divendres, 30 de setembre de 2011

SEXO EN GRUPO

Llevaba muchos días sentándose ante la pantalla, con las manos frente al teclado y los dedos arqueados, apuntando aleatoriamente a teclas. Esperaba, ya que había leído que la primera frase tiraba de las otras, que también la primera palabra tirase de las otras y así surgiera la primera frase. Pero no tardó en descubrir que esa imagen, como otras imágenes bonitas e idílicas, no era más que una utopía. Que la primera palabra era tantas veces un mero monosílabo, y un monosílabo muchas veces no tiene fuerza por sí solo para tirar de nada (quizás excluyendo el sí y el no). Que eso no quería establecer nada tan absurdo como una proporcionalidad entre la longitud de las palabras y su fuerza expresiva. Que monocotiledónea no decía nada y los poetas cursis (pues ya tenía muy claro que había poetas que no eran cursis) decían que las cuatro letras de amor resumían el universo (pensaba entonces que todo lo que eso no los explicasen lo completaban las otras palabras de cuatro letras sexo, odio, arte, y dios). Hubiera quitado lo de dios, pero recordaba un reportaje donde alguien se definía como deísta porque adoraba a todos los dioses. Pues vaya ventaja, la gracia no estaría en decidirse por uno o por otro y apostar por el verdadero. 
También había una palabra de siete letras, demonio, recordaba una frase que servía de título a un disco de Diamanda Galás: You must be certain of the devil. Que estaba en la página 75 de El mundo de los prodigios, y poco antes había dejado atrás el párrafo donde se insiste, y se recuerda, que el mundo de hoy ha banalizado y ha menospreciado la capacidad del mal de expandirse y franquear fronteras, abriendo sucursales por doquier. No hace falta creer en religión alguna para saber que la maldad sí es un ente deforme que se abre paso sin tener cuidado alguno de donde pisa.

Cuando leía sobre el mal, sobre todo si ese mal se definía en su pureza, siempre recordaba a Carlos Wieder en Estrella distante.

El caso es que esos momentos ante el teclado se prolongaban demasiado últimamente, cosa que sin llegar a preocuparle sí le inquietaba, pues sabía (añoraba) de la época en que aquello era un torrente, en que había que parar, que la gente se quejaba, entre tanta frase y tanto paréntesis. Tanta subordinada. Tanta y que enlazaba vagones y vagones cargados de ideas e imágenes. De canciones y películas y capítulos enteros de series, o meros momentos de capítulos, meros fotogramas congelados delante de una expresión de un personaje, esa mirada que paralizaba el mundo y daba sentido a 80 horas de una serie. El mismo momento de Guardiola en su cuarto en los bajos del Camp Nou, pero ahí, en una pantalla. Podía ser Tony Soprano, o Vincent Chase o el mismo McNulty, en este último caso podría ser hasta una mirada perdida en medio de una descomunal melopea. Podía una mirada dar sentido a una serie igual que una palabra podía dar sentido a un libro entero, hasta a una trilogía.

Cuando leo La ciudad de los prodigios, descomunal tomo de cierre de la trilogía de Deptford, me es imposible no pensar, casi a cada párrafo, como un escritor puede abarcar, sin reflejar para nada exceso de ambición o pretensiones de erudición, tantos aspectos de la vida, de la historia. Devolver ese libro va a ser realmente una experiencia traumática para mí, pues, a estas alturas, he descubierto que Robertson Davies es un autor absolutamente imprescindible, aunque su lectura sea todo lo contrario a la ligereza, también disfrutable de, por ejemplo, Fernando Vallejo. Cada párrafo es para mí un acercamiento al final de un viaje, pero a la vez un alejamiento de ese insustituible placer que supone el descubrimiento de la genialidad. Jodido, seguro que esa imagen la he empleado ya demasiadas veces. Releo post tras post y muchas veces pienso esto ya lo dije, esto ya lo comenté, empleando las mismas palabras o muy parecidas, no jodamos, se agotan los recursos, es como el pelo que cae de la cabeza y no vuelve a salir, es la alopecia creativa, ladrón, me digo.

Una mano se posa en mi hombro y me dice que buscar los motivos es una estupidez. Me giro, y no hay nadie.





dijous, 29 de setembre de 2011

TRAJES A MEDIDA

Este post lleva cocinándose semanas, justo, tal como se menciona, desde el día 12 de septiembre, en que empezó el curso escolar. Parece que hoy, al final, sale del horno. Un horno en que se ha tirado unos cuantos días, así que del hoy del primer párrafo al hoy que pueda salir en alguno de los últimos habrán transcurrido quince días, o así.


Ciertas oportunidades te las pone el destino delante. Aunque el destino se disfrace de calendario, ese invento que nos sirve para contabilizar el tiempo que pasa y para organizar el funcionamiento de nuestra estructura social. Seguro que en la noche de los tiempos averiguamos que los meses y las semanas acaban respondiendo a cierto ciclo basado en la producción agrícola, en los procesos de siembra y cosecha, en ese sector primario que ha quedado desierto, pues algún día nuestros hijos pensarán (espero que sean capaces de pensarlo en varios idiomas, será un triste consuelo) que las zanahorias crecen ya envasadas o que alguien las fabrica y les da caprichosas formas y medidas, como hacen a las galletas de dinosaurio.
El calendario dice que hoy los niños han regresado, en su gran mayoría, a la escuela. Los medios de comunicación pecarán otra vez de una falta de imaginación alarmante (aunque ellos dirán que es una imaginación cíclica, que se aleja y se va a descansar para volver), para decir que los pequeños están en sus quehaceres y en sus obligaciones, igual que los adultos tomamos las nuestras. 
A estas alturas muchos años he vuelto a pensar en cierta familia, creo que de origen vasco, que recorre el mundo en un velero y suministra a sus hijos una especie de educación autogestionada. Muchos considerarán a esos niños, (aunque con el tiempo que hace que leí acerca de ello, deben ser ya hombres hechos y derechos) como una especie de salvajes a medio civilizar pues serán incapaces de blandir un certificado, un título, un máster con el que cimentar un CV apañadito.Puede ser que los padres que tomaron (los padres casi siempre pensamos en lo mismo al decidir las cosas) esa difícil decisión, les hayan podido explicar mejor dónde está la belleza de un cuadro de Sorolla, pero sean incapaces de decirles de qué especie es la mosca drosófila, y la cuestión de los experimentos con sus cromosomas.
Porque mis hijos estaban contentos de ver otra vez a sus amigos del colegio, más que de verlos en el colegio. No dejemos que nos engañen: seguramente hubo un tiempo (y no tuvo por qué ser mejor) en que el concepto de la educación incluía el leve refinamiento de hacer que la persona adquiriese una mediana cultura general. De esa que te permite no quedar como un idiota en una conversación de nivel moderadamente culto. Hoy ese concepto de la educación y la cultura como fase de enriquecimiento por las personas ha sucumbido completamente a los dictados del sistema capitalista. Hay que formar mano de obra para que las empresas la empleen.

La cosa va así : perteneces a una familia con posibles, ergo heredarás empresas o partes sustanciales de ellas, que tendrás que dirigir : aquí tienes tu máster carísimo, con algún añito en USA en alguna de las universidades de la ivy league, te dejas un pastizal pero por tonto que seas ya tienes las palabras mágicas por si (caso raro) necesitas montar tu CV : MBA. Claro, mientras lo cursas, encontrarás montones de personas en situación parecida a la tuya: el networking, que se trata simplemente de conocer el suficiente número de personas suficientemente influyentes para garantizar favores en el futuro. Las escuelas dedicadas a estos fines empezaron definiéndose usando la palabra empresa. Por mucho que les pese a unos cuantos el vocablo castellano empresa es una importación de la palabra catalana que significa acción de emprender.  Ahora se llaman escuelas de negocios. Palabra que significa lo que no es ocio. Cuando escribo estas líneas hay un buen pollo global liado a cuenta de un broker, presumiblemente formado en alguna de éstas, que declara salivar ante la espectativa de que una gran recesión lo convierta en millonario gracias a su agudo olfato para enriquecerse en tales condiciones. A río revuelto, ganancia de pescadores. Lo dije y con el paso del tiempo lo mantengo: muchos de los dirigentes políticos y directivos de grandes empresas han pasado por esas escuelas, y han generado la realidad en la que estamos. Nadie critica a ESADE, a IESE, a EADA. Algún motivo debe haber.

Mientras estas escuelas, elitistas no por el talento exigido, sino por sus prohibitivos precios, forman clase dirigente, las universidades públicas lo hacen con los cuadros medios. Normalmente gente con la misma aptitud intelectual, pero sin acceso a los recursos económicos necesarios. Puede que un talento resplandeciente obtenga becas y subvenciones para las caras, pero allí siempre será el becado que necesita ayudas, y estará fuera del networking. Normalmente los que pasan por universidades públicas acaban obteniendo puestos medios, en la empresa pública y en la privada. Acceden a un status de clase media a costa de mantenerse a salvo de grandes períodos recesivos, pues son el primer estamento exterminado. Los altos directivos raramente se exterminan a sí mismos, pero siempre encuentran una sustancial masa crítica de mandos medios a los que, a base de culpar de no saber aplicar correctamente sus directrices, pueden ejecutar consiguiendo muchas piezas de un solo tiro : fuertes ahorros, mensaje a todos los estamentos de la empresa, desaparición de eventuales aspirantes a ocupar sus tronos. No sé si vosotros ya estáis hartos de oir hablar de ingenieros que hacen de camareros, de arquitectos que son dependientes en tiendas de decoración, de abogados que hacen de administrativos.

Los ciclos formativos de profesionales completan ese mapa educativo a la medida de los requisitos de las empresas, que no de la sociedad. Básicamente se trata de formar buenos profesionales que estén al servicio de la clase directiva. Alguien tiene que arreglar mi coche, empotrar los enchufes, instalar las tuberías. Peinarme, diseñar la ropa que me pongo, transportarla hasta mi casa.

Lo demás es para los patanes que no quieren ser hombres de provecho. Deportistas, músicos, escritores, actores, bohemios en general. Los muy buenos podrán ser los bufones, hasta que nos cansemos de ellos.



dimarts, 27 de setembre de 2011

COLOR SEPIA

Es como un drama en un solo acto que pasa a dos y luego a tres, para, en un momento que es un segundo de eternidad, parecer que amenaza con una segunda parte, o con no acabar nunca.
Uno cree que ciertas cosas que cambian, las que lo hacen en un cierto sentido lógico, no volverán atrás. La peseta no volverá, por jodido que esté el euro.
Entonces cuando el domingo vi aquellas miradas, aquellos vestidos y trajes pretendidamente elegantes, y tras leer acerca de la presencia de Sánchez Camacho, del de Ciutadans, en la Monumental, cierto escalofrío que recorre mi espinazo me advierte que quizás esa seguridad no tenga tanta razón de ser. Hay ánimo vengativo, hay ganas de hacer esa política de tierra quemada tan dada en el estado en que nos toca estar. Primero deshago lo que los otros hicieron, primero no dejar rastro de que mis enemigos estuvieron aquí antes que yo. Cambiemos hasta las cortinas del último lavabo, no quiero señal alguna de su paso por aquí.
Puede que la prohibición de los toros en Catalunya responda a algo diferente que evitar un maltrato animal, claro que sí. Por lo general no nos gusta esa asociación con los tópicos de los que llevamos toda una vida huyendo, y algo como los toros los aglutina todos de una manera tan ostentosa... vivimos tiempos difíciles y todo el mundo está muy susceptible. Cualquier cosa puede hacer saltar una chispa y cualquier chispa puede hacer estallar el polvorín social sobre el que estamos asentados. Por mucho que el movimiento indignado quiera intervenir, a las encuestas electorales me remito, la polarización se profundiza, la derecha prepara su instrumental para operar, políticas sociales, recortes en la autonomía. La que nos viene encima.

No hay ninguna duda: la versión en single es muy superior, pero este montaje muestra no sólo el delirante montaje del videoclip: también nos enseña al Marc Almond más histrión rodeado de una orquesta para él solito y sintiéndose la estrella, la justa estrella que debería ser.

dilluns, 26 de setembre de 2011

E de ESPONTANEO

REM se separan. Los artículos proliferarán, en medios afines o no tanto. Volveremos a oír, como si nos hiciera falta, Losing my religion, canción bandera de los programadores de emisoras FM más inofensivas y que pretenden ir de innovadoras. O Shiny happy people, que a mí me parece ramplona y prescindible, aunque me gustaran los B-52's. Me apostaría algo a que la mayoría olvidará las canciones de Automatic for the people, que voy a decir que es su cúspide, aunque sea por la vergüenza de decir que es el único de sus discos que me gusta del todo, cima a la que ascendieron para empezar a bajar hasta hoy, casi 20 años más tarde. Le ha pasado a tantos.
LV del jueves hablaba de REM en términos de gestión de su carrera y de progresiva conquista de mercados, pasando del local al global. Hablaba en términos de paternidad del indie, curioso cuando sus discos andaban con el reluciente logo de WEA. Pero lo que realmente me saca de quicio es que se acaban refiriendo al grupo como si de un proyecto empresarial se tratara. Que LV es prensa relativamente plural en lo político, pero situándose siempre ajena a los extremismos, que los radicalismos son perjudiciales para las ventas masivas, ya lo sabemos. Pero esa manía de valorarlo todo desde una óptica empresarial puede conmigo. Fuera de los estereotipos del músico solitario y atormentado que proyecta sus neuras hacia el mundo desde la soledad de una habitación y una guitarra (o un teclado o un ordenador), ya que no hace falta ser tan amargado, y la incomprensión de tu entorno no tiene porque repercutir en hostilidad o resentimiento en tu obra como musico. Con lo cual no comprendo que se pretenda reducir todos los aspectos de la vida a una cuestión de inversión y rentabilidad, como si fuera imposible concebir un mundo en que los individuos no aplican la mecánica mercantil a todos sus actos. Supongo que es una especie de extensión hipertrófica del mito del trabajo como redención a los pecados de la humanidad, considerando entonces que no hay talento si no hay transacción y que no hay arte detrás de lo que no puede ser vendido. El libro de Houellebecq pone indirectamente a parir la situación del mercado del arte, y creo que sería útil que los que leéis esto busquéis acerca de Jeff Koons y Damien Hirst, con lo cual comprenderéis que siga con Klee. Que la música es un arte casi me sonroja decirlo, por lo cursi y previsible de la frase. Pero, y más que el actual modelo de negocio aleja a las aves de rapiña, no creo que los auténticos músicos, aquellos que componen o interpretan porue piensan que tienen algo que decir al mundo, lo estén haciendo calculadora en mano. Creo que es bueno que eso forme parte del pasado. Las presiones de las discográficas (las expectativas de ventas, los anticipos de pedidos, el marketing, las audiciones privadas) deben haber desgraciado muchas carreras, aunque sea por el resorte de poner plazos y objetivos y magnitudes a algo tan errático y caprichoso como el talento.

Como he estado tres inexplicables días sin post, achacables a distintas circunstancias, pero severamente castigados (las visitas se desmoronan, los comentarios escasean), intento ponerme al día aunque sea de un modo atropellado y dispar. George Michael hace una gira con los grandes éxitos de sus escasos e irregulares discos en solitario, y se pone muy pelma haciéndose acompañar por una orquesta sinfónica (imagino que la pedantísima explicación para semejante despropósito debe incluir expresiones como "una lectura diferente", "una nueva dimensión", etc.), con lo cual podemos certificar su pase de artista a cadáver de artista que aún conserva constantes vitales. Rezaré a Dios para que no se le ocurra hacer lo mismo a Pedro Marín. Soy ateo pero hay que probarlo todo ante tan grande amenaza.

Me había prometido a mí mismo muchas cosas : si traicioné la de traducir casi online mis post al catalán, no veo porque no traicionar la de no meterme con alguien, otra vez

El empujón : 6Q ya me ha dado unos cuantos. En agosto de 2010 me hizo ver que si tener un blog no te sirve para relacionarte con los demás, normalmente te sirve para relacionarte contigo mismo. Hoy ver su post de ayer sobre The Wire también me ha hecho sacarme el sueño de las orejas y despejar la mesa de kleénex de varios día, DVD que no se graban bien y recortes de prensa, y volver aquí. No puedo recomendar ya nada a la altura de The Sopranos o The Wire, simplemente no lo hay, tras las cimas, como dije hace unos párrafos, solo están las dignas bajadas desde la cumbre. Entourage no te enganchará de una manera tan física, ni te hará pensar cómo coño defino algo tan bueno sin sonar muy manido. O en un principio no te lo parecerá, pero quizás te des cuenta de que sí. En todo caso es muy llevadera, pero mucho, capítulos de 20 o 25 minutos que funcionan parecido a "ah !, ya se ha acabado ??". Una buena cerveza fresca no es un vino de reserva, pero que te lo pregunten en julio a 35 grados.

Como el último libro de la trilogía de Deptford : hay que encontrar el momento adecuado para hacer justicia a lecturas tan agradecidas. Todos los sentidos deben estar en su justo tono. De eso se trata, uno no se organiza un gran acontecimiento en medio de la semana, para presentarse con la ropa con la que has ido al despacho, limitándote a pasar por casa y ver si a tu afeitado le hace falta algún repaso. 

Hablando de aspectos y de situaciones chocantes. Alucinante la gente, y sus pintas, que salía ayer sobre las ocho de la noche, de la última corrida, espero, que se va a celebrar en Catalunya. Alucinante la historia montada en torno a esto, si bién he de aclarar que soy de los que suprimiría los correbous, y que debemos dar ejemplo abandonando tradiciones trogloditas (u otros pretenderán imponernos las suyas). A lo que iba: los de la Monumental: caspa, gomina, almidón, todo parecía una especie de adelanto del previsible próximo 20-N. Pero en alguna mirada se leía : esto no acaba aquí.



dijous, 22 de setembre de 2011

OBRAS DE CARIDAD

A veces, pocas, me va a dar por aclarar ciertos títulos, por si es de ayuda.

Obra : trabajo realizado sobre algún edificio o construcción con fin de mejorarlo, reformarlo, adecuarlo.
Caridad : virtud de ser caro.

Barcelonés de toda la vida como soy, en algún post ya habré mencionado que pasé mis primeros 29 años de vida en el barrio de la Sagrada Família. 
No sé si concreté que el parque que queda entre las calles Mallorca, Provença, Sicília y Sardenya fue el escenario de mis primeras correrías tanto como tierno infante en compañía de mi familia y, más adelante, alrededor de mis 11-12 años, como preadolescente dispuesto a interpretar que el mundo al fín era suyo porque ya le dejaban bajar solo. Allí pasábamos mediodías de días de escuela (cuando había tres horas para comer), tardes de otoño y primavera. Años más tarde se construyó, a base de expropiaciones, al otro lado del templo, la Plaça Gaudí, cuyos recuerdos ya no son tan tiernos para mí. Mi edad ya era otra y, como a todo el mundo, mi barrio se me quedó pequeño, o eso me gustaba pensar. Podría tiznar esto de nostalgia con cualquier pretexto, pero no es mi propósito.
Ayer una enorme cifra aparecía en portada de algún periódico barcelonés : 2026. Parece ser que, debido al enorme empuje que supone el castañazo de cobrar 12 o 14 euros a los turistas que quieren visitarla, la Sagrada Família dispone ya de una fecha prevista para su finalización. 
No sé si los visitantes de este blog van a montar en cólera, pero a mí los turistas acaban poniéndome bastante nervioso, especialmente esos grupos que se presentan en masa y lucen gorros conmemorativos. Que disponer de ciertas cosas bonitas puede dar mucho lustre a nuestra ciudad me resulta entrañable pero recordemos que no todos somos beneficiados por el flujo económico que su presencia acarrea. La expresión  no todos es aquí un claro eufemismo de sólo unos cuantos. Pero en fín, no seamos muy críticos, quizás su masiva presencia nos dispensa a los autóctonos de algún porcentaje más elevado de tirones, sustracciones de carteras, etc. En todo caso Barcelona ya es un destino turístico de primer orden en el globo, no hay remedio.
Pero resulta que el final de las obras de la Sagrada Família, una de las acciones previstas era rodear el templo de cuatro manzanas del Eixample Barcelonés ( aproximadamente una hectárea cada una de terreno urbano ), que se destinarían a parque y zona verde disponiendo una cruz en torno al templo, que quedaría en el centro. Enternecedor. Lo que pasa es que para desalojar las dos manzanas, que actualmente están ocupadas por algo así como unos 100 edificios en total, que serían unas 700 o 800 viviendas más todos los locales (muchos dedicados a la restauración y el comercio con el fin de atender a los guiris), habrá que expropiar, y demoler, todos esos pisos, para luego proceder a la construcción de esos parques, que dudo que se apañen con cualquier cosa. A mí me sale, a un precio moderado de vivienda y suelo y tal, que la cosa no va a bajar de unos 300 millones de euros. Todo para que el dios de unos cuantos sea bién venerado. Sé que faltan un montón de años para que eso pase, pero por eso mismo, para que los vecinos que viven en pisos que puedan ser objeto de esa expropiación puedan vivir tranquilos, evitemos especulaciones, enormes obras, lo mejor que podría hacerse es no efectuar ese gasto absurdo y emplear ese dinero en otra cosa.
Claro que me pregunto de quién es ese dinero. Está claro que no es de nuestros impuestos, faltaría. Por lógica será de alguna institución religiosa vinculada y orientada a la promoción de la obra. Institución que a mí me suena fatal que sea tan ambiciosa y ostentosa y avariciosa como para no comprender que el mundo necesita mucho más ese dinero que su dios un par de hectáreas para reunir aduladores. Algún pecado mortal se infringiría ahí. Lo bién que quedaría que ese dineral se emplease en gente más cercana que sí lo necesita. Porque si dios es todopoderoso una chorrada de parques se la deben traer floja, no ??

dimecres, 21 de setembre de 2011

RESORTE TARDIO

Mecanismos que me acercan a los libros, 2

Claro, el efecto sorpresa

LOS RESORTES OCULTOS

El primer disco de The XX pone a prueba los bajos de los altavoces, y la paciencia de los vecinos. Sigue siendo una pieza que acapara mi fascinación, más de dos años tras descubrirlo aún me pregunto el motivo por el cual aguanto tantas canciones cantadas a dúo. Un súbito flash me recuerda una importante razón: las canciones, casi todas, no son alargadas inútilmente, acaban cuando tienen que acabar, cuando han dicho todo lo que tenían que decir, y siempre lo hacen de un modo concreto y contundente; nada de estúpidos fundidos en que el estribillo acaba perdiéndose en el silencio.
Por otra parte esto también es una contundente demostración de que últimamente mis indagaciones no dan frutos, por lo menos frutos tan consistentes. 
La literatura: vuelvo corriendo a la biblioteca para entregar los tres libros de Ricardo Piglia, pues creo que no es la época en que un autor de ese tipo pueda llegar a gustarme. Demasiado lunfardo
Abordo una recopilación de historias cortas de James Salter. La encuentro frívola y un poco falta de interés. Reordeno la pila de próximas lecturas, lo hago de una manera tan conservadora que me hace pensar en Mariano Rajoy. Vuelvo del lavabo. La pila queda así : El mundo de los prodigios, última pieza de la trilogía de Deptford, apuesta más que segura, luego A sangre fría de Truman Capote, otro que tal, sigue El testigo de Juan Villoro, y despues viene una borrasca llena de dudas y brumas, pues los tres suman más de mil páginas y eso va a ser más de una semana.

¿¿ Quién sabe lo que pasará más tarde ??.

Ocurre que la lectura del último de Houellebecq ha vuelto a transformar mi actitud ante los libros. Y es difícil ahora optar por algo ligero, pero a la vez demasiada profundidad me hará empezar a comparar. Si comparo, todo palidece ante el inagotable torrente de Houellebecq, la primera víctima ha sido Beigbeder, ya os lo dije, al que le daré una oportunidad pero más adelante, uno no puede oír la copia justo después del original, el sucedáneo has de consumirlo cuando compruebas que no encontrarás originales por mucho que busques, entonces te conformas, a falta de otra cosa. 
Mecanismos que me acercan a los libros, parte 1 de algunas cuyo número ignoro: el autor, en su época de plenitud, el tema, contemporáneo a ser posible y de un mundo que considere accesible, no tan ignoto que parezca irreal, que sea interesante y esté bién escrito, que la trama tenga algo de misterio pero que la desaparición del misterio no anule el interés. Que haya frases que me hagan cerrar el libro contra la mesa y desear tener algún sitio donde apuntarla. Que sean párrafos enteros, hasta que me sienta abrumado por una especie de síndrome de Stendhal, lo suficientemente fuerte para escoger momentos que merezcan la lectura, no tanto para que esos momentos no surjan nunca.
En cualquier caso, libros que me empujen al teclado a escribir sobre ellos, como cuando corres a llamar a los amigos para explicarles algo bueno que te ha pasado. No hay tanto tiempo y no conviene perderlo en estupideces.
Como esas canciones que hace ya demasiados años, ya algunos, te empujaban a la pista o a levantarte, porque el pie no se estaba quieto. 






dimarts, 20 de setembre de 2011

PRONUNCIESE UEL-BEK

Cuando he ido a insertar la imagen de la portada del libro, el servicial editor de blogger me ha pedido en qué tamaño. Cuestiones de maquetación aconsejan el tamaño mediano, que permite una correcta proporción entre texto e imagen sin otorgar excesivo protagonismo a uno frente a otra. Pero me he quedado con las ganas de poner enorme.
Porque esa palabra sería lo que definiría, para empezar y sin anestesia, aunque sea consciente de que apenas han pasado unas tres horas desde que la he acabado, mi sensación tras sus 377 páginas, de las que he dado cuenta en apenas un día y medio.
Houellebecq es un escritor terriblemente ambicioso. Tras su aspecto frágil, algo enfermizo y demodé, se esconde un autor de fuerte temperamento, con una solidez y una fuerza espiritual inabarcable. Poeta que ensaya, filósofo que novela, todas las combinaciones son posibles en su prosa, rotunda, rica, quirúrgica, absolutamente entretenida, prosa en la que alterna de una manera certera y magistral pasajes de la más pura ficción con planteamientos vitales y sociales completamente acertados, puestos en boca de sus personajes, del narrador, reflexiones que juega a que creamos ajenas pero sentimos cercanas. Hipótesis rabiosamente actuales sobre qué hacer y qué no con este tinglado que es nuestro envejecido y desorientado primer mundo. Cómo asoma la punta del deseo, cómo se desvanece. Qué hilos tejen  las relaciones humanas, el sexo, el capricho, la codicia, la coincidencia, la afinidad. Rabiosamente contemporáneo. Eso no es una sorpresa en Houellebecq, pero cuando uno ve como Frédéric Beigbeder intenta alcanzar esas cotas, a base de usar trucos muy parecidos (ser diletante, ser nihilista, ser técnico, ser explícito en las escenas sexuales), y no llega, entonces se llega a la conclusión de que el talento y la ambición de Houellebecq son dos poderosas fuerzas que ejercen un magnetismo descomunal. Decían que se había ablandado, que el premio Goncourt lo había ganado con su novela menos áspera y menos atormentada. Quizás lo parezca superficialmente, pero es sólo un giro más en su resplandeciente originalidad. Verse a sí mismo (me estoy acostumbrando a estas figuras ) como una parte de la acción, verter opiniones sobre su persona y su obra (supongo que extraídas en algún sentido de sus propios aduladores y de sus propios críticos : la conclusión-promedio es que es un buen escritor, puesta en boca de una persona no habituada a leer), es un juego privado con el lector, juego que funciona poderosamente: como en los mejores pasajes de los libros de Cercas, la complicidad emana de manera espontánea. Su foto, en el encarte, es la de un hombre tímido y con escaso éxito social: su personaje en el libro viene a ser definido como pareciendo ser feliz. El vitriolo no ha desaparecido, simplemente se dosifica y se mezcla con algo dulce.
Como ayer con The Wire o en mi ya lejana serie casi monográfica sobre Scott Walker, a uno le gustaría hallar las palabras precisas que indujesen a quien me lee a ir a la tienda y gastarse los 21,90 euros que cuesta la primera edición de este libro. Podría decir que uno puede gastarse ese dinero en una comida que no le llegue a satisfacer del todo como este libro lo hará. Podría mencionar que una camiseta, o una falda,  o una corbata más en el armario no suministrarán el placer que esta novela expansiva, rutilante, profunda puede darnos. Debo hacerlo porque desde el momento preciso que he leído su última página, he pensado en tantos otros libros vanos, superficiales, ligeros, que pueden costar ese dinero, y me he sentido en deuda con su autor.
Si hay justicia, uno de los libros del 2011.


dilluns, 19 de setembre de 2011

PARARSE A PENSAR


Honestamente, había cedido la palabra a 6Q para expresarse sobre The Wire, aunque le faltaba la quinta temporada, en la que, seguro (pues es un hombre de palabra más fiable que la mía) anda metido. Si no me lo he ganado con Bolaño o con Kapuscinski o con cualquiera otra de mis filias declaradas, con The Wire el calificativo de pesado insistente va a caer por sí solo. Pero es una cuestión, ya lo dije algún día no muy lejano, de esta manía mía de intentar que la justicia impere en el planeta. No le llaméis fanatismo, no es una duda que necesito compensar con fuerza para convencerme a mí y a los demás. Aquí no hacen falta los palmeros, aunque nos guste cierto tipo de rumba. Si alguien dice que he recomendado una basura, ahí abajo está la opción de los comentarios. Son bienvenidos aunque duelan en el mismo centro del alma. 
Pero volvamos a The Wire. Serie que fue muy ignorada en los Emmy en los años 2002 a 2008 en que se emitió. Normal dada su escasa vocación mayoritaria. Respeto los resultados de esos premios (los de este año han sido entregados esta noche y no puedo quejarme pues han coincidido algo con ciertas predicciones), pero no son la biblia que uno tiene que seguir, mucho menos a costa de olvidar a lo demás.
Hoy, en páginas de opinión, muy cerca del editorial y del artículo del director, Xavier Antich firma en LV un auténtico panegírico sobre The Wire. No alcanzo a recordar cuando un periódico de este alcance (que a pesar de algún leve disgusto sigue pareciéndome de lo más decente que puede encontrarse en los kioscos) ha tomado partido en páginas tan importantes (normalmente destinadas a opiniones de alto calado en lo político, lo social y lo económico) por algo a priori tan frívolo como una serie de TV. No es la primera vez, ya lo sabéis, que escritores de prestigio la mencionan, desde puras opiniones de gusto entusiasta a más profundos análisis detallando su condición paraliteraria. Naturalmente esto me satisface hasta la médula, pues no puedo dejar de recordar esos momentos de fascinación a medida que la fui descubriendo, a costa (cuánta razón tiene 6Q) de romper con ciertos esquemas preestablecidos en generaciones de series de corte policíaco: no siempre hay tiros, no siempre pasan cosas, muchas veces parece que no pasa nada. Cada pieza cuenta, todas acaban encajando. Yo sé que este es un jardín que ya he regado muchas veces y no siempre ha dado sus frutos. Sé que es cruda, sé que para nuestros ojos de raza blanca cuesta al principio distinguir entre tanto nigga perteneciente a algún gang. Pero el esfuerzo, que no es poco, merece la pena. Y desde que ese romance se consolide, nunca podréis evitar poneros a pensar, con un cierto mohín de preocupación, cuando oigáis esta música.

diumenge, 18 de setembre de 2011

ISLA FANTASIA

Sabida es la divergencia entre los gustos populares y la opinión de los críticos. También he de reconocer la influencia que críticos de ciertos medios ejercen sobre mí a la hora, básicamente, de acercarme a muchas de las obras que acaban gustándome. Ser el primero es difícil, para alguien ajeno a la propia industria imposible, el primero es el propio autor cuando toma distancia y juzga su obra, la mayoría dirán que le encuentran todavía un montón de cosas a mejorar, pero, llegado un punto, la ofrecen al mundo.
Muchas veces pienso en cuantas personas a la vez que yo oyen una canción, la misma que yo, o leen un libro, el mismo que yo. Los gustos minoritarios, por vocación o no, ayudan a contestar estas cuestiones con cifras de pocos dígitos.
Parece ser que Sukkwan Island, intraducido (queda más guay) título de la primera novela de David Vann, quiere ser uno de esos libros clásicos de autor novel, editorial pequeña, tema sensible, se encumbra gracias al boca-oreja hasta la cúspide de las preferencias de un sector limitado, pero connaisseur, de público, encumbramiento en el cual acostumbra a ser un factor clave el entusiasmo de cierto perfil de críticos. No sé qué pasa entonces, conmigo, que ese patrón tan cumplimentado paso a paso no llega a ser suficiente. Cuando queda atrás el entusiasmo y estás a solas ante el libro, nada de eso importa: las páginas y tú. 
No creo que este libro vaya de conflicto generacional : un niño de 13 años que acepta pasar una temporada con un padre alrededor de la cincuentena, obsesionado con reencontrar alguna identidad perdida entre divorcios, infidelidades y vida algo aburguesada (quién, si no, se permite adquirir una propiedad en Alaska tras renunciar a su trabajo). Aquí no hay angustia adolescente, si acaso algo de crisis de la mediana edad, pero no es el aderezo básico. Referencia básica al leer este libro: La carretera de Cormac McCarthy, otro libro seco como mascar una bola de algodón, otro libro de soledad compartida, pero también, ya andaba cerca de decirlo, otro libro del que acabas pensando no era para tanto. Ocurre que, como pensé del libro de Kenzaburo Oé de hace apenas unas semanas, cuando una trama es justa la de un cuento o cualquier cosa que los grandes liquidan en breves páginas (pienso en Robertson Davies o Bolaño por su inserción rozando con lo casual de historias que son grandes creaciones, como si no pasara nada, pero también pienso en Monzó por su capacidad de concreción y pasar de puntillas por circunstancias trágicas ), pues en ese momento, sacar 210 páginas en base a alargar una historia, pero hacerlo sin gran aportación literaria (la frase que te apuntas o que te hace pensar), y darle un colofón (evitaré los spoilers) excesivamente novelesco, en el mal sentido, a mí me deja una cierta sensación de semi-bluff.
Sukkwan Island es seguramente mejor que el 98 por ciento de los libros, pero yo no me leo el 2 por ciento restante de ellos. La sensación, a no ser que uno sea uno de esos eruditos remojados hasta las cejas en clásicos romanos y griegos, es haber leído una historia algo increíble y poco rigurosa, contada con frialdad y un estilo limitado. Historia que en un libro de Raymond Carver o de Richard Ford quedaría allí, entre la de una pareja que sólo discute en lugares públicos para que los extraños puedan opinar sobre ellos,  y cualquier otra historia de literatos de verdad, cosa a la que Vann, de momento, no llega.

Sin respetar apenas la cuarentena, contraviniendo sabios consejos de Gustau de Cercles sobre períodos de  descanso aconsejables entre libros (y la alternancia de estilos), acabo las últimas veinte páginas de Sukkwan Island para tirarme, literalmente, sobre El mapa y el territorio. Apenas 50 páginas y Houellebecq ya ha arremetido contra los grandes artistas/performers millonarios, las empresas de servicios por internet, y ha opinado de sí mismo en tercera persona, como si fuese un crítico de la sección literaria ( de unas cinco líneas semanales ) de una revista del corazón de última categoría. Ahí me esperaba, y ya voy.





divendres, 16 de setembre de 2011

EL NUEVO MESIAS

Varias cosas de las que me entero en los últimos días muestran una curiosa convergencia hacia cierto territorio delicado. Nótese que he empleado la palabra territorio. Podría mostrarlas montando un pequeño mapa con lo que las interconecta pero me inclino por la tradicional relación numérica. Nótese que he empleado la palabra mapa.


1. Un instituto de bachillerato en Girona envía a casa (las cifras no coinciden según los medios) 30 ó 50 alumnas para que se vistan conforme a las normas del centro. El instituto es del Opus Dei. Supongo que las adolescentes se presentaron, cosas de este verano tardíamente caluroso, con el socorrido uniforme del verano (short tejano, camiseta de tirantes), cosa que ha puesto nervioso a algún severo guardián de la fe de tan puritana institución. Sí, podría estar de acuerdo en que una escuela no es una discoteca, pero...

2. La escuela a que asisten mis hijos establece un código de vestuario y desrecomienda tan mínimas prendas, aunque otorga una pequeña compensación : esta norma no se aplica los viernes por la tarde. No acabo de entender qué resulta ofensivo el lunes y no lo es el viernes, aunque hace años que en las empresas existe el friday wear, no creo que sea el caso.

3. En alguna otra escuela, ante la permisividad con compañeras que acuden a clase tocadas con algún tipo de velo musulmán (no me preguntéis el nombre ni de la escuela ni del tipo de velo), ciertos compañeros optan por asistir a clase ataviándose la cabeza con gorras, cascos, etc.

4. Parece ser que nuestro gobierno autonómico actual pretende crear, con la coartada de unas normas de uso del espacio público, leyes que acarrearán en la práctica la prohibición de pasearse con burkas y velos u otras prendas que impidan el reconocimiento de las facciones de la persona (se mencionan también curiosamente los cascos, pero la cosa no va por ahí, que no somos tontos leñe !!).

Si yo fuese ciegamente progresista y de la onda de la paz y el amor estaría terriblemente ofendido por estas coartaciones a la libertad ajena y el poco respeto a las personas y a su cultura y costumbres de orígen.
Vaya por delante que soy un orgulloso heterosexual partidario de la contemplación de la belleza femenina en todos sus estados de esplendor, que no son pocos. Véase cualquier capítulo de Entourage para referencias.
Resulta que hay quien dice que las mujeres se tapen y otros que se destapen. La relación entre CiU y ciertos sectores del Opus Dei es más que sabida. Los consejos de Marta Ferrusola para que TV3 no emitiese películas subidas de tono son de todos conocidos. Estamos en una clásica situación en las que los plastas hablan (hablamos) de la escala de grises y de la infinidad de matices. Esto a mí me confunde y me aturde, y necesito una referencia, aunque sea para contrastarla con mis propias opiniones.
La encontré, y se llama Michel Houellebecq. En un giro que me parece genial, sea realidad o promoción encubierta de su último libro, resulta que el hombre se halla desaparecido y no atiende llamadas ni de su editor. Igual que el personaje que transita por su libro con su mismo nombre.
Ocurre que Houellebecq se inmola en nombre de todos y dice las cosas que muchos piensan y no osan decir, o por lo incorrecto de su fondo o por la imposibilidad de expresarlo en su forma. A Houellebecq se la suda, y la ordinariez de la expresión se ajusta perfectamente, pero también valdría que se la trae floja o que le importa una mierda, si los radicales le amenazan o le interponen querellas o le acusan de representar el paradigma del nihilismo de la sociedad occidental.
El dice que les dén morcilla, pero no sé como lo dirá en francés.
Demostración de su valentía es ese cronismo de la decadente (ya la definía como decadente hace más de quince años, cuando todo eran flors i violes) sociedad occidental sustentada en columnas tan variopintas como el consumismo, el culto al cuerpo, las nuevas estructuras familiares, la pornografía, la ambición desmedida, la excentricidad, las tendencias suicidas, y todo ese magma que se arremolina en torno al mayor de los vacíos espirituales (vacío que él ha identificado sin expresarse sobre él, de una manera científica). Es un mesías que se inmola y recibe críticas y burlas y no pone la otra mejilla, simplemente encaja los golpes y sigue con su cigarrillo y su media sonrisa. Es un portavoz desinteresado de un montón de gente que no se lo ha pedido, pero da igual, quizás si se lo pidieran no lo haría, pues andar jodiendo a veces puede ser un modus vivendi.
Con todo esto creo que está más que justificado aclarar que El mapa y el territorio pasa por encima de una pila demasiado extensa ( cuatro de Ricardo Piglia, el tercero de la trilogía de Deptford, Capote, o 6q me mata, Beigbeder, Chirbes, Coetzee, Villoro) de libros que debo leer cuando acabe con Sukkwan Island , que es el que toca ahora.



dijous, 15 de setembre de 2011

ASI ES LA ROSA

El progresivo regreso al orden normal de la vida cotidiana avanza implacable. Jueves y en estos escasos cuatro días todo parece irse a poner en su sitio, como en esas películas de explosiones que vemos hacia atrás. La entropía del universo contradicha : sólo un orden es posible, los desórdenes posibles son infinitos, pero tan sencillo como ver una de esas películas al revés. Everything in its right place.

Veo, agitado y expectante, el último capítulo de la última temporada de Entourage, emitido el domingo en USA, ya aquí cortesía del emule y de algún esforzado fan irredento que lo subtitula, profesándole tanto merecido cariño que avisa con un mensaje entre los subtítulos en los créditos finales: no hay que perderse la escena final, no en sí porque pase nada, no hay sorpresa final, no hay telón que cae de sopetón como en el controvertido final de The Sopranos, no hay inverosímil giro que intenta explicar todo y no explica nada (como en Lost). Simplemente es una especie de epílogo que esconde lo que podría ser un prólogo a una eventual película. No acaba de convencerme que se haga como en Sex and the city.

Tras una breve reflexión (las musas me iluminan y lo decido rápido), decido que Entourage es mi serie de comedia favorita de todos los tiempos. Otras categorías ya están otorgadas, la de drama es un ex-aequo para The Sopranos y The Wire - 6q, com anem ?-. Otras comedias me tienen igualmente obnubilado, The office, The big bang theory y Modern family. Pero no he visto como acaban, la visión de conjunto acaba siendo necesaria pues existe el riesgo de arrastrar tramas y personajes agotados en busca de temporadas y temporadas. Entourage se ha terminado en la cúspide: una breve octava temporada final de 8 escasos capítulos, sin finales acomodaticios. HBO otra vez, claro, y una indeleble sensación de que Mark Wahlberg, actor de prestigio, inspirador del personaje principal y productor, ha sido clave en el desarrollo.  Grandísima.


dimecres, 14 de setembre de 2011

ASALTO EN PLENO DIA

En realidad tenía preparado para hoy el atrasadísimo post sobre el sistema educativo, completito con su entradilla y sus excusas por su retraso. Con el pretexto del reciente regreso de los niños. Pero en la vida hay esas cosas que los cursis llaman imponderables, yo intento no ser cursi aquí, por lo que me cuesta horrores buscar otra palabra, sorpresas no pues no lo define y sonaría demasido a Pedro Navaja, yo que no comprendo algunos de los importantes géneros de la música latina, que tengo buenas relaciones con bossanova, con bolero y con tango, pero no con la bachata ni el vallenato ni la salsa ni el reggaetón. Simplemente algo estalla y eclipsa a lo demás, aunque puede que no sea un estallido, más bién es un amanecer que trae nueva luz y finiquita la noche que había antes. 
La cuestión es que ayer acabé de leer Mantícora, segunda parte de la trilogía de Deptford, de Robertson Davies. Parece haber cierta unanimidad de que esta es la parte más floja de los tres libros (me queda El mundo de los prodigios, pero aún he de diseñar la estrategia para abordarlo). Desde luego que uno puede estar en desacuerdo con muchas cosas pero si calificamos de flojo un libro así, me he de ciscar en toda la obra de Pérez Reverte o Stieg Larsson, por sacar dos nombres a la palestra que me garanticen cierto encarnizamiento en las respuestas. Sí que ocurre que Mantícora no es un libro que se presta a ser devorado como una novela de Ken Follett. Que las dosis aconsejables son de 30 o 35 páginas diarias y que no es un impedimento el andar enfrascado a la vez en alguna otra lectura, pues funciona como un plato principal, como ese intraducible término catalán, el tall de cualquier comida. Puedes acompañarlo de otros platos pero Mantícora siempre será el centro de la mesa. Fascinante en su imaginativo despliegue, en sus puntuales coincidencias con hechos clave de El quinto en discordia, pero a la vez fascinante en preservar cierta condición de obra en sí misma, no sé si soy el sexto en discordia empeñado en contradecir a todo el mundo con argumentos como la intuición o el uso de las imágenes premonitorias, pero sus cotas más elevadas (sus últimas treinta páginas, con la aventura en la cueva como inesperada cúspide que puede suscitar las más diversas lecturas), pueden considerarse como literatura del más alto nivel, aquella que sólo necesita unas cuantas palabras para pintar imágenes, sin atisbo alguno de obra menor pues el pretexto del análisis psiquiátrico del protagonista, es un recurso narrativo para trazar una biografía y salpimentarla de contrapuntos. No son pocas las ocasiones en que uno cierra un libro y sabe que quedará en la estantería solo para meras y puntuales consultas. Ya estoy esperando el momento en que vuelva a abrir Mantícora a la búsqueda de algunas de las sensaciones que pueda haberme perdido esta primera vez. Como muchas grandísimas canciones, encontrando algo nuevo en cada escucha. En las montañas, o en los valles, de día, o de noche.


dilluns, 12 de setembre de 2011

COMUNICADO A LA POBLACION

Se pone en conocimiento de la ciudadanía que, con fecha 1 de Enero de 2012 se ha procedido a abrir dos cuentas bancarias donde las empresas y particulares que así lo deseen podrán proceder a ingresar tanto los tributos como las cuotas sociales que hasta la fecha venían ingresando en cuentas análogas del estado español. De manera transitoria, se establece que las cantidades sean las mismas, y se confeccionará un documento de subrogación que permita a quienes opten por esta medida estar a salvo de ningún tipo de repercusión. De esta manera, los fondos generados por la actividad económica en Catalunya serán directamente gestionados en Catalunya. Se establece que todos los bienes y derechos del gobierno autonómico al 31.12.2011, cambien su titularidad y sirvan como garantía para los préstamos y créditos que hayan de ser solicitados para el funcionamiento del nuevo estado. Con estos fondos el estado se subrogará de las obligaciones en lo concerniente a pensiones y otras prestaciones.
Las entidades financieras que deseen actuar dentro del nuevo marco legal deberán realizar una aportación a fondo perdido equivalente al 5% de sus recursos propios (capital y reservas) como único cánon inicial para la autorización de sus operaciones, a la vez que cumplir una serie de requisitos en lo concerniente a créditos a empresas y particulares, y límites en el ámbito de cualquier tipo de operación especulativa. Se establece que los resultados de operaciones con este carácter puedan ser sujetas a gravámenes del 100 % o superiores.
Toda empresa que mantenga sus operaciones y establecimientos en Catalunya dispone de un plazo improrrogable de 5 años para constituir una sociedad registrada mercantilmente en el nuevo estado, cuyas condiciones serán las mismas, a las que se añadirán ventajas fiscales para las que creen empleo, mantengan instalaciones, y otras medidas de tipo social que puedan establecerse tanto con el fin de la creación de empleo como con el de la igualdad de oportunidades.
Las entidades religiosas que quieran ser reconocidas como tales deberán declarar sus propiedades y ponerlas a disposición del estado, dada su condición a partir de este momento de sociedades sin ánimo de lucro ni actividad económica.

dissabte, 10 de setembre de 2011

QUE INVENTEN OTROS

Cómo va a costar que vuelva a confiar en los medios del Grupo Godó como antaño. Me decepcionaron en su tratamiento cínicamente escéptico sobre las acampadas. Yo no creo que haya servido de gran cosa, pero es una conclusión a la que he llegado con una cierta lentitud. Parece que para estos medios estaba muy claro desde el principio, así que para qué hacerles el mínimo caso. Servidumbre al poder, se llama eso. Conflictos como el de Manel Fuentes y Vicenç Navarro me hacen ver que en todas partes cuecen habas. Peligroso como el rodillo de CiU se impone de una manera absoluta en prácticamente todas las instituciones. En todo caso mi vagancia me impide cambiar las presintonías de la radio: o música o RAC1. Y hoy Basté emitía desde NY, en el centro del mundo, no voy a llevar la contraria. Excelente entrevista con Antonio Banderas, que recomiendo a la gente que busque, pues aunque no la he oido en su integridad, sólo los veinte minutos que han empezado hablando del archiconocido donde estabas el 11-S y han evolucionado, sin forzarlo, hasta el Hollywood solidario y consciente de los orígenes de tantos de esos multimillonarios actores y directores, y la crisis de las narices. Banderas, 51 años, cuyos errores serían una cierta querencia merengue y un excesivo empeño en masticar las palabras en inglés, me ha dejado impresionado con su sentido común. En una delirante declaración de principios, diría que como estoy prácticamente seguro de que Ussía lo odia y lo critica, yo debo hacer necesariamente lo contrario. Además de que prácticamente es la primera vez en unos quince años que me siento impaciente por ver una película de Almodóvar (daré las razones otro día, aunque recuerdo vagamente haberlas apuntado en algún post anterior). Puestos a mencionar palabras de otros, a apuntarse a caballos ganadores y a otros vicios propios de arribistas, podría empezar con Guardiola, que da lecciones a todos, incluso a los de Ciutadans, que miran el móvil mientras habla. Pero es una costumbre demasiado obvia, así que prefiero esperar a hablar cuando algo se estropee, por si ya hay ratas que abandonen el barco. Con lo que es muy posible que no hable nunca del tema, ahora que pienso.


divendres, 9 de setembre de 2011

LA DECADA DECAIDA

Para que recordemos que pertenecemos a una especie animal instalada en este bonito planeta, ciertos hitos globales, o locales con la suficiente importancia, quedan grabados en nuestra memoria para siempre. Que ni por un momento olvidemos, creamos en lo que creamos, que compartimos un destino común (aunque no me gusta llamarlo así, debería llamarle camino, pues diremos dónde vamos, claro que lo diremos). Somos la humanidad, qué palabra tan mal empleada en muchas ocasiones, y en nombre de la cual se han hecho muchas barbaridades. 
En cualquier caso, ese colectivo estuvo bajo shock el 11 de septiembre del 2001, y el domingo hará diez años, y no sé el plan que llevo, pues estoy intermitente y cambio el ritmo y he dejado de marcar un paso marcial para (cosas del verano) abrazar una constante discontinuidad (aunque sea un oxímoron). Resumiendo, no sé si el domingo toca publicar, pero sería imperdonable olvidar. Mi hijo apenas tenía tres meses y el verano había sido complicado, pues los recién nacidos tienen esas cosas. Apurando el verano hasta el extremo, decidimos mi recién ampliada familia y yo irnos unos días a la Vall de Boí-Taüll. Tres días antes había sido atracado a punta de pistola en un despacho al que iba a controlar las finanzas. Fue la primera shocking experience  de esos días, y retrasé mi viaje pues me robaron toda mi documentación. Debía irme el 10 de septiembre y hube de emplear ese día en obtener duplicados de mi DNI y mi carnet de conducir. Jamás hasta ese día, y nunca más desde entonces, hube de cambiar las fechas de un viaje programado. Así que el 11 de septiembre de 2001 partimos a media mañana hacia nuestro hotel. Comimos en un restaurante en un pueblo cuyo nombre no recuerdo, dentro de la provincia de Huesca. No pongo la radio cuando conduzco por carreteras de montaña. Ese es el momento para poner el primer disco de Goldfrapp, entre otros. Volvimos a entrar en Catalunya, siguiendo viaje, de manera que llegábamos al hotel a eso de las 15:00 h del mediodía, justo cuando el primer avión había impactado una de las torres. Subimos a la habitación. Comimos precipitadamente, casi solos en el comedor pues en esas fechas el hotel se estaba vaciando. Bajamos a un pequeño parque con esos enormes hinchables, que por ese motivo estaba también siendo desmantelado. Alguien nos dijo que en Estados Unidos se había montado una gorda. Debían ser pasadas las seis, hora que en septiembre y en el Pirineo ya empieza a ser fresquita. Volvimos a la habitación, puse la TV, y en los cuatro o cinco días que seguimos allí, prácticamente no la apagué, con esa mezcla de fascinación, terror, estupefacción, miedo, morbo... todo lo que nos pasaba por la cabeza a los que vivíamos convencidos que aquello, que parecía pasar tan lejos, estaba prácticamente a nuestro lado. Recuerdo que me sentía extrañamente a salvo en aquel hotel casi vacío en aquel valle semi-desierto. A medida que ví lo que pasaba, y en los días siguientes empecé a especular con sus repercusiones, comprendí que nada iba a ser igual a partir de ese momento. Ver multitudes con sus turbantes, en ciertos países, jalear y alegrarse y mostrar júbilo por eso; te das cuenta de el enorme hachazo que los frentes religiosos infligen a nuestra ingenua pretensión de hermanamiento. Hay mucho mal que ya está hecho, y es irreversible. Pienso que diez años más tarde aún no nos hemos repuesto. Afganistán, Irak. Vemos los conflictos en Egipto, Túnez, Siria, Libia, y en todos los casos estamos atentos a quien se aproxima al poder. Porque nos dan miedo desde hace diez años pero no queremos que ese miedo se refleje en nuestra mirada.


dijous, 8 de setembre de 2011

ESTADOS DE LA MATERIA

Hay que truncar de alguna manera la peligrosa espiral que podría convertir esto en un blog literario, cuando mi mayor ambición es que sea mucho menos que eso. Repasando mis sumamente dispares notas mentales, regreso al pequeño devaneo geopolítico, que andaba ligeramente sobreexcitado cuando lo de Egipto y Túnez, que quedó en suspenso porque lo de Libia no parecía ir a ser tan rápido. Libia está casi igual, quizás Gaddafi ya solo disponga de la dudosa gloria de perpetuarse en un escondrijo, que la gran mayoría de los mortales envidiaría, pero nada es definitivo.

Noruega : qué fácil resulta que una noticia que acapara portadas varios días seguidos ahora parezca lo más lejano a nuestro presente. Vista la torpeza de la humanidad en su conjunto, y lo sencillo que resulta dejarse llevar por las vísceras para gestionar el día a día, me parece alucinante que se permita a la gente el acceso a las armas de fuego, en esos países que nos auto-denominamos civilizados. Ni clubs de tiro ni caza ni deportes ni aficiones. O no vamos dándonos cuenta que son coladeros por donde entran todos los desequilibrados del planeta. Si el zumbado este del que me falta paciencia para aprenderme el nombre, con todos sus delirios, fue capaz, él solito, de procurarse armas y explosivos para cometer tal masacre, qué no serían capaces de hacer media docena de tarados del mismo calibre, medianamente coordinados. Somos la humanidad y tenemos todo muy bajo control, pero si a mí me coge un pronto, y me da por abrirle la cabeza  con el candado de la bicicleta de mi hijoa la señora que se sienta a mi lado en el parque mientras escribo ésto, igual con decir que me miró de una manera que incitó a la voz que llevo dentro, empiezo a atenuar las cosas. Señor juez, siempre fui un buen chico.

Londres : Lo contentos que estaban los británicos con su melting pot, y de pronto los ingredientes de ese melting pot se precipitan cuando uno deja de remover enérgicamente la cuchara de la economía sobrecalentada, y los inversores detienen en seco esa ebullición y los componentes de la mezcla empiezan a irse hacia el fondo. No es descabellado especular con que las primeras víctimas son los desfavorecidos : los que menos han podido ahorrar y resultan más sencillos de pulirse. De empleo en precario a desempleo en precario, gracias a leyes para el fomento del empleo que acaban siendo leyes para el abaratamiento del desempleo. Entonces esa gente apenas subsiste unos meses mientras sus ejecutores continúan como estaban. El ascensor social se para en alguna planta de mala muerte, y la diferencia de status se agudiza, se resquebraja y se convierte en una brecha que es una herida sangrante. Esa sangre se seca y cuando justo se ha convertido en una costra, pasa un Jaguar que la arranca y la hace sangrar de nuevo, de manera que la cicatriz siempre está fresca y duele y parece irse a eternizar. El tío al que esta situación ha dejado fuera de toda oportunidad lo ve tan claro como ve esos anuncios por doquier, los que te hacen sentir un puto gusano si no tienes el iPhone 5 o el iPad 2, o cualquier otro icono del farde más global. Se lanza a la calle y tiene a mano esas cosas, que no son la solución a su problema, son un mero placebo que puede durarle un par de semanas, hasta que atraviese otra situación que le haga cabrear. Pero está con los amigos, le envuelve el mayor de los anonimatos sazonado por un instinto gregario que no puede sacudirse de encima y, qué cojones, el seguro va a pagarlo todo, porque todas las tiendas tienen seguro, no ??. Eres un tío de la calle que se ha aprovechado del descontrol generalizado, no llovían billetes del cielo pero casi, pero ahora esa traidora cámara de seguridad te delata. De indignado a delincuente común.


El 20-N y su previsible día del mañana : Rajoy se encaja 525.000 al año. Ya se frota las manos. Reforman la constitución con lo que yo llamaría alevosía y agostidad. Mas dice que la lengua no se toca. Se refiere al idioma, aclaro, a un idioma diferente al que se usará para redactar la rendición incondicional a un PP con mayoría aplastante. Duran Lleida no se decide por la corbata que mejor le combina con las gafas, pero casi se ha decantado por el modelo rojigualda. Hay que ir presentable a la celebración.

David Staunton sigue poniendo a prueba el inglés de la Doctora Von Haller, y yo me intereso a través de google en los matices que separan a Jung y a Freud, de los cuales el primero que me ha quedado claro es que el sexo no puede ser la pulsión de todo acto cuando no lo afronta igual el adolescente y el cincuentón. Libros que te hacen pensar, cómo se os echa de menos cuando ya se os conoce.

El maldito riff de guitarra (con una respuesta de castañuela al final que es una pequeña píldora de felicidad) de Hasta mañana Monsieur. No hay manera de que se me despegue, ni metido en un túnel de hierba verde.


dimarts, 6 de setembre de 2011

MOTIVOS Y CAUSAS, CONSECUENCIAS Y REPERCUSIONES

De lo que se quejan las mujeres acerca de The Wire: es lenta. No sacaremos punta a lo que las mujeres valoran sobre la lentitud, o la calma, o la parsimonia, en determinados aspectos horizontales de la vida. The Wire es lenta como debe leerse cierto tipo de libros con cierto ritmo. No soy del movimiento slow-food y no serlo no significa serlo de su antagonista. Dudo que toda clase de cosas tengan un ritmo adecuado, más cuando las personas tampoco tenemos todas, ni siempre, el mismo ritmo. Hay una regla de dimensiones que tendría en un extremo una grabación en vivo del grupo punk más precario e inconsistente y en el otro algunas de esas canciones de Steely Dan donde el último eco del chasquido de cualquier instrumento era repetido hasta la saciedad hasta que la perfección más absoluta lo hacía merecedor de aparecer en la grabación final.
Respecto a la escritura, desde los destellos de genio de Quim Monzó en sus artículos diarios (el de hoy, ya un preferido, dedicado a despanzurrar a alguien tan inmerecidamente entronizado como el ultraconservador Duran Lleida, de profesión sus corbatas y camuflar su condición de catalán en la capital del reino), hasta esos escrupulosos escritores que usan diccionarios de sinónimos para no repetir la misma palabra en al menos veinte párrafos a la redonda. La precipitación es madre de muchos errores, el abarrocamiento innecesario será padrino de muchas siestas de sobremesa, frente a una pantalla, sobre un libro. 

Por algún motivo que sería absurdo analizar, me gusta el ritmo de vals aplicado a músicas más contemporáneas. Lo vuelve algo cabaretero, le aporta una elegancia decadente que no sabes cómo explicar, pues no negarías que tenga que ver con salones de alta techumbre con cortinas en tonos burdeos, aterciopeladas con eterno aspecto de justo instaladas entonces, con lámparas de araña colgando del techo en imposible quietud de cristal e inquietante presencia, pero sabes que tampoco es tan distante de algo carnal y arrabalero como el tango, el movimiento es diferente, la cercanía física casi la misma.
Zero 7 son una especie de grupo de estudio formado a finales de los 90 por dos ingenieros de sonido. Tras remezclar artistas del más variado pelaje (Radiohead, Mos Def, Terry Callier, Lambchop... el pesado de Lenny Kravitz), trabajos donde siempre dejaron cierta impronta de ambición sonora : orquestaciones, profundidad, ampulosidad, se decidieron a editar sus propios discos, rodeados de una serie de vocalistas técnicamente privilegiados. Cuando se dejaron dominar, pasado su segundo disco, por esa necesidad de usar voces y abandonaron los instrumentales y la experimentación, fueron carne de lo que son, tras otros tres o cuatro discos intrascendentes: música para Starbucks y para cortinillas de insípidos programas de TV. Pero pocos grupos hacen discos como el primero que hicieron, Simple things, y colocan piezas de vals cósmico con bajos burbujeantes, como ésta. Aunque sea para después, desvanecerse.


dilluns, 5 de setembre de 2011

MISION CUMPLIDA (PERO EL RITMO CONTINUA)

Honestidad brutal: este blog tiene su título y sus frases emblemáticas, sean éstas claras o subliminales. Pero, despojado de tanto artificio, podría resumirse en un par de sentencias sumamente agrias e impopulares, frases que si suelto van a hacer que mire antes de salir del portal, antes de cruzar la calle, pero ahí van: la gente por lo general tiene un gusto de mierda, y yo voy a intentar que eso se arregle un poco. Este objetivo genérico en realidad no es tan pretencioso como parece: cada seguidor que le quito a Isabel Allende o a David Bisbal o a cualquier otro pseudoartistilla para entregarlo a Bolaño o a Cercas o a Goldfrapp, es un enorme triunfo por el que daría fiestas, de bajo presupuesto pero fiestas en las que haría explotar los petardos que sobraron del último Sant Joan. 
Lo feliz que me ha hecho 6Q con su post sobre The Wire. 
Trabajo bién empleado, por lo que a mí se refiere, pues, como si de una vulgar pirámide de Ponzi se tratara, 6Q acaba convirtiéndose en un acólito y en un nuevo promotor. Cuestión que arroja algo de luz sobre algo que merodea por mi cabeza hace días: cómo abandonar esta extraña deriva de las últimas semanas donde, a raíz de cierto acelerón lector, aquí se suceden una tras otra cosas que serían reseñas o críticas o informes u opiniones sobre todo lo que passa por mis manos. Leo que hubo un boom de blogs literarios hace unos años, y que las grandes editoriales se fijaron en ese público potencial. Pero aquí nadie merece ser tratado como el coche-escoba de mis devaneos, o sufrir las consecuencias de esa onda concéntrica cuyo epicentro puede ser un estante en una biblioteca o una simple mención en la prensa que me llama la atención más que cualquier otra cosa. 
Pido perdón públicamente por esa falta de respeto. Lo pido también por esa trastienda en que he confinado la música, que es el motor principal, el core-business que aprenden, y como todo término en inglés que aprenden, no paran de restregar, los pesados de los MBA. La música es el inicio de todo y ya llevo demasiado tiempo cazando mariposas. O sea, meras canciones sueltas de discos que no me enganchan en su plenitud. Venero a Houellebecq pero no quiero darle la razón en una afirmación de uno de sus libros, tan cruel que no pienso reproducirla. El que quiera que la busque. No sé si esto será una medida con daños colaterales: los días se acortan, cosa que me entristece algo, pues trae cierta sensación aparejada de vivir menos. Los médicos (ignoro su especialidad) hablan de ciertas hormonas que la luz diurna contribuye a segregar, así que la vida en la calle languidecerá o se restringirá a las mañanas, las tardes se harán frías y no apetecerá sentarse a la intemperie, todo eso pasará, y contentos estaremos de que ese ciclo se produzca pues, como dice cierta canción, el tiempo es mi aliado y cada segundo me acerca al mañana.

Puede que algún día se determine científicamente que los Keane eran insufribles. Puede que se les encuadre en ese desagradable cajón de los one hit wonders, más que una posibilidad es una casi confirmación, pues ni yo soy capaz de recordar una sola canción que no estuviese incluida en su primer disco. Dentro de una curiosa saga que empieza cuando los U2 empiezan su carrera imitando los discos más épicos de los Simple Minds, y Bono la voz de Jim Kerr (luego los Simple Minds les imitarían a ellos viendo lo fácil que los U2 hicieron caja a base de imitarles), sigue con los U2 subidos a un árbol mesiánico e insoportable, del que se bajan para ir a una disco en Berlín (escaso lapso de tiempo en que me resultan agradables de oír), para continuar con la saga, pues Radiohead algo se inspiran en ellos en sus torturadas voces, pero pronto se sacuden el polvo, Coldplay ya directamente lo fusilan todo, se constituyen en una especie de franquicia del stadium-rock que bebe de muchas fuentes, que incluyen festivales y ONG y New York y celebrities y fotos con los niños necesitados de turno. Keane, en ese único disco que les recuerdo, empiezan canciones con el fraseo de piano de New year's day. No una, varias. En otras canciones recuerdan a los Tears for Fears, por ciertos tratamientos vocales, voz que puede irritar algo, lo reconozco. Pero, lo que son las cosas, sus melodías se vuelven efectivas, a pesar de ( o gracias a) su simplicidad. Que  alguien me haga trizas, pues puedo merecerlo, pero usaré ese comodín del valor sentimental. Mi hija, a la que debería ir dedicando (y a mi hijo también, faltaría), un post, de vez en cuando me recuerda alguna antigua canción que ya no pongo, y me tararea cosas como estas, que deben estar retenidas en su memoria desde los 6 o 7 años. No lo estoy haciendo mal del todo.



dissabte, 3 de setembre de 2011

LA MONTAÑA MAGICA

Sí : debería leer el clásico de Thomas Mann, libro emblemático donde los haya, por lo que leo, en reseñas sugerentes de toda clase de imágenes trascendentes que acaban concluyendo que algo cambia tras leerlo. Dígase fe, dígase actitud ante la vida, o la muerte, pero parece ser que uno no es el mismo, y no sólo por que más de 1000 páginas lleven unos días, y la vida puede cambiar en ese lapso, claro, si puede cambiar en un segundo, si puede cambiar en que te digan que sí o que no, o en que lo digas tú mismo, cómo no va a cambiar mientras lees un largo libro, lo leas en casa o en un banco en el parque, o sentado en una piedra donde te has dado cuenta que estás no muy cómodo pero la mar de fresco. O en una biblioteca mientras alguien te mira inquisidor desde un butacón lejano, ligeramente bañado por una luz algo nublada de septiembre.
Pero deberá esperar; primero debo acabar con la trilogía de Deptford, cosa que no requiere empujón alguno, y sin embargo John Self me anima aún más a ello. Elegancia en el estilo y una especie de bruma matinal que se va cerniendo sobre la trama, a medida que uno lee ( en Mantícora) las confesiones de diván que David Staunton vierte en la consulta del Instituto Jung. Luego irá Houellebecq, tras un contacto inicial de 40 páginas que vuelve a transmitir las sensaciones que ya predecía : la contemporaneidad de El mapa y el territorio es tan rabiosa y frenética que piensas que cualquier cosa que pasa en el libro puede pasarte o a tí o a quien conoces o a quien te cruzas por la calle. Espero que el mundo haga justicia a Houellebecq, y espero que no tarde (le veo envejecido en la foto del libro). Puto genio.

El pequeño rincón algo fantástico. Sabéis de esa filia por Cercas sobrevenida en los últimos meses (punto de ignición : el post en que John Self saca Anatomía de un instante, por el que sentía una irrefrenable curiosidad desde hacía tiempo). Bién, uno de los escenarios de la trama de Soldados de Salamina es el Santuari del Collell, internado reconvertido en prisión republicana durante la guerra, punto del que partían, en la novela y en la realidad ligeramente tintada en que ésta se basa,  los detenidos con destino al fusilamiento del que Sánchez Mazas acaba zafándose. Resulta que el club de fútbol de mi hijo organiza un stage de pre-temporada al que mi hijo va a acudir. Y el lugar elegido es justo ése, pues los avatares del tiempo han convertido esas instalaciones en casa de colonias y reuniones donde se celebran eventos de este tipo. Para que Lydia siga pensando en esas casualidades que tanto la emocionan, casi tanto como ese equipo de nuestros comunes amores, y sé que no debo ser prosaico y simplista pero a veces no puedo evitarlo. Hasta Juan Villoro escribe un libro sobre la fe en el fútbol que invade esta sociedad rara, que debería cambiar pero la desidia de unos y la pereza de otros no le deja.


dijous, 1 de setembre de 2011

FASCICULOS SEMANALES

Acaba agosto y todo volverá a la normalidad. Los niños al colegio, y yo sin el post prometido donde iba a dinamitar ese sistema educativo a la medida del capitalismo más salvaje. Los adultos a sus quehaceres habituales sean los que sean. A mirar el periódico temiendo al FMI y al BCE y al PP y a cualquier grupo de siglas que puedan estropear tu día. Esperando que el 20-N tarde mucho. Los jubilados, a administrar su tranquila existencia. Gaddaf,i a seguir huyendo. Los futbolistas a lo suyo: ganar indecentes cantidades de dinero por hacer lo que más les divierte. "Qué hay de malo, es la dinámica del mercado", dice uno, mientras otro dice. "gano mucho pero hago ganar".
Mi pila de libros a leer (cuyo orden altero de vez en cuando por motivos aleatorios) es de elevada proporción. Cuento las páginas y las sumo y divido por 60 y me salen como 50 horas seguidas leyendo, cuando hoy no he leído mas de 10 páginas de Mantícora: cosas de exprimir con la familia este agosto como una rodaja de limón. John Self me anima. Olvida, generoso, otra promesa incumplida: he vuelto al castellano y no doy abasto con la traducción, o por lo menos con lo que yo considero una traducción decente. Abandonada la indagación musical más sacrificada, la de oír cualquier disco nuevo con buen aspecto, encima decido complicarme la vida haciendo caso de la excelente crîtica al último Houellebecq, el cual estoy casi decidido a comprar ya: recién salido, primera edición (novedad de septiembre como las más frikies colecciones en fascículos, justo ésas que uno se pregunta quién narices compra). Houellebecq uelve a Anagrama. Como Cesc Fàbregas, a casa de nuevo. Qué difícil, collons, qué enorme esfuerzo representa para mí no mencionar lo henchido que está este pechito tras el partido del lunes. Pero he de evitar que se me acuse de prosaico, que ya hay quien no me quita el ojo de encima. Así que si Houellebecq se impone, se colará por delante de esa pila, arrinconará a muchos, pero Houellebecq es mucho Houellebecq, sus novelas son esa especie de experiencias totales que tocan muchos aspectos de la vida. No hay nada en él que no me guste, pues si he perdonado a Bolaño fotografiarse con el sempiterno cigarrillo no tengo motivo para no perdonárselo a él. Respecto al peinado cada uno hace lo que puede con los pelos que le quedan. La excitación del libro nuevo, recién puesto en las tiendas. Algo de lo que no había hablado aún, mira por dónde. Tranquilos, no llegaré a hablar del libro sin haberlo leído. Lo que no puedo evitar es que ésto, y algún post en un blog amigo, inauguren una especie de semana francesa, y pienso sacrebleu.





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