas por las entidades financieras para su recapitalización, éstas deben entregar cualquier terreno o inmueble que posean y no sea necesario para el funcionamiento de la entidad. El estado se hará cargo de estas viviendas. Alojará en las que estén en condiciones a las clases desprotegidas, con un baremo de m2 necesarios por persona. Reiniciará obras en aquellas promociones que se encuentran a medio acabar, permutando en lo posible emplear a desempleados a cambio del uso y disfrute de estas viviendas, como contraprestación. Los terrenos sin edificar se reintegrarán al patrimonio del estado, a fin de no alterar significativamente el mercado del suelo.


dijous, 27 d’octubre de 2011

A VISTA DE PAJARO

No recuerdo muy bién cual fue mi primer contacto con Roxy Music. Sí que sé que fue una iniciativa propia, no el disco que oyes en casa de un amigo o en la radio. Claro, cuando oíamos discos en la radio, no algunos discos, más bien casi todos, pues esas primeras emisoras de FM y esos programas de medianoche conformaron muchos de los gustos de mi generación. Sin MTV, sin apenas grupos viniendo a dar conciertos, aquellos últimos 70 y primeros 80 eran años de buscarse la vida para la música.
Pudo ser con la crítica de Manifesto de Ramón de España, pero algún artículo en el Vibraciones también se agarra a mi cabeza. En cualquier caso eran reseñas que hablaban de regreso, de reencuentro de la banda, que mencionaban a Brian Eno, que sólo estuvo en el primer disco pero dejó su estela en el grupo, de David Bowie, cuya sombra andrógina planeaba como influencia, aunque hay quien planteaba si no era un competidor. Hablaban también del sonido Stax, puede que hablasen del flequillo de Bryan Ferry, por aquel entonces, 1979, David Sylvian ya empezaba a probar con cierta afectación en su voz, en vez de la agresividad inicial. El giro de Japan se gestaba también en aquel momento.
De Manifesto recuerdo algunas cosas: el inconfundible cálido olor de la carpeta del vinilo, el color rojo y negro, la escasa información en la carpeta, gracias a las tacañas ediciones nacionales, y que mis canciones favoritas eran los singles, Dance away, Trash y Angel Eyes. Me fastidiaba que la versión de Angel eyes que se publicó en single fuera diferente al LP, que fuera más sofisticada y moderna. Pero en 1979 las cosas iban así : cuando te comprabas un disco había que disfrutarlo a tope. No había muchos, y no sabías cuando te comprarías otro. De todas maneras, sí recuerdo que el ritual de pasar por la tienda de discos con cierta frecuencia ya había anidado en mi existencia.
En cualquier caso me quedó muy claro que Roxy Music iba a ser un grupo al que seguiría. Con la perspectiva de los años, acabo pensando que me gustaba su música pero también su pose como grupo, cierta actitud que traspasaba lo puramente musical. 
En 1980 publicaron Flesh+blood, disco en el que regresaban a las modelos en la portada (pues en Manifesto todo eran maniquíes), donde todo era más luminoso y versioneaban a Wilson Pickett y a los Byrds. Ramón de España escribió también una reseña de ese disco, que me chocó sobremanera. Mi canción favorita en ese disco, Same old scene , era la que el crítico consideraba como horrorosa, por su voluntad bailable. A mí me gustaban sus toneladas de teclados, esa especie de muro de sonido que apabullaba, cuya audición no pocos problemas me acarreó con mi familia y mis vecinos. Siempre al máximo, la canción lo exigía. La policía nunca llegaba a tiempo para impedir que la oyese completa, claro.


Nadie le había dicho a Ferry lo del último botón de la americana, por cierto.
Y no hablemos del peinado mule de Andy McKay. Los 80 : tantos crímenes por los que responder.
En algún punto desde 1980 a 1982 un incomprensible intercambio de favores hizo que recibiese de la familia de un amigo el regalo de los tres primeros discos de Roxy Music : Roxy Music, For your pleasure y Stranded. Discos con portadas llenas de modelos despampanantes, con profusión de fotos y lujosas carpetas (comprados en Andorra, qué tiempos!!), llenos de notas de su grabación y de sus músicos. 
Discos que llevaban A song for Europe, discos que llevaban 2HB.


Mi orgullo de fan de Roxy Music era inenarrable, en unos tiempos en que eran respetados por el punk y la new wave, e ignorados por el heavy metal. Justo lo que yo quería. En pleno 1982, año de apogeo de un movimiento,el new-romantic, que les rendía pleitesía, publicaron Avalon. El que sería su último disco. Sin mujeres ni maniquíes en la portada, esta vez un misterioso, o misteriosa guerrero, o guerrera ataviada con un casco y acompañada por un halcón. Un giro estético para una despedida.
He tardado unos años en comprender que la banda sólo podía, tras el éxito descomunal de ese disco, hacer otra cosa que disolverse. Primero porque, aún con su eficacia, el sonido del grupo ya no daba más de sí. La elegancia de Avalon era tan insuperable como autodestructiva. Su sonido claro y espacioso, ciertos aires celtas, algún instrumental, alguna balada sobreafectada, eran, quizás sin quererlo, un laberinto sin salida para aquellos que habían empezado la carrera con el caos sonoro de Re-make/Re-model, primera canción de su primer disco. De allí a la laguna de Tara, que alguno con muy mala leche podría atribuir a payasos como Kenny G, Roxy Music habían trazado un extraño itinerario. Avalon tiene un elevado porcentaje de culpa de la existencia de engendros como M80, RAC105 o KissFM. Algo extrañamente perverso radicaba en que ese sonido pulido y majestuoso acabase acercándoles a todos los públicos. Brian Eno debía contemplar el proceso, estupefacto, desde su estudio.

También he tardado años, y puede que esta tarde me haya dado cuenta de una manera definitiva, en comprender lo prescindible de la carrera en solitario de Bryan Ferry. Carrera errática a través de baladas y funk tecnificado de cada vez más baja estofa que, a pesar de alguna que otra canción memorable, no pudo huir de una especie de tierra de nadie esteticista a la vez que narcisista, siempre sacudiéndose algo pretenciosamente el flequillo, siempre andando a tientas en el difícil equilibrio de preferir, en el fondo, ser Bob Dylan, pero a la vez estar pendiente de que el nudo de la corbata no se aflojara.



dimecres, 26 d’octubre de 2011

UNA SEÑAL NO ES SUFICIENTE

Al cabo de una media hora, pensé : Nadie me paga por esto. 
Luego dejé el libro sobre una mesa, y mi primera intención era, como algunas veces, concederle una segunda oportunidad. De hecho es la segunda oportunidad para Oé. De hecho, De Lillo va a contar con tres oportunidades pues Ruido de fondo anda por ahí, esperando que supere esta pequeña crisis que me induce a buscar libros de no más allá de 200 páginas, libros que, con un par, me propongo despachar de una sola sentada.


Pero no sé si Oé contará con tanta benevolencia. Algo se debe perder en la traducción desde el japonés, algo que sobrevive mejor en los libros de Murakami, que conservan cierta poética ajena a las palabras y los sonidos. El caso es que salí indemne de la dureza de La presa, que me dejó frío, y no he podido superar apenas 70 páginas de Una cuestión personal, alcanzado el momento en que he tenido suficiente sordidez. Ello no significaría que se trate de un mal libro. Simplemente que no alcanzaba a ver el punto donde tanto retorcimiento, y tan insano, quedaban equilibrados, y justificaban atravesar ese via crucis sin la suficiente dosis compensatoria de buena literatura. Eso sí es una cuestión personal. Al igual que no soporto el death metal, pues no puedo con mis tímpanos, la claustrofobia de la trama de Una cuestión personal no encuentra sentidos en mí que la valoren. Y su final acomodaticio, menos. El libro de Oé acabó en mi mesa a consecuencia de una especie de triple coincidencia, paseándome por la sección de la biblioteca donde están los autores por N, por O, y por P.
Oé, Kanzaburo y cerca de él, Pàmies, Sergi. Aquí no hay traductor al que disculpar, pues leí el libro en catalán, idioma en el que fue escrito. Ya me había arrepentido de considerar a Pàmies un émulo de Quim Monzó, pero Si menges una llimona sense fer ganyotes no pone mucho de su parte para contradecirme. Demasiada cotidaneidad, demasiados personajes anónimos, demasiada salida socorrida hacia perversiones o desviaciones ligeramente salidas de tono. Pàmies es uno de esos buenos escritores de artículos en prensa, y su narrativa corta es efectiva, pero no alcanza a Monzó, y me da algo de pena decirlo, pues parece un buen tío. De hecho parecería mejor tío que Monzó, pero la literatura no es cosa de buenos tíos, a veces es cosa de huraños señores malcarados que abren la puerta de su casa en batín y con el ceño fruncido desde hace semanas. 
La N en esta extraña elección la aportó una autora belga nacida en Japón, Amélie Nothomb. Ya sabéis que intento encontrar una autora femenina que integrar a este universo. Es una especie de estrambótica compensación a tanto macho correteando siempre por este blog. No sé si Nothomb será la primera en contar con este honor. La casualidad quiso que el libro de Oé pasase en Japón, al igual que el de Nothomb, y encima, que  la traducción de éste fuese, mira tú, de Sergi Pàmies. Todo casual. Lo que hubiese dicho en otros tiempos de esta señal. En cualquier caso el de Nothomb va a ser el único de estos libros que me decida a acabar, pues cuenta con los suficientes méritos, a pesar de que hay detalles que andan sobrándome. Pocas cosas son perfectas, y creo que he encontrado la mayoría de ellas. Pero donde no superé ni 20 hojas de Lorrie Moore, Nothomb ha conseguido, con sus defectos y su estilo algo acursilado (lo que otros llaman delicioso), que supere manías y vaya adelante.
Por cierto, más. Justo de hace unos días. El mito crece.
http://www.jotdown.es/2011/10/imprescindibles-the-wire/


dimarts, 25 d’octubre de 2011

TRES, CUATRO AÑOS

Para qué esperar ?. No esperaremos ya bastante, al menos yo, y el reducido grupo marginal que se presta a hacerme caso, para tener en las manos un nuevo libro del francés ?. Que Dios sabe cuándo será.
Pocas ocasiones se me prestan para sacar pecho tan ostentosamente. He leído todo Houellebecq. No puedo afirmar lo mismo de prácticamente ningún escritor. De Bolaño, porque reservo alguna de sus primeras novelas, para épocas de sequía.
De Kapuscinski, porque muchas de sus obras siguen intraducidas, y no acaban de interesarme sus ensayos, decididamente me gusta más su obra con un perfil más periodístico. 
De Hornby, porque empiezo a temerme que su lenta decadencia iniciada con (irónico) En picado motive un irreversible rechazo, por hastío y decepción. 
De Cercas, porque no hay manera de conseguir sus primeras obras. 
De otros, Roth, McCarthy, Ford, McEwan, por la extensión de su obra. Ya no digamos de Auster (aunque empiezo a plantearme si Auster me interesa de verdad, leeré algún día El palacio de la luna y decidiré).

Lanzarote es una novela muy corta, prácticamente poco más que un relato, que podría servir de prefacio a La posibilidad de una isla. Como un esquema apuntando el potencial de la novela definitiva. A pesar de su brevedad, Houellebecq no se priva de suministrar sus píldoras, en especial sobre uno de sus blancos habituales (el islamismo), y, como siempre, subliminalmente, sobre la sociedad de consumo que todo lo masifica, la que funciona a piñón fijo con la ley de la oferta y la demanda. Se me olvidaba, con mucho sexo y muy explícito. Cómo no. Es una novela menor, obviamente, pero complementa a la perfección a sus grandes obras, y hasta cierto punto (pero ésto puede que sea una apreciación personal producto de esta sensación finalizadora), se hace necesaria para apreciar la visión de conjunto.  Que son los grandes trazos presentes en su obra. El hombre de mediana edad como paradigma de la sociedad, al cual las paranoias levantan o lastran, ante la indiferencia de su entorno. La imposibilidad de una relación afectiva serena, ante la agresividad de su entorno. El capitalismo y sus dinámicas diabólicas como invitado de honor en mesas, camas, existencias, ante el interés de su entorno. Todos los personajes de Houellebecq parecen querer huir, parecen querer encontrar un lugar de recogimiento y calma, pero les es imposible encontrarlo. 
En medio de tal desbarajuste, Houellebecq entra con un machete con sus ideas, expuestas siempre con maestría. El grado de ironía, de desesperanza y amargura es lo que cambia. La visión del mundo es casi siempre apocalíptica, pero hay rendijas que dejan pasar luz, esa luz puede llamarse triunfo social, que permite pasárselo todo por el forro, decepción infinita, que permite pasárselo todo, también, por el forro, y los diversos apósitos que elegimos para mitigar esa apocalipsis : amor y sexo, en sus diferentes combinaciones.
Evidentemente, Houellebecq está mucho más incómodo cuando no le es posible anteponer la máscara de un personaje de ficción para expresar su ideario. En los textos de El mundo como supermercado , igual que en los de Intervenciones, el escritor se muestra algo más coartado, en ocasiones. Los libros de ensayo son como son: te gustan en función de que el tema te resulte interesante. La destreza del escritor ayuda, pero es difícil que solo un estilo literariamente eficaz nos acerque a temas que nos la traen floja. Michel no hace milagros.

No hay una conclusión final: con muchos de los mejores escritores de los últimos 20 años fallecidos, Houellebecq me sigue pareciendo el bastión absoluto de una especie de metaescritor total, no solo interesado en crear personajes sino en hacer que estos calen hondo. Lo más parecido al status de ciertas rock-star de los 70 (Ferry, Bowie, quizás Reed, tal vez Byrne), cuyo talento envidiamos (envidiábamos) por, simplemente, andar dos pasos adelante.

Hasta cuando, Michel ?

PACIENCIA A PRUEBA

Llueve sobre Catalunya, para qué hacer la contraria a tanto poeta y rapsoda sobrevenido que ve la lluvia, especialmente aquella que es torrencial y violenta, como una especie de invitación a procesos de catarsis y reinvención. Así que igual que tanta agua llevará el árido polvo hacia las alcantarillas, la vida de unos cuantos gozará de una nueva perspectiva.
Llueve sobre Catalunya y yo leo los últimos Houellebecq, los acabo pero dejo para más adelante una tesis sobre la obra integral del francés. Antes me pregunto, sin trascendencia, eh, me lo pregunto mientras ando por la calle mirando si hay cola en el supermercado para entrar a comprar un par de cajas de galletas, mientras veo y decido que no, que ya iré luego, me pregunto si Houellebecq será recomendado en Francia, en pocos años, como una lectura obligada a alumnos de secundaria. Como debe serlo Balzac o Breton  o Hugo (o Montparnasse o Proust o Rimbaud, pero no Apollinaire), me pregunto si quizás los libros o lo que sea que estudien los adolescentes franceses dispondrán de una foto del escritor, de esas clásicas con la mirada algo esquiva y la cabeza algo inclinada hacia el objetivo, junto a entusiastas recomendaciones, de aquellas que te dicen cual debe ser la obra iniciática, cual la imprescindible, cual el tesoro oculto, de aquellas que hablan de su importancia. Pues me acuerdo de mis libros de los últimos 70 con retratos de Góngora, Quevedo, Cervantes, D'Ors, Ortega y Gasset.
Llueve en Catalunya, pero no llovía cuando, hace unos días, la Xarxa de biblioteques me consiguió uno de esos inencontrables libros (si será inencontrable que Gustau de Cercles se mostró escéptico ante posibilidad alguna de hallarlo), Hogar dulce hogar de Sam Lipsyte, traducción (por lo leído hasta ahora, espléndida) de Javier Calvo. No sé si fue Kiko Amat quien lo recomendaba ávidamente como una gran novela en clave humorística. No hay muchas buenas novelas en clave humorística, y no sé si yo tengo una sensibilidad muy exacerbada hacia el humor declarado y manifiesto, pues siempre he preferido los rodeos que representan ironía, sarcasmo y cinismo. Doy la vara a las amistades con el aforismo de que la ironía es la expresión más elevada de la sinceridad. Las amistades responden con la habitual expresión de condescendencia y ya está otra vez este pesao, y cambian rápidamente de conversación.
Entonces se pierden mi adaptación, la ironía es el humor del cobarde, pues te da tiempo a salir corriendo hasta que el objeto de ella comprende lo que querías decir. Nunca llego al punto de poder decirlo. Es una lástima.
En todo caso, sí, ya he soltado alguna de las carcajadas que se me prometía en la reseña, aunque el argumento y la estructura de la narración me están resultando algo confusos, básicamente al no conocer excesivamente la dinamica de los college americanos. Poco a poco.


dilluns, 24 d’octubre de 2011

LA SINFONIA DEL NUEVO MUNDO

Existe una gran unanimidad en lo de despojar todos los nuevos movimientos globales de la posibilidad de ser asociados a una cara o un individuo, como si eso lo debilitara a costa de condicionarlo a la vulnerabilidad de un ser humano.
Sólo algunos recuerdan la cara de Julian Assange, y es justo a costa de los escándalos que se han ido generando en torno a su persona.
Será difícil saber quien empuñaba el arma que finalmente acabó con la vida de Gadafi. Gadafi ha muerto sin que yo pueda averiguar si su nombre va con una o dos d. 
La plataforma ATTAC, @spanishrevolution, y otros, son organizaciones, y dudo que se les pueda atribuir ese nombre, que han huido de conscientemente de estar asociadas a un liderazgo visible, a todo lo que sea más de un mero portavoz. Puede que tengan presente que es mucho más difícil corromper a un colectivo que a un individuo. Creencia respetable, pero un poco cándida. Si las cifras valen para las personas, con los grupos sólo es cuestión de multiplicar.
El caso es que frente a esa especie de tendencia global que ensalza el anonimato, que es como la argamasa que cohesiona al colectivo, y el colectivo, que dispone de una fuerza, concepto que, aunque pueda recordar Fuenteovejuna y turbas enloquecidas ejecutando sumarísimamente, es comúnmente aceptado como bueno y deseable, resulta que yo voy encontrándome por todas partes muestras de justo lo contrario. El espíritu individual me rodea y tropieza conmigo doquiera que voy. Cosa que no me da miedo: un individuo es asequible, puedes estar de buen día o tener suerte. Enfréntate a una masa cabreada y ya me dirás.
Lo que me preocupa más es que al lado de la individualidad está a veces la soledad.
Soledad que es colindante con sensaciones muy dispares. Ensimismamiento, anacoretismo, genialidad, extrañamiento, aislamiento, autonomía, independencia, se supone que coherencia. 
Todos los libros de Houellebecq (la lectura de los dos libros que aquí muestro me permitirá desde hoy afirmar categóricamente haber leído toda su producción publicada), incluso los ensayos, hablan de individuos que combinan su existencia con otros pero que, por las circunstancias que sea, algunas de ellas sumamente trágicas, avanzan, a veces, acompañados, pero siempre acaban solos.
Monzó se autodefine como un sociópata amable. No dice esas palabras exactas, pero sí argumenta que, sin molestarle la gente, necesita de la soledad. Sobre todo para el trabajo, claro, pero en el caso de Monzó, y esto sí que se dice, como observador y notario del universo, averigua cuándo trabaja y cuándo no. Habla de Sergi Pàmies en términos de amistad, con períodos de 8 o 10 meses sin apenas establecer contacto.

Cómo llamarían a eso los japoneses tras bautizar a los hikikomori ?.

Un nuevo mundo ha nacido desde el cual alguien puede crear y crear, y alzarse a la cúspide no coronada de los creadores, sólo con un ordenador y un ADSL. Música, literatura, pintura. Ya no es necesaria la interacción, puede que una nueva corriente surja que diga que no es que sea necesaria, que es perniciosa y hay que evitarla con tal de preservar la pureza del creador nato al cual la influencia externa sólo puede perturbar.
El otro día oí esta canción en una tienda.


Al rato pensé que ya no me acordaba en absoluto si Deerhunter era un grupo o un dúo o un solo individuo emitiendo para el universo desde la misma mesa donde había estudiado educación secundaria. No tenía ni idea, peor, no sentía arrepentimiento, no veía la necesidad. Puedo haber escrito sobre Marc Almond, al que ahora escucho distraídamente, conociendo detalles de su vida, pero no echo de menos esos detalles sobre Deerhunter... aunque me gusten, también mucho. Estos nuevos tiempos nos han despojado de ciertos placeres, no siempre límpidos, los desprendidos de la posesión y el atesoramiento de los objetos, la creación de iconos en qué reflejarnos o proyectarnos, sea para seguir sus pasos o aprender de sus errores. Sí, creemos en los colectivos pero queremos talento de individuos, pero sólo esa fórmula magistral del talento. Me da igual si eres alto o bajo. Muéstrame tu obra, intenta cobrarme por ella (que yo ya haré lo posible por evitar pagarte), intenta vivir de ello, y déjame en paz.



dissabte, 22 d’octubre de 2011

EL SALMON

Qué sería de muchos de nosotros sin la discordia. Desproporcionado como es el otorgarle mérito a algo consistente en esperar la reacción de muchos en un sentido, para contrarrestarla visceralmente hacia el otro, sin reparar en medios, ni en víctimas, sin tomar prisioneros.
Así que estoy seguro que, si esto lo leyera más gente, pronto alguna voz se alzaría disidente y diría que no, que Biophilia no es tan mal disco, que algunas de sus canciones son hallazgos que integran polifonía, o ritmos quebradizos, o armonías vocales solo al alcance de quien sea capaz de comprenderlas. Que esa capacidad sea una virtud corriente ya es harina de otro costal, pero la artista, y olvidé las mayúsculas, no tiene la culpa. Para eso está la libertad creativa a la que uno accede, no sin antes tragar muchos sapos.
Además, ví la película que Houellebecq dirigió adaptando su propia novela, La posibilidad de una isla. Y qué clase de película podía salir de adaptar un libro tan ambicioso y tan panorámico, qué difícil iba a ser evitar lo megalomaníaco, lo pretencioso, como el exceso de afectación propio de una persona en su intimidad, qué es inevitable que parezca ridículo ante una cámara. Me pregunto los motivos de suprimir todo el sexo del libro, que le hubiese aportado un nada despreciable tirón polémico o, cuando menos, un mínimo de excitación, enfermiza o no, para el espectador. Pero se centró en esa especie de metafísica barata y soleada, y a Houellebecq le salió una porquería de película de la que uno no puede menos que reirse, pues aquí no puede apelarse a aquello de los directores que, cual prima-donnas, se apropian de tu obra y hacen con ella lo que les sale de las narices. La crítica francesa, quizás cansada de no encontrar pretextos para ensañarse con su genio literario, despedazó, y con razón, la película.
Pues bien, siempre encontraríamos a alguien dispuesto a justificar tal desmán, en función de contextos y circunstancias. No yo, desde luego. A Houellebecq le imploro tanto que no deje de escribir como que ceda el tema de dirigir cine a quien sea, a cualquiera.

Me llamo Carlos G. Gorostiza.
La G. es por Gutiérrez. Nací en Terrassa hace unos 40 años. No me hagáis decir cuantos. Llevo unos tres años en prisión. Ocurrió aquello que no debería pasar, pero pasa. Años atrás acepté aportar mi nombre como testaferro en varios negocios poco claros de la empresa en que trabajaba. Claro que cobré por ello, fue un buen dinero, de qué creéis que vive ahora mi mujer y mi hijo. Puse el nombre, recibí el paquete, ya sabía que algo así podía pasarme, no dicen que hay que arriesgar para ganar ?. Yo ni lo perdí todo ni lo gané, pero aquí me tenéis. Me podrían haber ayudado algo más, claro. Pero la crisis, chicos, que ya entonces asomaba su alargado hocico, hizo que todo se complicara, ya sabes, la gente se pone nerviosa y quien debería estar callado habla. Yo no. Yo callé y cumplí y por eso ahora estoy en esta celda escribiendo con un lapicero en un cuaderno a medio usar. El tiempo pasa lentamente pero ya pasará. 
Mi madre nació en Pamplona y conoció a mi padre cuando hizo el servicio militar allí. De ahí este apellido mío, que últimamente me ha ayudado. Ahora mi madre está al cuidado de mi hermano Ignacio. Bueno, él prefiere que le llamen Nacho, pero me hubiese ido mejor que se llamara Iñaki. Era ayudante de escaparatista y ahora no hace nada. Cuando se hartó y me dijo que cuidar a nuestra madre no era algo sencillo decidí ofrecerle algo de dinero por hacerlo. Me miró con cara de sorprendido, sus ojos decían de dónde saldrá el dinero, hermano, pero decidió, como muchas veces, no preguntar. Es homosexual y lo de guardar secretos es algo en lo que tiene bastante práctica. A mi madre, que ya no se entera mucho, le dijo que me salió un trabajo muy lejos, como en China o así. 
En esta cárcel hay un grupo de presos de ETA. No son muchos, pero andaban juntos a todos lados, recibían buen trato y no se metían en asuntos de los propios de aquí. Ni drogas ni  navajas ni movidas raras. Ya dije que mi apellido me había ayudado. Me acerqué a ellos a los pocos días de llegar. Son un grupo cerrado, pero al fín y al cabo no eran tantos, y me acogieron, me dejaban unirme a ellos, en la mesa del comedor, en el grupo del patio. Mi aspecto me ayudó. Tengo una mandíbula fuerte y una nariz algo aguileña. Aquí todos han acabado pensando que yo era uno más de ellos. A los guardias les dio igual y no pusieron tesón en desmentir el bulo. Jamás poníamos problemas, ninguno, hablábamos de nuestras cosas, leíamos algún libro, ayudábamos en lo que podíamos. A punto estuve de pedirle a alguno que me enseñase algo de euskera, pero pensé que igual era ya pasarse.
Ahora estoy preocupado. Dicen que ETA ha dicho que lo deja correr, que ya hay bastante. Joder, podrían haber esperado unos meses. Qué haré yo solo aquí, a merced de los grupos que quedan. Que si latinos, que si marroquíes, que si los narcos. Ahora piensan que yo estoy con ellos, qué pensarán cuando vean que los van liberando a todos, a base de negociaciones y de cartas de arrepentimiento y de acuerdos políticos, y yo me quedo aquí, me daría igual que solo, aguantaría, pero desamparado. 

divendres, 21 d’octubre de 2011

LA ESTRUCTURA DE HIELO

No hace falta haberme leído demasiado para conocer el enorme escepticismo que me provoca el medio televisivo habitual. Es decir, el basado en el modus operandi consistente en encender la TV, seleccionar un canal habitual entre los que se consumen, para a continuación, apagar el cerebro y dejar que te invadan las imágenes. Modelo televisivo que es el que impera en el estado en que habitamos.
Si nos ceñimos a lo que es un aparato de televisión, al margen de los mil y un reproductores que, hoy en día, todos le tenemos conectado, diríamos que es un aparato que reproduce imágenes que nos son enviadas desde la distancia. Sólo veo en directo partidos del Barça, que lo sepáis. Todo lo demás lo veo tras un caprichoso proceso de selección cuya única base científica sería un uso casi restrictivo de la intuición combinado con el accesorio personalizado de filias y fobias y manías y rarezas, cambiantes en función de hora del día, estado de humor, actividad sexual reciente, día de la semana, y previsión del tiempo para los próximos siete días. Aquí ni siquiera dependo de que, por caprichos del destino, la biblioteca decida hacerme llegar dos libros de literatura algo humorística, cuando llevo siglos agarrado a los distintos niveles de tragedias posibles, en tonos oscuros, como mínimo.
Entonces me encuentro a mí mismo, sorprendentemente, visionando a través de la web de TV3 dos episodios, emitidos casi consecutivamente, de El convidat. Los dedicados, respectivamente, a Quim Monzó y Miquel Calçada/Mikimoto.
En cierta inconografía básica de mi existencia, los tres personajes, invitado y anfitriones, pertenecen al restringido mundo de los personajes básicos del panorama de Catalunya.

Sería algo así como "Mikimoto consigue un programa serio (Persones humanes) donde da cobijo a una sección de comentarios de prensa (Buenafuente, en paradero español desconocido, y Monzó), que provoca una generación de falsos humoristas/falsos periodistas (Toni Soler, Toni Clapés, Albert Om) que, a larga, superan a sus mentores y constituyen una especie de nueva high class, con trazos comunes y heredados (cierta irreverencia gamberra, con continuidad garantizada, por ejemplo, en La competència de RAC1) pero con sus propios detalles y rasgos diferenciadores".

Recuerdo a Albert Om descojonándose, muchas veces, frente a Pepe Rubianes. Cómo se te echa de menos, Rubianes, por cierto.
Recuerdo a Clapés aturullado por los papeles y los datos en ciertas conexiones.

Era lógico que no pudiese resistirme:

Quim Monzó no deja de ser él mismo ni un segundo en su programa. Pero donde su aspecto serio y adusto (me recuerda a un Paul Auster que ha abusado de los hidratos de carbono), parece que nos va a deparar un canto de desesperanza similar al que esconden los cuentos de Mil cretins, resulta que Monzó se comporta como un hombre familiar, cariñoso, y no abandona en ningún momento una nada forzada estampa de buena química con Om. Se manifiesta como un escritor feliz escribiendo, comprometido por no decepcionar a quien le lee, sin que eso sea una obsesión que condicione su proceso creativo. Escritor que lee y lector que escribe, tan bien separadas sus dos facetas que acaban pareciendo una sola. ¿Me explico? ¿No?. Pues quién no lo vea igual debe irse. Ya.
Monzó no rehuye cierta emotividad con un ápice de socarronería, consciente como es de que pertenece a una generación en la que esos valores fueron castrados, sobre todo, por el estúpido sentido de la moral católica más pacata. Besa a su hijo, llama carinyo a Om, y le pide un abrazo al despedirse. Casi le dice con la mirada que puede quedarse unos días más, que qué coño, ya sacará tiempo para escribir lo que sea que se le ha atrasado. Como telespectador, que demasiadas veces es sinónimo de cabeza no pensante que babea ante lo que le eches, uno desea que diga que sí, que se quede. Que haya más desayunos de tenedor y más whisky tontorrón a deshoras.

Mikimoto : Mikimoto llevaba una estelada en la moto hace casi veinte años. Hace más de 20 sacaba clips de New Order en un programa los sábados por la mañana. Se mofó de la hermosa infanta, y se lo crujieron. Pasó a un segundo plano, y resulta que ahora estudia en Estados Unidos. Está solo en una ciudad con pinta de fría y aburrida. Recibe emocionado a Om, que pasa varios días con él. Sus compañeros en la facultad conocen entonces su condición de celebrity, aunque lo sea dentro de un subtotal de personas de un pequeño país que todo el resto del mundo parece empeñado en ignorar. Monzó que parecía más serio resulta ser más cachondo, pero Mikimoto, ahora Miquel, dice cosas íntimas con la mirada, aparte de las que dice con sus palabras. Como que es creyente. Como que piensa que no estaba preparado, intelectualmente, para la responsabilidad de entrevistar a según quién, hace años, ya. Ahora parece querer reinventarse, recuperar cierto tiempo. Él ya debe saber que eso es difícil, también es consciente del lujo que representa hacer eso. El momento clave en el programa es el instante de la despedida hacia el aeropuerto. Esos minutos, en medio de la calle, en medio de un intenso frío, Mikimoto mira a cámara sin mirar a cámara, quiero decir que lanza esa mirada a un horizonte algo difuso, e invoca el día siguiente al de la independencia de Catalunya. Lanza esa mirada teñida de añoranza, con los surcos del tiempo grabados en su rostro, con un alto porcentaje de su inicial chulería veinteañera reciclado en resignada madurez, casi nos dice que volverá para la política, es un programa de apenas 45 minutos pero, como el de Monzó, nos enseña más de la persona pública que dos horas en un plató en pleno prime time.

Ben fet, Om.




dijous, 20 d’octubre de 2011

TODO MENOS LA CHICA

Cuentan que se pusieron su nombre inspirados por ciertas tiendas en el Reino Unido, enormes almacenes donde había azafatas ofreciendo degustaciones y haciendo demostraciones, que publicitaban que podías comprar ahí Everything but the girl. Todo excepto la chica.
Hacia los medios 80 (un poquito antes : digamos 1983) , domesticado el punk, etiquetada y clasificada la new wave, con el tecno-pop (sin h, aunque luego se optó por denominarlo synth-pop) dando sus últimos coletazos (ergo, con los grandes grupos empezando a sobrevolar otros territorios menos limitados), hubo una especie de fogonazo de regreso a una especie de sensibilidad. 
Sensibilidad sumamente difícil de definir : ahí había una mezcla sumamente bastarda e impura de influencias dispares, la música francesa (onda cantautores algo retorcidos, onda cantantes mega cool como Françoise Hardy), el jazz más melódico, cierto bucolismo, cierto minimalismo (producciones toscas y ásperas que hoy justificaríamos como lo-fi), soul oscuro, el movimiento mod, cierto aire groovy, cierto aire (o humo) caribeño, cierto aire brasileño (sin bikinis ni playas, this is UK!) algunos trompetistas con sordina, aquí algo de regusto a pana y a post-hippismo, allí algo de existencialismo. No fueron muchos grupos : algunos discos de The Style Council en su onda más marxista-leninista, algo (poco) del espíritu más urbano de los Dexys Midnight Runners , Weekend, The Gist, los Young Marble Giants, y Everything but the Girl, dúo formado por Ben Watt y su pareja (en algún momento, quizás aún, esto no es el Hola...), Tracey Thorn, cantante de físico poco agraciado y de voz privilegiada, que ya había colaborado con alguno de los otros grupos, convirtiéndose en la pequeña musa de ese minúsculo movimiento, hecho que ya es revelador por sí solo de su escasa trascendencia. 


Pero Everything but the girl decidieron sobrevivir. Decidieron no ser un grupo de un solo disco (o un solo disco con cierta repercusión) como la mayoría de sus compañeros de movimiento (los Young Marble Giants, ejemplo paradigmático de convertir un solo disco en una carrera). No sé si lo decidieron, o, quizás, su sincero amor por la música les impidió resignarse al ostracismo y a la eterna repetición del mismo disco hasta la extenuación. Pasó que, dejando de ser arropados por un movimiento, sus discos eran lánguidos y se acercaban al folk más pastoril, a una especie de tierra de nadie donde querían ser indies en medio de un mundo donde lo indie era lo que hacía ruido.
A diferencia de lo que sería previsible y acostumbra a pasar, su tesón les va a resultar recompensado. Tracy Thorn pone su excelente voz en 1994 en un par de canciones del segundo disco de los Massive Attack. Pero lo mejor para ellos está aún por venir. Hacia mediados de los 90 un tema de uno de sus cada vez más acústicos y cada vez más ignorados LPs, Missing, es remezclado por Todd Terry. Todd Terry forma parte de una especie de corte suprema que ha entronizado el techno (con h) desde Detroit y otras ciudades americanas, produce, compone, remezcla, pero por encima de todo, influye. Le remezcla no es en sí nada del otro mundo, pero hace de la canción un auténtico hit global en las pistas, un sleeper que se mantiene más de un año (en esa época el panorama de la música pop está prácticamente dominado por la escena electrónica: nadie hace caso al NME, Muzik es la biblia). Así que en medio de esa vorágine, como unos quince años de su formación, Watt y Thorn se convierten en estrellas de la noche a la mañana, en un medio en el cual, al menos como protagonistas, se encuentran desubicados.
Cierto solo en parte.


Han empleado esos años en oir música y estar al tanto de las corrientes. No son tanto un grupo caduco (en el mal sentido del muy acertado término inglés dated) como un grupo que ha ido haciendo discos fieles más a su estilo que a la evolución de sus gustos.
En todo caso su renacimiento tampoco se alargaría demasiado. Probaron con otra remezcla casi idéntica de Terry para otra de sus canciones, Drivin'. Grabaron un disco influídos por la marea drum'n'bass (quién se acuerda del drum'n'bass salvo los que ponen música a anuncios de coches ?? y del speed-garage ??), no un mal disco pero ya definitivamente una excesiva operación de repentina y poco consistente modernización del grupo que, a la larga, se comportaba más como un rendido fan intentando actualizarse que como un grupo con un sonido propio.
Hacia el 2001 seleccionan sus músicas favoritas para una recopilación de la serie Back to mine : algo de trip-hop, algo de las divinidades de Detroit (Craig, Atkins) que les han permitido su resurgimiento, algo del lánguido folk que forma parte de su genotipo.

Bien poca cosa en los diez años siguientes.

Ayer leo en pitchfork.com que van a versionear Night Times, de The XX. A mí la cantante femenina de The XX siempre me recordó a Tracey Thorn, alta, desgarbada, feúcha, tímida, pero con una excelente y sensual voz. Night Times es casi (las guitarras de Cristalyzed tiran mucho...) mi canción favorita de The XX, porque es consecuente con su título, y tiene una especie de arranque simultáneo de caja de ritmos y guitarra que me tiene robada el alma. No sé si es una coincidencia, una obviedad, o una de esas bromas del destino, o que alguien a muchos kilómetros de estas latitudes sintoniza con mis longitudes de onda, pero EBTG versioneando a The XX me parece una especie de cierre del círculo.

Esperaré y veré.




dimecres, 19 d’octubre de 2011

LA OSCURA INTENCION DE CIERTAS FRASES FINALES

Pues cometí un pequeño error. Me sobra de Houellebecq que nombre tres veces a David Bisbal en las páginas de La posibilidad de una isla.

Lo nombra puntualmente (libro escrito en 2005), sin tener nada que ver con la trama. Creo que al hilo de una de esas apariciones Houellebecq pone en boca de uno de sus personajes (cosa que con este autor siempre hace dudar si no manifiesta sus propios pareceres) una demoledora opinión sobre el escaso gusto por la cultura de la sociedad española, cuando no el manifiesto recelo ante quienes la usen con actitudes que demuestren cierto alarde. No diré que le falte la razón, en todo caso el escritor francés de buena tinta lo sabría cuando llevaba un tiempo viviendo en Almería. Y no miraré, aunque podría especular con ello, cual era ya en 2005 el status de gentuza como Belén Esteban, pues no haría otra cosa que corroborar esa opinión puesta en boca de Daniel-1.
Sí, Michel, al habitante promedio del estado español le interesa bien poco la cultura, fíjate hasta qué punto que tan radical afirmación pasa desapercibida incluso figurando en uno de tus libros, siendo un escritor con cifras respetables y cierto grado de repercusión. Aunque fuese por la fama de polémico y enfant terrible que arrastras, en España esas breves líneas no encendieron ninguna polémica: nadie te amenazó ni te declaró persona non-grata ni acudió a altas horas de la noche a cualquier embajada francesa a ponerlo todo patas arriba. Por eso haré un poco la puñeta y alguna la repetiré aquí.

"Los españoles son enemigos de la cultura"

Pero no hay que limitarse a las afirmaciones con resultados polémicos (no sé si intenciones, pero sí resultados), como única razón para leer a Houellebecq. La posibilidad de una isla no es su mejor libro, desde luego no lo es para la primera inmersión en su obra pues la estructura de la narración, que se comprende a medida en que uno avanza en ella, puede resultar chocante, incluso algo gratuita, cuando no lo es. En absoluto. No ser el mejor libro de Houellebecq, aclararé, significa ser inmensamente superior al 99% de los otros libros. Añado una ignominiosa lista de la obra de Houellebecq, aunque sea para auto-recriminarme el hacerlo.

Ensayo : El mundo como supermercado, Intervenciones
Novela : Lanzarote, Ampliación del campo de batalla, Las partículas elementales, Plataforma, La posibilidad de una isla, El mapa y el territorio.

Con La posibilidad de una isla Houellebecq traza su distancia respecto a grandes obras, sin plagios ni apropiaciones, y como escritor global y total que es, aquí está su homenaje a la serie de películas El planeta de los simios. También a La isla, película de Danny Boyle. Anticipa detalles que luego saldrían en La carretera de Cormac McCarthy, y diría que supera en apenas cuarenta páginas (el Epílogo) la sensación que McCarthy buscaba en toda su novela: que en toda huida hay una esperanza, y que ésta muy rara vez resulta satisfecha. El amago de mundo feliz nos lleva a Huxley, y cierta voluntad de rigor en lo científico, en lo social, en lo religioso, recordarían detalles de Asimov.
Todo ello sin tratarse de una novela de ciencia-ficción, claro. Lástima que el ilustrador de la portada estuviese demasiado empanado para darse cuenta.
Diría que se acerca también a Burroughs, que tiene algo breve de la última época del cine de Truffaut, y que tanto el cine como la literatura pornográfica son una referencia constante, pues Houellebecq es preciso y experto en la descripción de los frecuentes (y variados) encuentros sexuales a varias bandas que, como prácticamente en toda su obra, proliferan también en esta novela.
Tiene tan poco miedo como respeto a lo establecido, y seguro que leer la palabra tabú le estimula las salivares, como poco. Apenas dos meses tras su último libro, es jodido saber que nos quedan por delante tres o cuatro años de espera.


dimarts, 18 d’octubre de 2011

INDIVIDUALIDAD

¿¿ Cambiará la existencia de los blogs en algo el modo de escribir y leer de la gente ??. 
¿¿ Afecta ese fenómeno el ADN de como se comunican los que escriben con los que leen ??,
Sin intermediarios, sin control de calidad, con una cotidianidad y una contemporaneidad que no deja margen alguno al error.
Puede que los que escribimos lo hagamos con la intención de compartir diarios, o es una especie de práctica inocua de narrativa corta. No sé si esto es  una afirmación o planteo otra pregunta.

El caso es que a primera hora bullían ideas en mi cabeza, y ha sido imposible ordenarlas aportándoles una mínima coherencia, por lo que no me queda otro remedio que esa aséptica lista que nunca acaba gustándome. Siempre hablo de lo mal que quedan esas listas, pero vuelvo a ellas.

- La conferencia de paz en Euskadi, las reacciones que suscita. Que tengan que venir mediadores de fuera a poner paz, como si fuesen las supernannies globales.
- El asunto que traté en el post de ayer, que todavía afecta mi conciencia, en medio de una especie de poco agradable resaca de convivencia al lado de gente capaz de la violencia (verbal, pero sin duda también de la otra) más gratuita, que acaba siendo la más cara.
- Explicar detalladamente los motivos por los que el hecho de  que los cuatro primeros discos de Björk sean tan magníficos acaba siendo el principal lastre para que los siguientes me parezcan tan prescindibles. ¿¿ Digo prescindibles para evitar poner molestos ??. ¿¿ Es un disco molesto porque sea inescuchable, o risible, o porque decepciona al 100% las expectativas ??
 - El tema de la niña atropellada y la especie de reflexión en que ello ha sumido a la sociedad china. Cuidado con lo que afecta a sociedades con tanta gente.

Necesito ayuda, claro, pues me es imposible concebir, en mi cabeza, algo que escribir que mantenga el listón en un nivel digno.
Aunque también necesite más ayuda, ya que no sé situar la frontera entre lo digno y lo indigno, éste puede que sea el único reducto de mi existencia a salvo de cierta manía perfeccionista, que anida a sus anchas en todos los otros. Nunca hago correcciones en el fondo de lo escrito, apenas he corregido faltas de transcripción, así me he sentido, desnudo, ridículo y avergonzado ante algunos posts, pero he de afrontarlo. Como en ciertas pesadillas, estás en pelotas y todo el mundo te mira, aunque sea de reojo.

Leer la prensa antes de escribir, no la lectura atropellada de una mesa y cinco minutos mientras despachas un croissant, si no la certera de media hora, donde haces algo más que sobrevolar titulares: acaba siendo letal, acaba demostrándome que la realidad nos toma al asalto. Me da miedo, pues ya sabemos que la prensa es capaz de mostrar realidades diferentes. Eliges la prensa, eliges cierto color en la realidad.

Acabé con el libro de Houellebecq. No cambia mi opinión ni una coma. Admiración rendida, los franceses tienen a París y tienen (aunque puede que aún viva en Almería) a Houellebecq. Y a los Air, aunque seguro que me sabía más mal que tuviesen a los Air en 1998 que ahora (pero no caen a las simas de Björk, puede que las simas de Air incluyan algo de repetición, pero no pretensiones).

Leed a Houellebecq, por favor.




dilluns, 17 d’octubre de 2011

AMOR DE MADRE

Rara vez he aceptado presiones para elegir temas sobre los que escribir. La presión que mayor mella hace en mí es el caprichoso ritmo en el que la biblioteca en la que me proveo va recibiendo libros que susciten mi interés, y lo colmen mínimamente a continuación. Ese sería el norte de este blog en las últimas semanas, norte del que siempre se habla en términos de pérdida y hallazgo, esa pérdida que es sinónimo de descarrío y deriva, en que ciertas personas se sumen, algunas para no volver de ella. Pero uno interactúa, como el personaje de Bolaño, él no interactuaba demasiado, yo sí. Así que debo aceptar una sugerencia de Pilar, que es mi mujer aunque no la nombre apenas. Cosa que no tiene nada que ver, pero lo aclaro. No soy de escribir elegías, regalos que empobrecen aunque colmen el ego, pero lo colman de un alimento que es de difícil digestión. Me sugiere mi mujer que hable de la experiencia que sufrimos ayer.

Podría mencionar a Paco Candel y aquel viejo libro que muchos leímos a instancias de profesores algo progres de instituto : Donde la ciudad pierde su nombre. También sería una opción hablar de flujos migratorios estimulados a medias por la pura necesidad económica y, según teorías de mayor o menor calado, el interés de disolver la pura raíz genética catalana mezclándola con gente procedente de otras partes del estado. Sería tan estúpido por mi parte urdir teorías sobre cimientos tan precarios como intentar proclamar a ciencia cierta que nadie que se apellide García pueda ser independentista o alguien que se apellide Guardans no entienda una palabra en catalán. 
En los últimos días, y designado por el azar del calendario de un grupo enterrado en una división perdida en una de las múltiples categorías del fútbol base infantil, he tomado, por primera vez, contacto con alguno de esos barrios de alguna de esas poblaciones a las que, apretujados en los cómodos y conocidos confines de los distritos cnfortablemente concéntricos (Mònica, aliteración!), muchos hemos renunciado intrínsecamente a acudir más allá de lo mínimamente necesario. La mina: qué poco hay que alejarse de la personalidad barcelonesa para que las dos palabras pierdan truculencia y trágico sentimiento. 
Acudo un domingo por la mañana por primera vez allí, hace una semana. He de decir que hoy digo acudo pero hace una semana decía me aventuro. De noche, dice el refrán, todos los gatos son pardos. De día, salvo el estado de las calles o la sensación destartalada de algún comercio (también se echa en falta presencia de oficinas bancarias), nada nos hace pensar que estamos en uno de esas zonas de nadie donde la policía no se atreve a entrar, donde historias hablan de ser la paridera de generaciones de quinquis que luego invadían toda Barcelona para, con la única mención del barrio del que procedían, invitarnos a vacíar nuestras carteras, no hace tanto. Donde el idioma es el castellano y la banda sonora es Camarón, cassettes de gasolinera. 
Pero las oleadas migratorias no tienen en cuenta todo eso. Esos barrios ahora disponen de sus cuotas de magrebíes, de latinos, de rumanos. Los que pensaban que ahí podía establecerse y reinar también una pureza de los suburbial, una especie de genotipo de la pura barriada de extrarradio, esa raza azotada por autopistas que estrangulan barrios, por cauces de ríos anegados de porquería, por solares llenos de basura donde nadie querría establecer ninguna cosa para nada, por chimeneas que emanan insanos gases durante todo el día y toda la noche, por arquitectura diseñada por la cruel escuadra de los constructores de edificios colmena, ésos se han equivocado. De día no parece peor que muchos otros sitios, pues ya es de lógica que ni en los barrios más exquisitos a uno le dé por meterse en rincones donde no le llaman. De noche, pues no lo sé, y creo que seguiré sin saberlo.
Porque la segunda experiencia fue ayer. No sé cómo sacarle un partido literario a ésto, pero habré de esforzarme. Debo evitar mil tópicos, desde los del periodista deportivo amateur que habla de esos campos hasta el sociólogo de pacotilla (figura a veces demasiado presente aquí) que habla del buen o el mal ejemplo de los padres, ni mucho menos el del sacerdote coraje que opina que hay que buscar lo bueno en la gente.
Soy ateo, y uno de los fundamentos de mi ateísmo es que, por un puro sentido práctico, no siendo partidario de la venganza, lo soy aún menos de poner la otra mejilla. 

Aquí está el otro 50 por ciento: justo ayer recibimos la visita del equipo de ese barrio. Tan optimista y tan lleno de confianza en el poder de la comunidad como regresé el domingo pasado, está claro que uno no debe relajarse. Nunca, pero menos en este mundo de hoy que políticos mediocres y bancos torpes han generado.
Niños de nueve a diez años que entran en un campo de fútbol insultando a los rivales, antes tan siquiera de empezar a jugar.
Padres de esos niños que se distribuyen en el perímetro del campo para presionar e insultar a rivales, niños igualmente de nueve a diez años. Que lejos de ofrecerles el ejemplo de la aceptación de los caprichos del deporte, sin nada que ver con la motivación de la práctica de un deporte y de la sana competencia, les incitan al engaño, a la patada, a la agresividad. Que muestran su enorme valentía presionando con insultos y amenazas a un árbitro (desde el año pasado se puede arbitrar con 16 años) que es prácticamente el hermano mayor de los que juegan. 
Entonces piensas si, para cierta gente, los tópicos, lejos de ser algo de lo que huir, son algo a lo que aferrarse. Tópicos que, creen, les imprimen carácter, a falta de otra cosa.

dissabte, 15 d’octubre de 2011

SABADO DE GLORIA

Quince de octubre de 2011, siete y media de la mañana.

No hay mayo de 2011 que haya hecho el menor de los rasguños a la sombra de mayo del 68. Así que hay que probar con octubre, a ver si nos sale una revolución de octubre. Que por 6 años no toca el centenario, pero ya octubre, ya suena que da miedo, verdad tú.

Muchos de los que hoy saldrán a las calles no tienen ni idea de lo que pasó en octubre de 1917. Si lo dieron en clase ese día puede que estuviesen poco atentos, o en el bar haciendo campana, o quizás se hayan olvidado. No vengas a hablarles de bolcheviques y mencheviques, ni de los Romanov. Con lo entrañable que sería, en medio de ese océano de candidez, poder recuperar por un momento los aspectos románticos del comunismo más anclado en la teoría.
La dictadura del proletariado, la distribución de la riqueza, la nacionalización de las más pujantes industrias, los satélites Sputnik...
Disfrutaríamos unos minutos, con sonrisas de oreja a oreja. No muchos, pues luego aparecería el asesinato de Trotski, el stalinismo, la KGB, y el mar de millones que la privatización ha dejado en los bolsillos de toda esa nueva nomenklatura rusa. 

Ahora son casi las seis de la tarde, he visto la riada de gente pasar Passeig de Gràcia abajo. He visto ancianos y niños, pocos, he visto gente joven, claro, quien puede correr delante de los Mossos si la cosa se pone difícil, si no eres joven. He visto pancartas caseras, con lemas bonitos, aunque no recuerdo ninguno, pero eran lemas ingenuos y esperanzados como cartas de fans rendidos a los pies de sus ídolos, fans que piden un beso a cambio de nada y una camiseta firmada a cambio de menos aún.

Si ellos te quitan su casa quítales tú la suya.
Los bancos, al banquillo.
El dinero público no es para el gasto privado.

Desde algún sitio seguro hay mil cámaras controlándolo todo. Sentados ante las imágenes de esas cámaras hay montones de gente, también, pues hay cosas que proteger, saben  que se van a romper unas cuantas, cajeros automáticos, señales, mobiliario urbano. Pero algo no puede romperse. Es el orden establecido. El 20 de noviembre, fecha cuyo recuerdo me hace apretar los puños (torpes hasta para despedirse que son algunos), ese orden establecido y blindado (atado y bien atado) dispondrá que el PP gobierne con una amplísima y cómoda mayoría, puesta a sus pies por toda esa mayoría silenciosa que a estas horas ni se manifiesta ni escribe ni lee, a estas horas ven la tele o dormitan. Con el hambre atrasada con la que vienen, no es difícil prever muchas de sus medidas. Podría centrarme en lo que tienen previsto hacer con la cultura, que es básicamente dejarla en las manos privadas y en las dinámicas de mercado, abandonar las corrientes culturales minoritarias a la deriva. Seguro que para el PP, Operación triunfo es cultura, como lo es la cuestión de los toros. Seguro que a Balañá lo que le sabe mal de que la Monumental cierre es no poder promover la cultura. En fín, pase lo que pase hoy, el día de marras sabemos el nuevo sol que amanecerá, y que a todos los de hoy no piensan hacerles ni caso. No lo digo por joder, pero hay que tenerlo muy presente.





divendres, 14 d’octubre de 2011

Y ESAS PALABRAS FINALES

Desde otro blog alguien aclara su ausencia, debida al escaso estímulo que son capaces de producirle nuevos libros, nuevos discos, nuevas películas. Si es que estamos todos igual. Toda la humanidad busca cosas por los cajones, los remueve aunque sea para comprobar que, entre calcetines desparejados, ropa interior que ya hay que tirar, o papeles que no deberían tardar en ordenarse, poca cosa más hay. Algunas monedas, poca cosa, aparte de polvo y clips y objetos que deberían traerte algún recuerdo, pero por más que los miras, es que no.
La inspiración no va a salir del contenido de cuatro cajones desvencijados: lección aprendida. De dónde la sacan los grandes ?. Monzó se pasea, seguro, por algún barrio, se sienta en algún bar de muy mala muerte donde un camarero le servirá justo lo contrario que haya pedido (le servirá un negativo de lo que haya pedido, y se preguntará si eso es o no una señal de que las cosas no están tan mal: gente trabajando sin el mínimo interés por hacerlo bien). Houellebecq puede que se quede ante una pared en blanco, y Cercas espera una señal de un libro desde un estante, que le dará una patada en cualquier momento, si le da por girarse.

La luz se enciende. No es un fogonazo, es un mero amanecer en una bombilla de bajo consumo, una lenta marea de color algo amarillento que engulle sombras.

Un profesor algo anquilosado, que el efecto azaroso del destino le ha puesto por delante a mi hijo, olvida que existe internet y pide a los niños que se compren una Biblia y sepan buscar en ella, que conozcan los libros y los apóstoles, todo ese caos que ordena el antiguo y el nuevo testamento. Que transiten por las hojas y busquen en ellas respuestas a sus dudas. Yo no intervengo, pues aún no veo indicios de delito, claro. Pero estoy alerta. Pues está muy fresco en mi memoria el personaje en La ciudad de los prodigios. La mujer gorda que se la sabe de memoria y, entre funciones y funciones en las que muestra indignamente su cuerpo para ganarse la vida, intenta dársela a conocer a los compañeros del circo. No parece un hábito muy saludable, en todo caso. A pesar de eso, poco estímulo necesita mi curiosidad, y no creo que tarde en hojear (definitivamente aprendí que va con h) tan sagrado libro, a ver qué hay detrás de él que ha convencido a tanta gente, y de una manera tan insana. 
Por casualidad, se me pide ayuda para interpretar, en otro contexto, el episodio de la Torre de Babel. Que confirmo está incluido en el libro del Génesis. Debería importarme mucho reconocer que no sabía acerca de su desarrollo ?. Resulta que el dios descrito interviene para que los que construyen la gran torre, y la ciudad que la rodea, dejen de emplear un lenguaje común, separándose y dispersándose como consecuencia de ello. Confirmo y reconfirmo que ese acto se le atribuye en la biblia al dios en el que pretenden que creamos. Así que deduzco que los que leen la biblia encuentran adecuada la intervención de un dios para, evitando que una humanidad unida y pacífica se acerque a él (finalidad de la torre), disgregarla y hacer que no se entienda y deje de tener una finalidad común, que podría ser hacerle la competencia o cuestionar su autoridad. No haré comentarios.

Bjork : Biophilia es un peñazo, pocos discos pueden resumirse tan fielmente en una palabra. Puedes aderezarlo de lo que quieras, para crear expectación, de software, de monigotes para niños, de performances con huesos de ballena decorando tu cuerpo (obtenidos sin dañar al animal, por supuesto). Puedes pintar a mano los CD's o dar los beneficios a los pobres, usarlo como platos para servirles los manjares que puedas adquirir con sus resultados. Pero eso no impide que allí no haya pop, ni melodías, ni energía primaria, ni otra cosa que una enorme empanada de música sin sentido, que me hace pensar si una versión instrumental no sería una cómoda alternativa a tanta irritación.

Cómo se puede escribir Joga y luego salir con ésto. Pretender que nos guste ese último disco. Te has creído dios ??




dijous, 13 d’octubre de 2011

CRUEL-BEK Y EL PERRITO FOX


Ah, es que no lo había comentado. Despaché con tal rapidez el libro de McCarthy (que casi llamaría el libro de Bardém & McCarthy) porque, a la vuelta de la esquina, me esperaba La posibilidad de una isla, única novela de Houellebecq que aún no había leído. Impensable en mí que haya esperado más de cinco años, pero tiene sus justificaciones, que responderían a distintos grados de estupidez. Una portada horrorosa, como si a quien se la encargaron hubiese llegado a la absurda conclusión de que se trata un libro de ciencia ficción. Dibujante por encargo al que le dicen que se lea unas cuantas hojas del libro, cosa que hace perezosamente, si es que hace. Que perpetra una especie de arte gráfico futurista pues cree que la cosa va de  una proyección algo mística del futuro de la humanidad, y, palurdo él, le suena haber leído, o conocer a alguien que lo haya hecho, algo de Orwell, o de Huxley, o de Bradbury, o de Wells o de Clarke (Mònica : polisíndeton!)  y eso hace, en menos de media hora de jugueteos, con cualquier herramienta de diseño gráfico bajada por el emule. Que pone la tierra ahí abajo, o eso parece, que es azul y evocadora, y una especie de aurora boreal cósmica, y a ver si los de Alfaguara le llaman otra vez pronto, que el costo se ha puesto por las nubes.
El detalle de Alfaguara no hay que despreciarlo. Hace años que los grandes gurús obsesionados por la imagen de marca, el packaging, y todas esas zarandajas, no se cansan de hablar de la implicación positiva de la letra a en los nombres tanto sea de productos como de enormes corporaciones de todo tipo. Todo ha de empezar por a y llevar muchas a porque es un sonido que desprende positivismo en los valores.
Por lo que a mí respecta la a es una letra femenina, obviedad absoluta pues tanto en catalán como en castellano es la terminación comúnmente usada para diferenciar ese género. Luego está que en el googlemundo en que vivimos, donde toneladas de información requieren un orden, el alfabético es el primero de los criterios empleados para generar esa ordenación. Las cosas llenas de a, por tanto, dominan el mundo, al menos el que usa este alfabeto. Los del product management y sus cosas.
De tal manera que el mundo editorial no es ajeno a este estúpido (aunque sea lógico, es estúpido) planteamiento : Anagrama, Alfaguara, Atalanta, la colección Andanzas de Tusquets (que con una Tu lo tenía muy complicado). El motivo de que Houellebecq, que había publicado toda su obra en Anagrama, publicase este libro en Alfaguara ? (y despues ha vuelto a hacerlo con El mapa y el territorio). Pues supongo que alguna buena oferta : Alfaguara pertenece al grupo Prisa, y, por lo menos en el 2006, año de edición del libro, ahí, cuartos, había. A diferencia de la amable Anagrama, que saca, pasados un par de años, sus grandes libros en asequibles colecciones de bolsillo (CM), hasta la fecha Alfaguara no ha hecho lo propio. Por eso el libro falta en mis estantes.
Estúpida portada, absurda editorial: motivos de suficiente empaque para tardar cinco años, hasta encontrarlo en una biblioteca.

Eso sí, en sus páginas encontramos al Houellebecq de siempre, en una cúspide de acidez (siempre pensamos que no puede subir más: siempre nos desmiente), atreviéndose a especular con un nada halagüeño destino de nuestra especie, condenada a oleadas suicidas, causadas casi siempre por el retroceso del deseo o de la prestación sexual. Sociedad que se desmorona entre burlas de sí misma y convencimiento científico de que es posible abstraernos de la carcasa que es nuestro cuerpo, y de sus servidumbres, y de eternizarnos como seres conceptuales.

              "Aumentar los deseos hasta lo insoportable y a la vez hacer que satisfacerlos resultara cada vez más difícil : ése era el principio único en el que se basaba la sociedad occidental."

Combinación impensable (palabra que habrá que descartar en el léxico cuando hablemos de Houellebecq) de continua demolición de temas tabú (piensa en algo bizarro y desagradable: Houellebecq encontrará un personaje no sólo que lo haga, sino que lo convierta en su principal actividad), de superposición de chocantes capas ideológicas (racismo inverso, fervoroso anti-islamismo, prostitución, banalización de la práctica sexual más reprobable y desviada). El escritor francés se muestra a la vez laxo y agresivo con lo que ve (y el tiempo parece empeñado en seguir dándole la razón): un deterioro progresivo e irreversible de la sociedad. Posiblemente mi escritor favorito vivo (espero que aún lo esté), pues no veo a muchos candidatos que combinen valor literario y valentía rayana en lo físico. Houellebecq juega con su pellejo en muchas de sus frases.

Puede que el libro se pasee algo más de lo aconsejable por los aledaños de una especie de sucédaneo de misticismo (inventado, eso sí, como un placebo más de una larga receta de otras medidas para atenúar el dolor de la existencia), puede que muchos se sientan heridos (quien tiene perros para no tener hijos, por ejemplo), pero en las cinco novelas que le he leído, no puedo decir que ni una página me haya decepcionado. Vuelve cuando sea, pero vuelve.





dimarts, 11 d’octubre de 2011

EL PEQUEÑO PAIS

Puede que supere, sin prisas, no quiero agobios, el pequeño tapón en que me confinó (no encuentro palabra más apropiada) la lectura de El mundo de los prodigios. A mí me pareció el libro más denso de la trilogía, de una densidad que a veces me resultaba un poco forzada: había que zanjar la historia de las artes escénicas de los primeros tres cuartos del siglo XX, el circo, el vodevil, la magia, el teatro, el cine. El rigor de Davies para encajar, sobre los diálogos de los personajes y ese recurso de la historia del subtexto, esa necesidad de detalle (gran frase la de un miembro del circo : Hollywood nos enviaría a todos al paro), acaba siendo un pequeño lastre pues demora el desarrollo de la trama, y alarga algo innecesariamente el desenlace que acabamos esperando, a medida que los detalles de los otros dos libros acuden a nuestra memoria; cómo intervino Magnus Eisengrim en la muerte de Boy Staunton.

Entonces la vida sigue tras dar cuenta de la Trilogía de Deptford. Estaba claro que otra lectura de tamaño requerimiento hubiese obrado sobre mí un efecto disuasorio. No todo pueden ser platos principales. Así que mi táctica marcaba acometer otro tipo de libro. Uno dinámico, con diálogos sencillos, básicos. Elegí No es país para viejos de Cormac McCarthy casi seguro de que cumpliría esos requisitos, con el pequeño y tramposo acicate de conocer previamente trama y desenlace pues vi esa película hace un par de años. Aparte de situar físicamente la trama y asignar facciones a los personajes, con la indiscutible supremacía de Bardem como Chigurh, haber visto la película ha permitido, en ciertos momentos, volar sobre las líneas y las páginas, de suerte que han sido apenas cuatro horas las necesarias para despachar el tomo.

No diría que McCarthy sea un escritor con un estilo espectacular, pero es indudablemente un gran novelista en el sentido ortodoxo. Crea buenos personajes, es original en la trama, la resuelve con solvencia. Ninguno de los tres libros que he leído de él me haría levantarme a aplaudir encendidamente, pero en ningún momento me he sentido decepcionado, y no he acabado hasta llegar hasta el final. Ahí es donde James Salter o Richard Ford pinchan un poco: McCarthy no adormece al lector yéndose de la trama o ralentizándola. No es país para viejos es un libro que funciona tanto si has disfrutado de la película antes como si (recomendado) lo haces despues. Diferente que Soldados de Salamina, pues detrás de la pelicula no está un nerd ávido de colocar a la novia y demostrar a todo el mundo que, además de guapa, tiene talento (Trueba & Gil), sino los hermanos Coen, cineastas que han metido cagadas, y de las buenas, pero que se redimen de ellas bastante a menudo. Leído el libro, lo que de ellos han desestimado lo está, siendo importante, en función de conseguir un ritmo visual, para nada con la intención de conseguir un impacto comercial o un guiño a una historia menos desesperante. Gran libro y gran película, y esto no es muy frecuente.

kd lang (con minúsculas en sus iniciales ) me fascinó un corto período de tiempo, en los primeros 90, por las inexplicables razones que nunca seré capaz de aclarar. Un físico andrógino y poco agraciado, un género (country de camisa de cuadros y zamarra con corderito) que me repelía por principios, y unos referentes completamente ajenos a mi cuadriculado mundo en esa época (el house, el acid, New Order, et al). Shadowland, disco de covers, es su absoluta cima creativa antes de ser fagocitada por una combinación de su propia estampa militante y la inevitable marea AOR que su discográfica lanzó sobre su obra para vender cifras con muchos ceros. Aunque sus discos ya viven muy alejados de mis reproductores, tres cosas tan ideológicamente dispares como un cover de Cole Porter, otro de un clásico de Peggy Lee, y, para acabar, uno de Donna Summer y Barbra Streisand (una especie de final de fiesta gay/lesbiana con la loca de Andy Bell, cantante de Erasure empeñado en mostrarse en todo momento más femenino que ella misma), no hacen más que revelar que a veces, copiar, o inspirarse bien, es otra vía de salida para el talento.


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